Tatuar empoderando  y empoderarse tatuando

Tatuar empoderando y empoderarse tatuando

Cuerpos que resisten desde la periferia

Por Veka García

Elsa Madera, es madre, diseñadora, tatuadora feminista, mejor conocida como “Bruja Negra” o la “China”. Es una mujer que habita la periferia y resiste desde las tintas. La entrevistamos para conocer su postura como feminista tatuadora y comprender el empoderamiento de las cuerpas.

    El cuerpo de la mujer ha sido históricamente un botín de guerra, es el punto blanco del patriarcado y el capitalismo. Las prácticas violentas contra nosotras se han ido acondicionando acorde a cada época y espacio geográfico. Para la antropóloga Rita Segato en la actualidad existen nuevas formas de violencia contra los cuerpos de las mujeres. Ella explica que “a pesar de todas las victorias en el campo del Estado y de la multiplicación de leyes y políticas públicas de protección para las mujeres, su vulnerabilidad frente a la violencia ha aumentado, especialmente la ocupación depredadora de los cuerpos femeninos o feminizados en el contexto de las nuevas guerras.”[1] Siendo las mujeres -y las disidencias sexuales- de la periferia, las corporalidades más asequibles; sin embargo, afortunadamente preexisten prácticas sociales con el potencial de transformar ese sentimiento de vulnerabilidad en nuevas prácticas de resistencia: el cuerpo, como un espacio simbólico de enunciación y de disidencia. El tatuaje, una alegoría de la intransigencia y la demarcación de la autonomía corporal.

    El estudio donde tatúa “Bruja Negra” se encuentra en el municipio mexiquense de Ecatepec, uno de los municipios del Estado de México (de acuerdo con el Observatorio Nacional) con mayor índice nacional de feminicidios. Para Elsa su estudio en Ecatepec es “una guarida para brujas, negras, insurrectas, locas, transgresoras, unicornias, mutantes y disidentas. Para contar historias que quedaran en sus pieles.” –como ella misma lo define en su página personal.

     Elsa Madera, lleva tres años tatuando y lo hace exclusivamente en cuerpos de mujeres y disidencias sexuales: lesbianas, transgénero, transexuales, homosexuales, queer bisexuales. Su formación fue autodidacta, tatuando naranjas y en su propia piel.

VG: ¿Cuándo, cómo y porqué decidiste comenzar a tatuar?

 EM: Vi aprender a mi compañero desde hace 5 años, así fue como empecé a aprender la cuestión mecánica y teórica y cuando al fin me decidí fue él el que me enseñó. Llevo tatuando ya casi tres años.

Nunca tuve la necesidad de ser aprendiz en un estudio ni pagar un curso para aprender. Lo hice como en los buenos y viejos tiempos, tatuando naranjas y mi propia piel.

 Siempre me ha gustado el diseño y la ilustración, me he dedicado por muchos años a la serigrafía textil, el último trabajo que hice antes de tatuar fue el de hacer playeras con diseños de cuerpxs y personalidades femeninas diversas (negras, gordas, tatuadas, cholas) todas personalidades fuertes, poderosas y dominantes. Eso me hizo darme cuenta que era lo que nos hace falta como mujeres, externar nuestra personalidad no solo como personaje secundario o de adorno en los movimientos contraculturales y barriales, hacer notar nuestra presencia e importancia para estos cambios revolucionarios de la cultura, posicionarnos desde nuestra imagen, que la ropa hablara por nosotras. Eso mismo fue lo que quise hacer con los tatuajes, fue lo que me impulsó a hacer este hermoso oficio. Ahora quería que nuestra piel fuera nuestra primera trinchera y nuestra eterna consigna.

VG: ¿Cómo te decidiste a tatuar exclusivamente cuerpos de mujeres?

 EM: Tatúo cuerpxs disidentes o por lo menos eso pretendo. Mujeres, lesbianas, transgénero, transexuales, homosexuales, bisexuales… digamos que solo no tatúo hombres heterosexuales.

Fue una decisión muy hermosa y creo que no pudo ser de mejor forma, porque yo me construí y posicioné como Tatuadora Feminista gracias a las chicas que empecé a tatuar, hicieron de mi un espacio separatista, fueron ellas las que me hicieron ver la necesidad de hacer de mi oficio algo más que entintar pieles. Eran mujeres con historias que contar, con heridas recientes o ya sanadas, con ciclos por abrir y círculos que cerrar, con pérdidas que honrar o premios que reconocer, con recordatorios para ellas mismas o para el mundo entero… mujeres que necesitaban esa tinta para algo mas que verse bien, eran medallas y recordatorios de fuertes luchas. Y me elegían a mi para ser la que dejara en sus lienzos ese registro de su camino andado o por andar, y yo quise entregarme a esa labor por completo, me sentí honrada de ganarme su entera confianza y que me hicieran parte de ese proceso tan importante, un tatuaje de sanación y empoderamiento.

elsa01

 

Elsa Madera nos cuenta que no hay algún motivo que predomine en los tatuajes que plasma, ella explica que la sociedad suele suponer, que por tatuar solo mujeres hace más “florecitas o corazoncitos” -tal cual así me han dicho, expone. “Lo que sí puedo decir que se nota en la mayor parte de mi trabajo es que son tatuajes con mucha fuerza, personalidad y poder de enunciación. Digamos que son imágenes que trasmiten, son claras, miradas directas y que ponen en claro: esto no es para tu aprobación, este es mi cuerpo y lo respetas. Eso es lo que siento y veo en cada uno.”

