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Historias de la frontera. Alejandra Aragón en entrevista

por Tadeo Cervantes

Alejandra Aragón es una artista visual, fotógrafa, documentalista y activista oriunda de Ciudad Juárez, Chihuahua, una ciudad ubicada en la frontera norte de México, tristemente famosa por los casos de feminicidio que se han registrado desde principios de los 90 hasta la fecha, y es desde ahí que Alejandra narra diferentes aspectos que atraviesan la vida cotidiana de las mujeres en ese territorio lleno de violencias, pugnas y complejidades.

Estamos muy contentxs de haber podido conversar con ella sobre su obra y la manera en la que a través de la misma esta pensando este territorio y los cuerpos que lo habitan.

Tadeo Cervantes.- En el siglo XIX la pintura del paisaje fue una estrategia para poder dimensionar eso que es el territorio en un estado-nación en formación ¿Encuentras alguna relación entre esta estrategia y tu trabajo documental? ¿Encuentras algún paralelismo entre eso y un territorio que hay que re-estructurar?

Alejandra Aragón. Definitivamente el territorio debe re-distribuirse y por ende re-estructurarse. En el periodo del que hablas el paisaje fue usado como una herramienta directa para afirmar la “dueñidad”, la propiedad, el poder, el triunfo de la tecnología sobre la naturaleza y la dominación de la tierra. No sé si estoy intencionalmente re-configurando, porque me separan más de cien años de ese tiempo y muchas cosas pasaron en el siglo XX y los últimos años con respecto al uso del paisaje particularmente en la fotografía, pero si busco cuestionar esos paradigmas y mostrar sus repercusiones históricas. Que lo que me ocurre a mí, a nuestros cuerpos, al paisaje, a la ciudad, al país, no son particularidades, son el resultado directo de la precarización de la vida y la cultura que trajo consigo la eterna promesa del progreso moderno/capitalista.

fotografía de Alejandra Aragón

T. C.- En tu obra “Las Noches Invisibles” muestras esta complejidad entre las mujeres que trabajan de noche y las estrategias para hacerse de un territorio, ¿podrías hablarnos de eso?

A. A.- El proyecto Las Noches Invisibles (2016) tiene dos momentos. En el primero lo que deseaba era acercarme a las atmósferas, a como desde mi experiencia percibía estos espacios que mucho de ellos se hablaba pero pocas veces habían sido representados. Aunque ya desde mi escuela se venían explorando de otras maneras. Como en el trabajo pedagógico/relacional de Gracia E. Chávez. Lo que resultó es un mosaico de viñetas de la vida nocturna, en donde las mujeres estamos presentes. Y ojo, no todas las mujeres retratadas son trabajadoras sexuales, muchas son solo mujeres en una noche de copas con amigas. Me basé en una investigación de Jorge Balderas Domínguez que asevera que: “el problema es realmente entender la vida de los juarenses, entender la vida de las mujeres juarenses, entender que [tenemos] derecho a la vida”. Habitar la noche es algo a lo que tenemos derecho en una ciudad en la que el trabajo industrial capitalista consume el tiempo, “el bar es un lugar donde triunfa la identidad”, donde afirmamos nuestra humanidad y nuestros vínculos. Porque, si bien son espacios donde se reproduce violencia y traen arrastrando fuertes estigmas, yo quería hablar de como la habitamos nosotras, en ese sentido, si, como nos apropiamos de esos territorios.

Documentación de instalación del proyecto “Las Calles de la Vergüenza” (2014) en El Hotel Bombín, proyecto artístico/pedagógic de Gracia Emelia Chávez, profesora investigadora del Departamento de Arte de la UACJ.
De la serie de fotografía documental “Las Noches Invisibles” (2016)

