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IMPERIAL BEACH

por Marcia Santos 

Caminábamos por las playas de San Diego, y to be honest I hated him.

Me resultaba patético su existir.
Panza redonda de miedo, transparent yellow skin, arrugada, llena de lunares, estaba allí para llenarme de qué?

Pedí el breakfast más caro del restaurant -como venganza-.
Bacon Hamburger.
Comí pensando en cualquier cosa, ignoring the smiley shadow besides me, desdeñando lo que había acontecido esa mañana.

Yo era la nice hooker, morena, mexa, pobre, veinteañera, broken english.

Pasamos un monumento que para mi significaba la conquista del petróleo en el mundo: juegos de plástico y goma moldeable para los niños que visitaban la veteran beach. Beautifull place que les habían otorgado a cambio de muertes de guerras anteriores.

-This rubber used to make these games is super toxic but nobody says anything, children play anyways.  Me dijo.

Tocando la arena con los pies me confesó:
– In war everybody get sick.

Some time ago I was on a mission in an African country. I was asked to hunt down a group of slavers who kidnapped civilians and sold to transnational corporations for forced labor.

We were on the trail through northern Africa, almost snapping at tracks, until one day we catch them near beach.
We torture them.
Then a machine used to dig in the sand made many holes, depth of a body to the neck.
We buried them.
And another machine step over them and cut off their head.
Several of my colleagues took decapitated heads from hair and took selfies.
War ill.

Sound of waves, gaviotas y la gente laughing a nuestro alrededor aderezaba la narración, suddenly i saw a child contemplating his own childhood. Por un instante sentí un amargor que emanaba de algún lugar que no era físico.

Emboscada, castigada, vigilada.
I was there, con la brisa salada pegada a la skin, judging me with the hardest weapon.
¿En qué momento decidí ser my propio victimario?

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marciaMarcia Santos (Cd. Juárez, 1990) Bruja marginal fronteriza
Website:
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El espejo como ventana. Historias privadas de territorios públicos

Reflexiones a partir de las fotografías de Maya Goded

Por Marisol Maza

La ciudad en cuanto territorio se gestiona a partir del control social, del control de las masas y de los cuerpos. Dentro del orden público se regula la conducta social como una forma de control de lo visible y lo no visible.

    Durante el siglo XIX, se hace un reordenamiento urbano en función de la creciente burguesía, resaltando los valores morales de las clases acomodadas; se designan espacios para el esparcimiento, preponderando los valores de “la familia” y las buenas costumbres.

    Particularmente el cuerpo femenino se restringe al interior, a la intimidad. Durante mucho tiempo las mujeres no tuvieron derecho a una vida pública. El acceso al exterior se estipula a horarios específicos, siempre en compañía y bajo la vigilancia y juicio social de su comportamiento en público.

    En contraposición con las mujeres de casa, han estado siempre las mujeres “de la calle”; los cuerpos que se venden, que son accesibles y pertenecen a lo público. A estxs se les tiene que poder localizar, pero hay que mantenerles a distancia; no permitir que estén demasiado cerca, primeramente por el reproche moral a la libertad y por otra parte la incomodidad que provoca la deuda social que se tiene con ellxs, porque ponen en evidencia los vacios de la sociedad; la desigualdad, la corrupción y la doble moral.

     Por lo tanto, es necesario también controlarlo; y es ahí cuando comienza el juego de visibilidad-invisibilidad, que es el campo perfecto para la extorsión y el abuso de poder.

Las llamadas “zonas rojas” o “zonas de tolerancia” son lugares específicos para el ejercicio de la prostitución, que tienen sus orígenes en el sistema reglamentarista. Este sistema, que se puso en práctica en México desde mediados del siglo XIX, consolidó toda una serie de medidas higiénicas, legales y administrativas, dirigidas a la vigilancia y al control, tanto de las personas como de los espacios en los cuales se debía ejercer la prostitución.

    Con ellas, las mujeres dedicadas al comercio sexual quedaron sometidas al cumplimiento de deberes y obligaciones, registradas, clasificadas y controladas a través de un libreto. Asimismo, se establecieron burdeles “oficialmente tolerados”, que se pretendía sirvieran como espacios “ideales” para el ejercicio de la prostitución sin peligro venéreo y sin amenazar la estabilidad patriarcal, es decir, que fueran funcionales para salvaguardar la salud de los clientes, pero además, que se usaran para administrar lo visible y lo invisible y para gobernar las conductas de las mujeres que en ellos residían. [1]

    Los prostíbulos debían ocultar su verdadera función, por lo cual, desde esa época se estableció que no llamaran la atención para no interferir con la vida social de la ciudad.