    En los tatuajes que elabora maneja diversas técnicas, desde mi perspectiva la que maniobra mejor es el “puntillismo”, aunque también los que suelen ser a color le quedan perfectos. En charlas con más de una persona que han sido tatuadas por la “Bruja Negra”, comentan que al final de la sesión quedan completamente felices y complacidas, no solo por su profesionalismo, sino porque durante las horas de trabajo Elsa se esfuerza por conectar y establecer un agradable ambiente de trabajo; genera que la sesión se vuelva una causa de plena satisfacción en donde los prejuicios y la desconfianza quedan fuera.

ellsa02

 

VG: ¿Crees que desde el tatuaje se posibilita una especie de empoderamiento en las mujeres?

EM: Sin duda. Creo que el tatuaje en la sociedad actual es en esencia transgresor, no se hizo para tener contento a nadie más que al portador. Ha sido motivo de discriminación, distinción y segregación, y en el mejor de los casos es visto como algún tipo de espectáculo de circo. Aunque en la actualidad se pueda decir que es más aceptado por la sociedad en general, una vez que elegimos tatuarnos vamos a seguir siendo motivo de controversia y objeto de crítica para más de una persona. Y siendo mujeres todo esto se duplica obviamente, porque el mundo nos ha dejado claro que se empeñará en hacer de nuestro cuerpo un objeto solo a servicio del sistema, que no es algo sobre lo que podamos decidir de manera individual, hay que pedir permiso al padre, al esposo, al jefe, al estado, a la iglesia, etc. Así que cuando decidimos hacernos algo tan notorio, permanente, costoso y doloroso como un tatuaje , estamos en ese momento diciéndole al mundo entero: métete tus prejuicios por el culo, este cuerpo es mío y yo decido sobre él. Es por eso que para mi, hasta el tatuaje más pequeño, escondido y sencillo es por sí solo, muy significativo y empoderador, es uno de tantos grilletes quebrado por nuestra decisión sobre nosotras mismas.

VG: ¿Consideras que te empoderas tatuando? ¿Por qué?

EM: Por su puesto que sí, ser tatuadora ha cambiado mi vida entera. Me siento totalmente afortunada y agradecida con todas y cada una de las mujeres que he tatuado, porque han sido muy significativos y especiales tanto para ellas como para mí, pues el sentirme partícipe de una decisión tan especial me hace sentir igualmente especial.

Saber que mujeres tan poderosas y mágicas me eligen para este importante proceso de dejar en su piel un tatuaje que va a durar toda la vida me ha hecho ser más comprometida con mi trabajo, mis decisiones y la gente que me rodea. Y en verdad estoy muy agradecida y me siento afortunada por tener la oportunidad de conocer un pequeño fragmento de su vida, me cuentan sus historias, comparten risas, lágrimas, momentos, platican de su vida y su camino, las cosas que les gustan y a su vez me escuchan y me conocen en el mismo sentido. Es realmente mágico y empoderador para mi esta bella labor de entintar sus historias, para toda la vida.

El cuerpo se convierte en un territorio, los tatuajes en nuevos mapas y cartografías de las vivencias y experiencias de cada ser. “Pero lo que la nueva territorialidad introduce es una vuelta de tuerca en esa afinidad, ya que el cuerpo se independiza de esa contigüidad y pertenencia a un país conquistado, y pasa a constituir, en sí mismo, terreno-territorio de la propia acción bélica.” [2] A pesar de que Elsa pudo trabajar en otro espacio, quizá algún lugar más céntrico, gentrificado o “turístico” trabajar en Ecatepec es un reto y una forma de resistir y trasgredir las demarcaciones territoriales, las fronteras entre el centro y la periferia.

“Considero estar resistiendo y transgrediendo este flujo que siempre va de afuera hacia el centro, por eso decidí quedarme a trabajar en Ecatepec, aun sabiendo que me limita y afecta económicamente, pero para mí es poner un granito de arena en el mar con algo muy sencillo: hacer de mi espacio no solo un lugar de trabajo para mí, sino una guarida para todas las que vienen, donde se pueden sentir a gusto, seguras y en confianza aunque vayan en contra de la corriente”.

VG: ¿Cómo es tu experiencia al tatuar cuerpas en la periferia y desde la periferia?