En un segundo momento exploro los estigmas. No podía retratar la vida nocturna solo como un caleidoscopio de atmosferas coloridas y rostros apacibles, necesitaba internarme en la historia que había construido el estigma, y entender los mitos del pasado glamouroso siempre añorado por esta nostálgica ciudad. Así que hice un documental sobre Brenda y Cristina, ambas dedicadas al trabajo nocturno en dos momentos de la historia de Ciudad Juárez. Los relatos de ambas desdoblan esa realidad, y lo que develan es que la vida nocturna recae sobre los cuerpos de las mujeres, y que hubo actos muy específicos, decisiones que vinieron desde la esfera del poder que precarizaron la vida de las mujeres que trabajaban la noche. Antes del auge de la maquiladora en Juárez, el trabajo nocturno estaba sindicalizado y protegido. Ante el giro económico hacia el sector industrial empresarios expulsaron a las trabajadoras sindicalizadas y trajeron mujeres de otras partes de México. Hay un vínculo muy directo entre la historia de la violencia contra las mujeres, la trata y las estrategias de convertir a la ciudad en proveedora de mano de obra barata. Una vez más, ante el supuesto afán de progreso.

Del archivo de Doña Cristina Hernández López en la década del 70
Brenda en un still del documental “Las Noches Invisibles, (2016)

T. C.- Hay una forma interesante de cómo ligas un archivo personal que al mismo tiempo está resonando con la política presente. Y como la memoria del pasado construye un espectro de los acontecimientos presentes. Nos podrías comentar sobre esas relaciones entre las imágenes personales y lo político.

A. A.- No sé a cuál proyecto en particular te refieres. Pero te puedo contar del mas resiente, “Vine a la Pinta porque me dijeron que acá vivía mi padre…” (en proceso).

de la serie “Vine a la Pinta porque me dijeron que acá vivía mi padre…”

Es importante para mí hablar de como nuestras circunstancias no vienen de meras condiciones individuales, sino que existe una causalidad histórica y estructural. Mi intención con el proyecto es entretejer los vínculos que existen entre el constructo de la masculinidad hegemónica y la violencia que atañe al país. Esta no es idea mía, parto de las propuestas de Sayak Valencia y Rita Segato. Para mí, el abandono de mi padre, de mi abuelo, de los pueblos de la sierra de Chihuahua hoy a merced de supuestos grupos del narcotráfico son fenómenos consecuencia de una masculinidad afirmando sus potencias en un contexto capitalista.

Mi padre es una figura ausente que tuvo muchxs hijxs dentro y fuera de su matrimonio, en un afán de afirmar su potencia sexual, de igual manera que mi abuelo, quien dejó a su familia para afirmar su masculinidad con una mujer más joven ante el frenesí de lo que experimentó al emigrar de su pequeño pueblo, de igual forma que un joven pobre o no, se afirma con su troca cromada, sus armas, narcocorridos al poder acceder a mucho dinero. Y por encima de todo esto, el estado, paternalista, que igualmente abandonó sus eternas promesas, orillando a pueblos enteros a la diáspora para cumplir su agenda neoliberal.

El archivo es una ventana a los signos de esa historia. Usé película infrarroja, tecnología bélica para develar ese espectro invisible en la batalla. Este país está en guerra, y la guerra es un acto de afirmación masculina por medio de la dominación del territorio. Estoy en el proceso del ampliar el proyecto para hablar un poco más a profundidad de los proyectos extractivistas de estas regiones de la sierra de Chihuahua, pues es lo que parece ser la motivación principal del fenómeno del narco y las repercusiones de esta realidad en las familias que emigraron a Estados Unidos.

T. C.- Existe una relación compleja entre quien documenta y lo documentado, entre quien representa y lo representado, incluso re-presentar, cómo lidias con estas tensiones, qué estrategias utilizas.

A. A.- Estoy definitivamente de acuerdo con esto que mencionas. Ha sido justo una de mis preocupaciones y lo que me desvió un poco de la práctica meramente documental, aunque no del todo. Para mí es una condición intrínseca de la fotografía documental, ya que en el proceso del registro de la vida o los eventos en donde los otros son actores el acto de fotografiar los objetiva. Esto es así porque lo convierte en imagen, que se puede reproducir, vender, etc. Pero trato de no caer en el debate pueril que circula mucho especialmente en el mundo del arte contemporáneo de si debemos o no descartar la
práctica documental, porque ese proceso de objetivación se da en muchas otras prácticas del arte.