La Ciudad de México, por su extensión y falta de previsión, tuvo varias “zonas de tolerancia”, que crecieron de manera irregular en vecindades y barrios populares. Una de las primeras zonas fue el Barrio de la Merced, zona comercial desde la época colonial, a la que llegaban constantemente comerciantes de otras ciudades que venían de paso.

    En el siglo XVI la casona de la calle de Galias, hoy Las Cruces esquina Mesones, fue sede de una de las primeras casas de tolerancia de la ciudad, lo que a lo largo de más de 400 años se convirtió en un negocio redituable que siguió expandiéndose por la zona.

    Es en esta zona donde la fotógrafa mexicana Maya Goded realizó el proyecto fotográfico Plaza de la Soledad, en el que durante varios años retrató a trabajadoras sexuales, de una manera íntima y cercana. Años más tarde decidió hacer una película con el mismo título, que comenzó a grabarse en febrero del 2012 y se terminó de editar en 2015.

El valor de estas imágenes es el nivel de proximidad que tiene con ellas. Acercarse a personas que están en el margen de la visibilidad es sumamente complicado.

Dejarse fotografiar es volverse visible, estar expuestx ante la mirada del otrx y por lo tanto vulnerable. En este proyecto fotográfico, ellas (las retratadas y la fotógrafa), apuestan por la visibilidad, por la mirada de otras mujeres para vernos y reconocernos desde dentro y fuera de estos márgenes.

     Con este trabajo pone sobre la mesa otra de las incomodidades que tiene la sociedad en cuanto al cuerpo femenino: la vejez. Los cuerpos viejos son de nuevo territorios que deben existir de forma periférica, no ser mostrados, pasar desapercibidos.

    Las fotografías de Maya Goded abren un espacio de complicidad, el compartir basado en la confianza mutua, y defender el derecho a elegir verse y ser vistas, mostrarse y ser mostradas, como madres, amigas, amantes…

    A lo personal sólo se accede a partir de lo personal. Sus imágenes son el espejo que devuelve la mirada; desde el cual ellas se miran, en el cual ella se mira desde de sus propias dudas y su propia curiosidad e identificación como mujer y como madre; donde ella siempre está presente, buscando sus propias obsesiones.

En el año 2010 realizó el proyecto Welcome to lipstick, nombre de un bar en la Zona Roja de Reynosa, Tamaulipas; cerca de la frontera de México con Estados Unidos, donde las trabajadoras sexuales viven aisladas y ocultas detrás de muros. Un territorio particularmente hostil.

Debido a la violencia desatada en el país la mayoría de los habitantes ha migrado a otros estados, y lo que en un tiempo fue un concurrido y lucrativo negocio, se ha convertido en un lugar desolado. A pesar de esto, la necesidad de estas mujeres por sobrevivir mantiene viva la zona, y se miran a través de la cámara de Maya sobreponiéndose a la muerte, al peligro latente y la violencia extrema; negándose a volverse invisibles.

 

[1] “Reglamento de la prostitución, 1865” AGN, Gobernación, leg. 1790 (1), caja 1, exp. 2, pág. 21

 

Más información sobre su trabajo:

http://mayagoded.net/site/

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Lindsay Dye: el arte de ser una camgirl

por Liz Misterio

La inserción en el campo laboral es un tema muchas veces espinoso y complicado para las jóvenes artistas, que hacen malabares tratando de no morir de hambre ni ahogarse en deudas mientras averiguan como tener una producción artística solida que les permita -aunque sea medianamente- vivir de su profesión.

La historia y la obra de Lindsay Dye me resultaron particularmente interesantes pues me veo a mi y a muchas de mis colegas reflejadas en su modus operandi de ser estudiante de artes de día y trabajadora sexual/webcammer / modelo de desnudo/ pornstar de noche, y averiguando en el inter que el comercio sexual puede ser terreno fértil de exploración para las inquietudes de una artista feminista sin nada que temer.

«I’m a webcam model and an artist. I started camming because I needed money quickly. I was in graduate school ($120,000 in debt for art school) and my boyfriend had kicked me out of our apartment. I perform and make art live on a website, and I’m tipped to do so while I’m streaming. I have complete creative control over everything I do, which is the most important thing to me and everything I ever wanted in a career. I am still camming because I’m good at it, and I look forward to it.» (1)

Y entonces, es ahí en donde la precariedad, el performance y el feminismo sex- positive se mezclan para generar complejas exploraciones sobre las relaciones de poder en el intercambio de sexo por dinero, las dinámicas sociales en el ciberespacio y el potencial creativo y empoderante de desnudarse frente a la cámara y tener el control de la imagen propia.