EM: Siempre he estado muy orgullosa de ser de la periferia de la ciudad, sobre todo porque no es cualquier periferia, es Ecatepec, tan cerca de Feministlán pero tan sobreviviendo el feminicidio. Me ha dado otra perspectiva de vida, me da nociones y motivos de lucha diferentes, me deja ver desde muy cerca los contrastes del movimiento. Me ha dejado ver lo mejor y lo peor de los dos mundos, que tan similares y diferentes podemos ser a causa de una frontera imaginaria pero muy importante, a causa de la centralización de las fuentes económicas y de información, a causa del activismo selectivo y acomodado de la ciudad

     Trabajar como Tatuadora Feminista en este contexto sí guarda ciertas particularidades, prácticamente todas las mujeres con las que trabajo vienen de la ciudad, muchas de ellas hasta desde el otro extremo sur, por lo que estuve buscando espacios de trabajo en el centro de la ciudad lo cual me resultó muy difícil y frustrante por varias razones, así que después de luchar por entrar en estos espacios con pocos resultados fue cuando decidí quedarme de este lado.

ellsa03

Uno retos a los que se enfrenta como mujer tatuada es la discriminación de una sociedad conservadora, y aunque aún no sabemos si hay retos como mujer tatuadora de la periferia, ella reconoce que hay ciertas diferencias de clase, y raza que nos posicionan en otro modus desigual al de una mujer blanca, y con una buena posición económica. “Porque no es lo mismo ser tatuada blanca y con dinero que ser tatuada morena y de barrio.” Como expone Angela Davis: “”Ser mujer ya es una desventaja en esta sociedad siempre machista; imaginen ser mujer y ser negra. Ahora hagan un esfuerzo mayor, cierren los ojos y piensen, ser mujer, ser negra y ser comunista. ¡Vaya aberración!”

VG: ¿Te has sentido discriminada por ser una mujer que tatúa y tiene tatuajes?

EM: Yo nací y crecí como tatuadora inmersa en el feminismo, el movimieto me abrió de forma sencilla, puertas, corazones y amistades y me considero afortunada por eso, ya que aprendí muy rápido gracias a que me apoyaron muchas mujeres desde mi comienzo, aun sin conocerme y subí muy rápido el nivel de mi trabajo, sin necesidad de enfrentarme al mundo de los “estudios de tatuajes” y sus reconocidos machistas al frente. No fue hasta que viví en Playa del Carmen que tuve una probadita del mundo real. Ahí el movimiento feminista no es muy notorio ni ocupa muchos espacios. Así que me enfrenté a mujeres que no me consideraban lo suficientemente profesional, por el simple hecho de ser mujer. Cuando ofrecía mi servicio, siempre preferían tatuarse con mi compañero, tuve muy poco trabajo y era un ambiente muy hostil y con escaso trabajo para mí, estuve a punto de dejar de tatuar por la falta de espacios, trabajo y amistades. Fue por eso que decidí regresar a la ciudad por 15 días en los cuales tatué a aproximadamente 40 chicas en ese lapso y fue entonces que ya no me quise ir nunca más. Y aquí llevo de nuevo un año con mucho trabajo y proyectos.

Por tatuar no he sido discriminada, por que como te contaba, nunca he tenido la necesidad de trabajar para nadie en ningún estudio, de hecho lo evito a toda costa, porque sé y me consta que es (como en la mayor parte las profesiones y oficios) un mundo invadido por el machismo y el protagonismo, del cual no me interesa formar parte. Por estar tatuada sí, claro que he sido discriminada, pero quiero hacer hincapié en que no he sido discriminada desde que me empecé a tatuar, lo fui desde muy chica por mi forma de vestir, por mi color, por mi clase, por mi forma de hablar, por el barrio del que provengo… porque no es lo mismo ser tatuada blanca y con dinero que ser tatuada morena y de barrio. Creo que es algo importante de decir.

Elsa es una mujer fuerte y sensible cuya labor traslapa al ámbito del empoderamiento y hasta de sanación; es la tatuadora de un gran número de militantes feministas nacionales e internacionales. Su trinchera de lucha es desde las tintas; sus manos plasman y crean diseños que empodera a las mujeres; expresan motivos de reconciliación, transgresión, sororidad y resistencia. Elsa combate desde la periferia, defiende el cuerpo como territorio libre y autónomo. Ella posiciona la irreverencia en el territorio de peligro que simboliza Ecatepec.

Quien quiera profundizar más en su trabajo lo pueden consultar en su página de Facebook: Bruja Negra Tatoos @negrrasuertetattoo o bien, contactarla en Whatssap: 55 3439 0115.

*Todas las fotografías fueron tomadas de su página en Facebook.

[1] Segato Rita, “Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres”, Revista digital Scielo Soc. estado. vol.29 no.2 Brasília May/Aug. 2014. (Consultado el 13 septiembre) [http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0102-69922014000200003 ]

[2] IDEM

Scroll To Top