Existen eventos en la vida social que tienen que ser documentados, que debe de quedar registro de que esto o aquello ocurrió. Es válido. Lo que si creo es que hace falta que ese gremio se cuestioné mucho más la capitalización de las imágenes y la forma como se relacionan con los sujetos. Porque, para bien o para mal, para vivir de esta profesión, existe un mercado sumamente enfocado a la práctica documental. Acabo de ir a un encuentro de fotógrafas latinoamericanas en Ecuador, y fue sumamente interesante ver las estrategias que las mujeres están llevando a cabo para cuestionar esta relación de formas super creativas, como el trabajo auto representativo de Elizabeth Farinango, ecuatoriana de origen Kichwa.
En lo personal esa reflexión la he estado planteado desde varios proyectos: Autorretrato Premonitorio (2017), Canibalismos de la Mirada (2018) , Paisajes Paralelos (en proceso) y más recientemente en Los Muros no son para Siempre (2019), estos últimos tres proyectos colectivos.

de la serie «Autorretrato Premonitorio» (2017)

Te cuento el caso particular de Autorretrato Premonitorio, el cual consideró una respuesta a las formas en las que se ha representado la vida de las mujeres de Ciudad Juárez generalmente de modo documental. Para mi era de suma importancia encontrar una forma de hablar de como fue crecer en una ciudad en la que desde pequeñas aprendimos que en cualquier momento nos podían desaparecer o matar, pero sin revictimizar, sin caer en el lugar común de retratar el cuerpo de otras mujeres. Me pregunté ¿por qué seguir depositando sobre nuestros cuerpos la carga simbólica de la violencia en Ciudad Juárez?

Entonces empecé a entrevistar amigas, a jugar con mapas de mi experiencia creciendo en la ciudad, a hacer derivas buscando signos de mi feminidad, y resultaron estas imágenes de baños de una secundaria donde las chicas se siguen diciendo putas como me lo decían a mí, de una papelería, de un mural de Blanca Nieves en una tapia. Me di cuenta de que entre el territorio y mi memoria se podía condensar mi identidad y mi experiencia como mujer. Mi memoria estaba llena de imágenes y sensaciones de la televisión y música de los 90’s, que fue justo el momento cuando los feminicidios
empezaron a ocupar el imaginario mediático.

Autorretrato Premonitorio (2017)

Además por esos días estaba leyendo a Marguerite Duras y Elena Garro. Duras tiene un texto bien bonito en su novela de El Amante en donde crea un bucle de tiempo interesante: ella en su vejez recurre a su memoria para situarse en el lugar de la niña que fue, viendo desde el pasado su futuro, para darse cuenta de que lo había presentido, lo había adivinado. Y así me sentí yo, como esa niña que sabia que su futuro estaba escrito por haber nacido en una ciudad como Juárez. De Garro retomo la idea de que la violencia anula el tiempo. De ahí viene la idea del fotograma. Detener el tiempo ya que el trauma y la violencia detienen la vida, anulan el futuro.

Antes mi idea era un tanto ingenua, quería dar una solución a este problema de la representación. Pero pues ya no pretendo dar respuestas, solo resultó que en esta particular experiencia el territorio toma el lugar del cuerpo, y las imágenes mediáticas el lugar de la memoria. Y ahí estoy yo, y espero se puedan encontrar otras como yo.

T. C.- ¿Qué papel juega lo urbano y lo territorial en tu trabajo, en una Ciudad como Juárez, donde la violencia desfragmentó la habitabilidad?

A. A.- Pues creo que justo a esta pregunta intenta dar respuesta el proyecto “Los Muros no son para Siempre” un trabajo colectivo que llevé a cabo con las artistas también juarenses, Maire Reyes, Nayeli Hernández, Iris Díaz, Ana Iram, Paloma Galavíz, Marcia Santos y una participación a distancia de Olga Guerra, una artista de Juárez que vive en Uruguay.

Ilustración de Nayeli Hernández

En el marco del 2do Encuentro Internacional de Objetos y Muros convocado por Tlaxcala 3, el día 13 de octubre del 2019, llevamos a cabo una serie de acciones de las cuales surgieron objetos, imágenes, ilustraciones y textos testimoniales. Recorrimos Ciudad Juárez desde uno de los extremos al sur donde vive Maire, pasando por los territorios que cada una habitamos en nuestra cotidianidad. Llegamos hasta el Puente Internacional Santa Fe por el cual cruzamos la frontera hacia El Paso Tx. y visitamos el barrio de Iris al otro lado, mientras Nayeli tuvo que esperarnos del lado mexicano por no tener documentación migratoria. Olga participó durante el proceso vía internet, en un intento de acercarnos ante la distancia que la separa de su natal ciudad.