Lindsay tiene una serie de fotografías titulada «Buy me offline» que como ella misma lo describe en su página web, son una colección de imágenes robadas de sus performances transmitidos en vivo durante su trabajo como modelo de webcam. Las imágenes le llegan por email a la artista con intención de extorsionarla o de humillarla.

«I’m a sexually empowered female entrepreneur in a public space so I am opening myself to…basically being public property and undermined.»(2)

 

En esta serie Lindsay retoma dichas imágenes robadas con las que la han tratado de perjudicar y las subvierte poniéndolas a la venta en su página web como prints de arte, logrando con esto empoderarse como sujeto sexuado y como trabajadora del arte.

En #RealCamgirlMemes la artista se vale del dispositivo discursivo viralizable del Meme de internet para relatar con humor algunas de las visicitudes del trabajo de camgirl, utilizando imágenes de su archivo de stills robados y poniendoles textos referentes al lenguage y las interacciones particulares de ese medio, haciendo una especie de chistes locales para entendidos en la materia.

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(1) http://frank151.com/lindsay-dye/

(2) ibid

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Lindsay Dye.  Artista, camgirl y entertainer  de Miami, actualmente viviendo en las profundidades de Bushwick, Brooklyn. Tiene una maestría en Bellas Artes y Fotografía. Sus imágenes de desnudo se han diseminado por el internet de manera abundante, libre e ilegal.

Conoce mas de su obra en: www.lindsaydye.com/

 

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Nosotrxs, lxs jóvenes trabajadorxs sexuales

Durante tres días (del 31 de agosto al 2 de septiembre de 2015),  jóvenes que de manera autónoma ejercen el trabajo sexual fueron convocados por HYLF (HIV Young Leaders Found) a la ciudad de Bogotá para la realización de una consulta regional llamada «Salud igualitaria para todos/as», en donde personas de América Latina y el Caribe, de África del Este y África del Sur se encontraron e intercambiaron testimonios acerca de su experiencia cotidiana, las problemáticas que han enfrentado, sus miedos y fortalezas, pero, sobre todo, la importancia de implementar políticas efectivas de salud sexual y reproductiva.

Les dejamos un breve video resultado de este encuentro:

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Sobre 2 momentos de performance casi sexual

por Ese Chamuko a.k.a Carlos Peña Hernández

Escribo sobre 2 performances que trabajé sobre la tematíca de lo sexual.

1.Tiresias en la esquina. Poesía/acción épica bajo un farol

Esta performance consitió en 2 momentos: en el primero, ofrecía sexo oral en la explanada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y, en el segundo, realicé una serie de acciones intercaladas con lecturas de Joaquín Hurtado, escritor regiomontano que aborda temas de homosexualidad, el submundo trans y el VIH.

Se realizó el 15 de octubre del 2015 dentro de las acividades del IV Coloquio de Dimensiones Transgresoras de la ENAH.

2. Muestra gratis. Del deseo imaginado al “hay lo que hay”

Una mesa llena de imágenes de pornografía vintage de hombres hipersexuados hasta el riducúlo. Sobre la pared, imagánes del mismo tipo con música de fondo de Yello, Oh yeah, en loop de 2 horas. Al centro de la mesa, el performer en medias, con ojos vendados y una fusta incitaba a tomar a les asistentes su “muestra gratis”.

Este performance participativo se realizó el 30 de octubre en el Museo de la Mujer dentro de las actividades del Femstival 2015.

El propósito fue jugar con la idea de lo que es un cuerpo deseable en el imaginario normalizado y la distancia que hay entre éste y la mayoría de los cuerpos reales. De esta acción se planeó la ausencia de registro por ser potencialmente comprometedora.

De las acciones y reacciones

En Muestra gratis, la mayoría de los participantes fueron mujeres que me tocaron o acariciaron casi por compromiso y con risitas nerviosas. Sólo una persona encargada de mantenimiento del museo se mostró mas entusiasta. En Tiresias al ofrecer sexo oral con mi comprobante de salud sexual en la mano, sólo 3 o 4 personas se mostraron interesades, les ofertaba el servicio por 20 pesos pero, al no haber respuesta, cambié la petición a un lonche del snack. Alguien me pidió mi contacto. Otres tenían clase. “Saliendo te busco”, decían. La gran mayoría entre estudiantes y docentes les sorprendía la propuesta, pocos lo vieron con desagrado, pero al final nadie accedió al servicio.

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Carlos Peña a.k.a. Charlee Chamuko (Monterrey, México)

 http://esechamuko.tumblr.com/

Proletari-ano

Yosjuan Piña Narváez

-Me gustan los besos, el morreo y las pajas. Luego lo que surja. Llega puntual. Te agradezco discreción.

