¿Y ustedes pa’ cuándo?

Ilustración Iurhi Peña

Ilustración Iurhi Peña

Por Karla Patricia Gómez Sotelo 

Mi pareja y yo tenemos una relación desde hace casi 6 años y como seres humanos, hemos tenido conflictos, situaciones de alegría, retos, silencios y momentos incómodos como cuando algunas personas, ya sea familiares, amigos y conocidos nos comenzaron a preguntar: ¿no tienen hijos?,  ¿cuándo piensan tener hijos?, ¿quieren tenerlos?

La cosa aquí es que antes de ello nunca nos lo preguntamos, ni si quiera era algo que nos afectara o beneficiara, pues nuestra relación tiene como frutos el conocernos, disfrutar y amarnos.

 Una vez mi suegra extendió con más énfasis al respecto de los vástagos, frases como: “Que no le dé miedo a Karlita”, “un hijo es ninguno” salieron de su boca y entraron a mi oído como la muestra de que para muchas personas la experiencia de procrear no es algo de qué preocuparse; sin embargo, ¿cuál fue mi postura? creo resolví en dos, una individual y la otra en relación con mi pareja. La primera resultó, después de muchas meditaciones, conflictos emocionales y chaquetas mentales, que sí, quiero ser mamá algún día; tengo ganas de experimentar la sensación de alegría al sentirlo crecer dentro de mí, reconocer que el amor que le he prodigado a este ser masculino ha resultado en un punto de común acuerdo con las leyes de reproducción que dictan este universo, donde somos animales. Me fascina la idea de hablarle, de enseñarle todo lo que me parece maravilloso y genuino en este mundo, acompañarlo en su dolor y contribuir a su crecimiento, creo que me derretiría al momento de conocerlo, de sentir su peso fuera de mi cuerpo. Concluí que de manera subjetiva me encanta la idea, aún y cuando  existan toda serie de cambios no tan positivos, como despertar en la madrugada con horarios fijos para darle de comer, un aumento considerable de stress por la preocupación del sistema económico y las relaciones sociales violentas. Como bien dicen por ahí toda alegría conlleva dolor y ¡esta sería una inmensa alegría!

 Por otra parte, considerando que elegí a mi pareja al cien por ciento y ahora tenemos una comunicación más estable, pensé que juntos seriamos buenos padres, etiqueta que llevan las nociones de amar incondicionalmente y aprender en el camino a ser, pero cuando platiqué con él acerca de la concepción me desanimó su respuesta: él no quería tener hijos. Yo no soporté el hecho de que no quisiera un producto bellísimo de nuestro amor, así que intenté convencerlo de que la idea era más que linda, divina, pero él insistió  “si a duras penas puedo conmigo, además la sociedad esta muy difícil en estos tiempos”, mientras yo contesté “entonces no estás agradecido por tu vida, ni tampoco crees que el mundo está colmado de cosas que valen la pena”. No obstante, no me sentía bien con esa posición de defensora de la gravidez, donde me sentía casi como una víctima, así que asumí mi responsabilidad emocional y comprendí que independientemente de mi opinión, él también tiene derecho a crear la suya y no sólo en este caso sino siempre, me liberé y sentí que no importa si no estamos de acuerdo en ser papás, ya lo haremos cuando ambos sintamos la misma necesidad, o incluso si mi deseo fuera tan grande, entonces llevaría a la práctica el amor propio y seguiría mi camino hasta encontrar lo que llene a mi persona y sin rencores. Esta decisión me devolvió la paz.

Con el tiempo, también hemos tenido la oportunidad de explorar más información a través de las diferentes situaciones de vida, por ejemplo, nos hemos interesado por convivir de cerca con los niños para saber más sobre la infancia, algo de lo que no me arrepiento ni un instante y les aseguro que Jorge (así se llama mi pareja) tampoco. Otro ejemplo es el día en que creí estar embarazada, sentí tanto miedo e inseguridad que pensé en el aborto, entonces la frase popular de “del dicho al hecho hay un buen trecho” tuvo mucho significado para mí, por lo que yo ya no soy tan tajante al expresar la decisión de querer ser madre. Así que en resumen no tengo una postura ideológica o una elección al cien por ciento definida, tan sólo tengo una imaginación que me gusta y un hombre con quién reproducirme, ya solamente queda, como casi todo en la vida, la parte por descubrir del azar y de la naturaleza.

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