El proyecto habla de como la ciudad entera es un muro de contención, y como las distintas fronteras que limitan el territorio han determinado nuestra identidad y repercutido sobre nuestros cuerpos. Justo da respuesta a como es que logramos habitar esta ciudad, a pesar de sus condiciones, y como nos afecta a las mujeres esa realidad.

Este es un link donde pueden ver todos los detalles del proyecto que es muy amplio y desemboca en un fanzine: https://cargocollective.com/alejandraaragon/Los-muros-no-son-para-siempre

T. C.- En parte de tu trabajo apuestas por la vitalidad por mostrar, como en Noches Invisibles y Cuéntanos de la Cuesta, aquellas personas, sobre todo mujeres, que resisten a pesar de lo agreste, nos podrías comentar un poco sobre eso.

A. A.- Si, me interesa mostrarnos como fuertes y resistentes, pero tampoco quiero romantizar la resistencia. Justo he estado reflexionando sobre la noción de “resiliencia” que se ha generado desde lugares como Juárez. La realidad es que es exhaustivo. A veces me parece que ese discurso propicia la noción de que vamos a resistirlo todo, siempre. Las identidades marginalizadas siempre han resistido. Pero también es válido no hacerlo. Irse, buscar lugares mas dignos para vivir. A veces parece que la miseria se ha capitalizado a tal punto de que, es justo desde esa condición que el arte y la cultura se sostienen. A Juárez me obsesiona entenderlo, hacer sentido de la realidad que se vive aquí. Porque para
bien o para mal Juárez se ha convertido en una categoría. Y no reniego de eso que me tocó vivir, soy de aquí, no podía ignorar mi realidad, pero estoy en un proceso donde me estoy replanteando muchas cosas.

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Alejandra Aragón es originaria de Ciudad Juárez, es Licenciada en Artes Visuales y Administración de Empresas por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Obtuvo la Beca PECDA en el 2011. Fue parte del Seminario de Producción Fotográfica del Centro de la Imagen en el 2017. Entre el 2013 y 2018 ha participado en varias exposiciones colectivas entre ellas en el Museo de Arte Moderno de Toluca, Hidalgo, Centro de la Imagen de la Cd. De México, en la Fototeca de Zacatecas, el Centro Cultural Tijuana en B.C. Fue parte del festival de documentales Ambulante y del Festival Monat der Fotografie-OFF Berlin en el 2018. Actualmente es becaria de programa Jóvenes Creadores del FONCA 2018-2019.

IG: aleprendelaluz
Página: https://cargocollective.com/alejandraaragon

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Como el mar, el cuerpo

El video narra en una línea de tiempo cómo los senos han tenido muchísimos significados a lo largo de la historia, y cuales han sido algunas de las luchas, reivindicaciones y controversias que han marcado esta parte del cuerpo. Habitamos un cuerpo que cambia, muta, madura. Tú, ¿cómo nombras a cada una de las partes de tu cuerpo?

CONTRASEÑA: Como el mar el cuerpo

Producción: LA GOTA GORDA, Marcela Medina S.
Duración: 11:40 min.
Dirección y producción: Guadalupe Sánchez Sosa
Texto: Nuria Gómez Benet
Animación: Guadalupe Sánchez, Cecilia Rivera y Víctor Beltrán
Asistencia técnica: Cecilia Rivera y Víctor Beltrán
Voz: María Sandoval
Música original y Cello: Natalia Pérez Torner
Saxos y flauta: Alberto Delgado
Diseño sonoro: Antonio Castillo

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Guadalupe Sanchez Sosa Artista visual egresada de “San Carlos” ENAP UNAM.  Formó parte del Colectivo Cine Mujer. Como ilustradora ha publicado en El Naranjo, CONAFE y CONAPRED entre otros. Ganó el Ariel  como directora de arte con Perfume de Violetas. Dirige y produce el largometraje documental La Primera Sonrisa seleccionado en Ambulante, GIF, DOCSDF, y FICM. Su Cortometraje animado Niño de mis Ojos ha sido seleccionado en mas de 20 festivales Internacionales. La Primera Sonrisa, es su primer largometraje documental donde también hace uso de la animación experimental y Como el mar, el cuerpo es su primer performance que incluye un video animado.   Se ha entregado en busca de su propia expresión, vinculada casi siempre a los niños y las mujeres.

