Violentada por los batas blancas, una historia de violencia obstétrica

imágen por Jessie Jack

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por Jessie Jack 

En lo que me dieron diferentes números, me califiqué enferma, sin síntomas. Embarazada.

El globo se puso dentro de la vagina, pero sin fiesta, sus métodos no funcionaban.

Un día, dos días, tres días, cuatro.

Píldoras en el coño. Me reventaron. Cinco días.

Una enfermera, otra enfermera, tercera enfermera, cuatro.

Solo llegaban en cambios de turnos. Nunca me he sentido tan abandonada.

 

El tiempo iba tan lento, pero cambié rápidamente mis oxitoxinas por adrenalina. Me olvidé del niño, del parto.

En mi cabeza, solo se trataba de escapar el hospital, sobrevivir, salir de esa cárcel.

 

¿Porqué estaba ahi? ¡Alerta! Siempre me respondían con miedo. ¨Dar a luz es lo más peligroso que una mujer puede hacer¨

¿Qué tal si no sale el niño? ¿Si mi cuerpo rechaza al feto? ¿Si se cae la matriz? Voluntaria se queda.

Tras 2 años estoy saliendo del trauma que me creó la hospital.

Ese hospital nunca tuvo fe en mi capacidad de sacar mi bebé sola, en mi fuerza divina femenina.

Si el a prioiri de toda filosofia es la vida, el parto ¿es lo que compartimos todos? ¿Porqué se trata al parto como una enfermedad, y un producto en vez de un acto sagrado, una bendición- lo más alto de la existencia?

Después de haber reventado mi coño pretendiendo provocar un parto con píldoras químicas, por fin me pidieron participar.

¿Quería yo ya una cesárea directamente? ¿O quería que reventaran la bolsa para provocar el parto?

Sexto día y Yo, sumamente destruida, muerta de cansancio, de temor, pedí una cesaria de una vez porque no sentí responsable exponer mi cuerpo ya más a sus métodos que no funcionan. Quería cacería.

Bueno, la doctora solo iba a averiguar el cervix antes. Pero en eso, reventó ella la bolsa con una aguja mega súper ultra larga. Sin permiso.

Ya no había vuelta atras. Empezó la carrera. Contracciones ya había tenido 5 días, pero entonces llegaron las verdaderas.

“¡A ver, 1, 2, 3; empezamos a contar. Le damos 2 horas!”

¿Parir en dos horas? ave maría bendita budda, ¿de dónde sacan estas teorías? ¡Claro que no!

Bueno entonces, 2 horas fueron y oxitocina sintética. Enchufado. Hazme lo que quieras.

Las contracciones no son nada, son casi placenteras a comparación de este exorcismo que me dieron, una fuerza diabólica que entró a mi cuerpo, algo incontrolable, una droga infernal.

Pero no, pues claro que no, luchando con la vida misma, una mujer no va a parir, ni va a cantar, ni amar, ni meditar, solo pedir, pedir, pedir al cielo y la tierra la fortuna de salir viva de ese horrible pesadilla.

Aunque no quería, al final, me pusieron epidural. Pero obviamente, y como me había imaginado, y la razón porque no la quería, los contracciones se fueron por completo. Como no, si no tienes contacto con el parto mismo- no sientes nada.

10 horas después de que me pidieron elegir, acabó en cesárea emergente. Cinco doctores encima en una luz tremenda, les pedí calmarse, respetarme, los expliqué que tenia un chingo de miedo.

“¡No, jajajaja, esto hacemos varias veces al día. jaja! ¿No les gustan los vacunas? ¡jaja, qué conviccion es esa!”

Cero respeto al paciente.

Y para cerrar todo, me sobredrogaron y durante la operación estaba temblando incontrolablemente como si tuviera un ataque, epiléptica.

Niño, nació, adiós.

A mi me llevaron a un cuarto de observación. Y no tuve a mi bebé en mis brazos hasta quién sabe cuánto tiempo después.

No sé qué sucedió en ese tiempo, nunca he estado tan drogada.

Todo fue al revés. Ese día que iba a nacer mi futuro, algo en mí murió.

No tengo nada más que decir. Este es mi testimonio.

Ya lo superé, creo, esas violaciones que tantas mujeres me hicieron al meterme sus dedos en la forma más brusca.

Ya tiene tiempo que no me da un ataque de ansiedad. Ahora puedo tener una relación sexual sin que aparezcan las caras de las enfermeras.

Mi testimonio es éste. Pero faltan los suyos, y esas voces silenciosas, que sólo obedece un sistema cruel, esas mujeres que se olvidan de su sexo, de su hermana y de su empatía.

No basta pintar de blanco la sangre. No basta acortar el tiempo para hacer vivir. No basta observarte en un monitor desde otro cuarto.

Seguramente sacamos fuerza de esto, también.

Mientras tanto, se los comparto.

Jessie Jack Mayo, 2014

www.jessiejack.tumblr.com

 

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