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Temporal

por Lorenia Hurtado Córdova

Temporalidad como línea cronológica en la que solo existe el presente, un presente fugaz. Pero
también, Temporalidad como una tormenta que nos quiere oprimir, pero que a pesar de todo
defendemos nuestra libertad.

La Cuerpa como un espacio habitable, un hogar portátil, un refugio adherido.
La Cuerpa como el territorio que siempre nos acompaña a los espacios temporales. El hogar que nos acompaña en nuestras estancias fugaces.
La Cuerpa que resiste temporalidades.
La cuerpa me acompaña en el devenir del día a día porque la Cuerpa es yo y yo soy la cuerpa, ambas “somos” y al ser, existimos constantes.
Cuerpa porque el Cuerpo es para el hombre. Cuerpa porque me pertenece y transformándola a sustantivo femenino, la reconquisto.

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Lorenia Hurtado Córdova (1997) originaria de Tijuana, Baja California. Cursando el último trimestre de la carrera de fotografía en la Escuela Activa de Fotografía. Su obra abarca géneros fotográficos como el autorretrato, desnudo, documental y retrato. Se considera feminista; algunos de sus temas favoritos son las corporalidades y el amor  propio. En sus ratos libres hace collage y escribe poemas.

https://www.instagram.com/japonessita/

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Transicionar en mi andar, soy sexo-disidente y cuerpa.

Ilustración por Lolita D´eon

Por Tessa Galeana

Cuerpo-territorio, el que habitamos, que construimos, que modificamos cuando deseamos, cuando queremos, cuando podemos. Sin embargo, vamos andando, sin siquiera mirarlo, sentirlo, leerlo, escucharlo. Me veía como un mero espectador, fuera de este cuerpo que habito y que vivo, solía creer que una vasija era algo indiferente, insignificante, hasta que comprendí que mi vasija es mi contenedor, mi único espacio personal en el que puedo concretar mi ser, mi pensar, mi yo.

Aprendemos muy bien del autoengaño, a enmascararnos para formar parte de un todo y una nada, un vacío que nos van fomentando, nada parece tener sentido. Vivimos fuera de nosotras porque no somos nada en un sistema que nos mira como meros objetos. Maquillaje, zapatillas, peinado moderno, tinte realzador de brillo, fajas, medias, vestidos acorde a mi complexión, perseguir estereotipos para encajar en una sociedad patriarcal. Hicieron uso de mi cuerpo a su antojo, lo tomaron sin siquiera yo desearlo, ultrajaron mi esencia, me hicieron sentir que no valía la pena, que yo era una cualquiera. Pero ¿qué es ser una cualquiera? He aprendido a resignificar muchas palabras en mí andar, es una manera de tomar resistencia y rebeldía ante el sistema que me quiere como modelo robótico para aceptarme.

Cada día que pasaba estaba inmersa en complacer a los demás, mi cuerpo no me pertenecía en realidad, era ajena a mis formas, mis deseos. Miraba otros cuerpos y deseaba tenerlos, porque no podía ver lo que yo era, lo que tenía, intentaba perseguir modas, desde la voz hasta la punta de mis dedos de los pies, no era yo.

El exterior era más importante, siempre preocupada por las y los demás, dejé de tener autocuidado y no me enfoqué en mí. Hasta que mi proceso comenzó, entendí que lo personal es político, mi transición fue influenciada porque reconocí a otras personas como yo, descubrí que cuando nos relacionamos con personas que nos dejan el mismo sistema modelo capitalista, nos envolvemos a tal grado de que nos perdemos, nos fusionamos unas, unos con otras, otros.

El día que llegó mi hartazgo, se convirtió en mi momento de introspección, de interiorizar todo aquello que me estaban queriendo arrebatar, que no me era reconocible, ni siquiera era lo que yo deseaba. Tenía miedo de salir de esa burbuja en la que estaba envuelta, en ese molde al que me habían condicionado.

Ver el cuerpo como un territorio es la principal idea de poder politizar mi cuerpa ante un sistema que nos ve como números; se convirtió en mi territorio de defensa, porque lo habito, lo lleno, lo formo, transito en un mundo en el que necesito romper con estigmas, estereotipos, moldes obsoletos.

Soy un sexo disidente, aprendí a ser subversiva, a no encajar en la normalidad, desde mi ideología, hasta mí actuar, busqué por mucho tiempo algo que me hiciera identificar, hoy con comprensión lo logré, mi cuerpa es mi mayor anécdota, un rostro lastimado por productos capitalistas, los pies lacerados por la belleza patriarcal, una maternidad obligada que me pesa y que no me molesta mostrarme arrepentida.

Mi memoria física dice muchas cosas que dentro de mi cuerpa están, que no se van, que están para aprender, para resistir, para resilir, para compartir. No me interesa más formar parte de esa estructura en donde existe lo bonito y feo, lo bueno y lo malo, lo lento y lo rápido, lo inteligente y lo tonto.

Recorro mi existencia a través del entendimiento, politizarme me ha permitido reconocer memorias escondidas que no habían podido entenderse, me reconozco en otras mujeres, me acaricio cada día, puedo dejar de darme asco, dejar de anhelar algo que no puedo ni quiero ser. Entiendo a otras cuerpas, las respeto, porque cada una es única; la diversidad nos conjuga, nos permite estar en un engranaje enorme, en las periferias, en esas zonas donde pareciera que solo unas/os cuantas/os pueden ingresar, porque somos las feas, las irremediables, las inconcebibles, las ingratas, las malagradecidas, las que no queremos seguir lamiendo los pies al sistema, que no estamos dispuestas a continuar sonriendo para complacer, las que somos monstruas por no querer amar hombres, ni relacionarnos sexo-afectivamente con ellos, porque entre mujeres hemos encontrado amor libre, sin miedos, sin culpas.

Las memorias de mi cuerpa están, las resignifico y reivindico, porque así es como se puede vivir libre, sin modelos inalcanzables, siendo yo.

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Tessa Galeana

Periodista y escritora comprometida con lograr conciencia en la sociedad, erradicación de la discriminación, desmitificación de la maternidad, violencia hacia la mujer, roles de género y todo aquello que nos segmenta en esta sociedad patriarcal. Ha colaborado para revistas digitales como Citric Magazine y Fanzines Feministas. Actualmente, es encargada de crear contenido en redes sociales para LUNA, Escuela de Pensamiento Feminista.

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Cuerpas desnudas frente al lente. Reflexiones con amigas

imagen por Magalli Salazar

por Alejandra Bonilla González

Cuando Raquel me pidió que posara desnuda para ella acepté, primero, porque era mi amiga y necesitaba ayuda en su propuesta de sesión de desnudos feministas para un trabajo final de la escuela de fotografía, pero también porque me daba curiosidad experimentar el mostrarme sin ropa y posar frente a mis amigas, pues Alondra, la chica más divertida y confiable de mi universidad, haría la sesión conmigo. No me lo planteé como una situación erótica entre mujeres (¡que cuando así se quieren son tan placenteras!), más bien, significaba reconocer mi cuerpa como mi primer territorio y mostrarla libre, plena y verdadera frente a otras féminas, y más importante, frente a mí misma. Pero por obvio que sea, la situación ameritaba varios retos por los que yo no había atravesado.

Al llegar con mis amigas hablamos un poco y Raquel nos hizo algunas preguntas importantes para plantear su proyecto como desnudos feministas, y, entre tanta charla, una de las preguntas que mayormente recuerdo fue si nuestra cuerpa nos pertenecía o no. “¡Pues sí! ¡Claro que nos pertenece!”, contestamos Alondra y yo efusivas. Pero entonces, ¿qué pasaba cuando transgredían nuestra corporeidad, desde las opiniones misóginas de nuestros profesores hasta el feminicidio por nuestras parejas? Bajo estas circunstancias, ¿la cuerpa seguía siendo nuestra? ¡Por supuesto que sí! Lo diré y lo gritaré las veces que sean necesarias.

La cuerpa es nuestra y NO le pertenece a nadie más que a nosotras mismas, ni a nuestras parejas, ni a Dios, ni a mamá y papá, ni al tipo que nos manosea en la calle, ni a NADIE más. El problema cuando lo dudamos (y quiero aclarar que Raquel nunca lo dudó, sino que trataba de provocarnos con sus preguntas para escuchar nuestras respuestas) es que le sistema lleva generaciones completas haciéndonos sentir y creer que esto no es así, y más bien, nos obliga a pensar que nuestra cuerpa existe para crítica y disfrute ajeno. Por ejemplo, los medios nos bombardean con imágenes de mujeres jóvenes, esbeltas y bien arregladas todo el tiempo, además de mostrarlas como las favoritas de los hombres. ¿Y qué pasa con las mujeres que no cumplimos con esos cánones estéticos al pie de la letra? ¿O con las mujeres que no sean ser las favoritas de los hombres ni nada de ellos? En mi propia historia, recuerdo que hace años cuando era una adolescente, me puse de todo en las estrías de los senos para que desaparecieran, después gasté mensualidades completas en productos para el cabello, maquillaje y ropa que no necesitaba, pero siempre tenía una sensación de que no era suficiente, como si siempre me faltara algo. Pero no, a mí no me faltaba nada, mi cuerpa estaba y está completa. Ahora sé que hagas lo que hagas para el patriarcado nunca es suficiente, siempre hay algo que puedes hacer para “verte más hermosa” según sus parámetros de lo bello en una cuerpa de mujer. Aunque, de hecho, el sistema siempre busca que te sientas así y no sólo en lo estético: insuficiente.

Por otro lado, y mientras combates los demonios que el patriarcado te introdujo, un día sales a la calle sintiéndote bonita, feliz, libre y plena y es ahí cuando algún cobarde te mete la mano en la entrepierna mientras vas en el bus o bailas en el bar, te levanta la falta cuando sales del colegio o cuando vas a un encuentro erótico, te lanza algún piropo mientras sales a hacer ejercicio o caminas ebria por la banqueta, la situación da completamente igual. Y es ahí donde el Estado, los usos y costumbres culturales y la gente que te rodea te culpan a ti porque “algo debiste haber hecho para provocarlo”. Las compañeras chilenas con el grito tan sonado de “y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía, el violador eres tú”, hacen referencia al sistema violador donde se señala no solamente a quien perpetua el acto, sino también al sistema misógino que permite y fomenta que las transgresiones a nosotras ocurran a diario con evidente odio. La cuerpa nos pertenece, sin duda. Fue el patriarcado el que nos hizo dudar o sentir que esto no era así.

Después de esas reflexiones comenzamos la sesión. Y ahí, viendo la cuerpa desnuda de Alondra, me di cuenta que no solamente se trataba de mostrarme y reconocerme, sino también de reconocer una cuerpa ajena que se estaba mostrando libre frente a mí. Mientras nos tomaban las fotos y posábamos, como las mejores amigas que somos, manteníamos la conversación con Raquel sobre las luchas internas que hemos edificado en la reapropiación de nuestros cuerpos, y claro, también contábamos anécdotas, sentimientos, secretos e ideas sobre cómo esas luchas internas las estamos transformando en colectivas y día a día nos hacemos más fuertes dentro del territorio que son nuestras cuerpas. Amo a mis amigas profundamente y a todas las fuertes enseñanzas que a diario construimos y sembramos juntas, y claro, no es que siempre estemos felices y dispuestas a tomar un té y reír, es que a su lado también comparto y exploro el enojo que generamos, el miedo que sentimos, la tristeza que nos golpea, la agonía que mata y la rabia que quiere incendiarlo todo cuando tocan a una de nosotras. Con ellas me conozco y me reconozco en mi propio territorio corpóreo.

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Alejandra Bonilla González: Estudiante de Historia de la Faculta de Filosofía y Letras de la UNAM; bisexual, amiga, hija, nieta, pareja sentimental y, sobre todo, compañera de lucha de mis hermanas. Por otro lado, soy becaria CONACYT en el Instituto Mora, coorganizadora de varios congresos y coloquios sobre mujeres en la Historia en la UNAM, además de ponente en diversas universidades de la República Mexicana como la UNAM, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Universidad Autónoma de Tlaxcala con trabajos sobre violencia, movimientos sociales y disidencias sexuales.

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