-Ok. voy en camino -le contesté- (Doble checking en whatsapps me generó angustia). Salí con miedo de casa, con cuter en la cartuchera junto a mis lápices de dibujo -Contrato sexual aceptado. Ya no había escapatoria.

– Hola – me dijo, con un tono de calma-  pasa. ¿Eres Latino, no?

-Soy de Sudamérica- contesté, sin querer dar detalles-.

– ¿De México o de Brasil? -insistía en geolocalizarme-.

No quise colocar en tela de juicio el escaner en su pupila que me clasificó de acuerdo al nivel de melanina en mi piel, rasgos fenotipos, pronunciación y acentuación del “castellano”. Daba igual qué lugar dijera y si correspondía con el lugar escrito en mi pasaporte o no.  Esa persona sólo quería un cuerpo foráneo, para satisfacer sus fetiches.  Más aún cuándo su gramática de racialización entró en sintonía con estereotipos burdos.

-¡Desnúdate y dúchate! . Me dijo.

-No podía ver bien su rostro. Había esa iluminación de escena romántica de bajo presupuesto. En la casa, un olor a incienso y su cuerpo hedía a muestras gratis de perfumes que dan en el Corte Inglés. Era working class, indudable. Subjetividad, blanca, europea, que paga por sexo. No hubo más palabras. Entré a la ducha y la persona que pagaba no quería más nada. Por ahora. Sólo ver. Encendió  la tele y subió el volumen. Escuchaba el noticiero de medio día. Escándalo en el Estado Español por las llamadas “Visas black”.

-Sal del baño, ven-  me dijo.

Fin del contrato sexual.

#BlackBitchLivesAlsoMatter

No podía pasar de 15 euros por los servicios. Esa era la tarifa más baja en el mercadeo de cuerpos. Comparé con otros servicios del precariado/precariano sudaka en Europa que pone el cuerpo para que otros cuerpos con privilegios consuman comida, gaseosas, marihuana, cocaína, o sexo.  La negra Fati, migrante, trabajaba en una cocina y ganaba 5 euros por hora, era la tarifa de lo que implica trabajar “en el negro”. Harold, otro amigo negro, migrante ganaba 5 euros la hora en esos famosos coffee shop. Obviamente también trabajaba “en el negro”.  Yo también acepté trabajar “en el negro”[1], al entrar en la llamada “guerra estética planetaria”:  mercadearme de acuerdo al índice de masa corporal, etnicidad y responder a cuestionarios anatomopolíticos de clientes obsesivxs con el cuerpo del “otherness racializadx” ¿Eres de la india o de Latinoamérica? ¿eres circuncindadx? ¿cuánto mide tu pene? ¿cuánto calzas? Es la lógica  enterprise de “mi propio yo”, de “mi propia” carne. Hablar de “propia carne”, es asumir la neoliberalización de este cuerpo que escribe, que se sumergió  en una especie de marketing barato de un narcisismo mal fotochopiado y 2.0. Con toda la lógica del heterocapitalismo, el homocapitalismo o el tan resistentemente blanco capitalismo queer.

La oferta de servicio: exotismo, esencialismos estratégicos y puristas. Metaperformatividad racializada, cisnormada o crossdress. Una producción de mí mismx a partir de la imagen fetichizada de lxs clientes. Es una gestión del “quién soy”, del cuerpo y de la subjetividad a partir de los deseos y fantasías de subjetividades amamantadas en el mundo blanco-colonial-europeo. Acepto mi poca destreza para gestionar la sexualización racializada del cuerpo que habito y cómo es leído: cuerpo “foráneo”. Para ellxs: un cuerpo más, que llegó a Europa a dar placer sexual a quien pague. La demanda: cuerpos blancos, con pasaporte de libre circulación en la euro-zona schengen, con aparente carencia afectiva y víctimas del contrato heterosexual monogámico y de los relatos de la pornografía: categoría interraciales. Entro en juego: Cuerpo-valor, cuerpo-función, cuerpo-gramática racial y cuerpo-mercancía-dinero. Ésta última, fórmula básica para al menos completar el alquiler del piso en el Raval.

-Hola, te estoy llamando por el anuncio -. Me  habló alguien con un castellano con acento italiano.

-¿Eres latino?

-No, soy de Sudamérica.

– Es lo mismo- me dijo, haciendo gala de su sabiduría y de mi supuesta ignorancia-. Vivo por la Sagrada Familia. Te ruego discreción, sólo puedo una hora. Porque mi hija está por venir. Tengo 66 años ¿no te importa?- Me preguntó con vergüenza.

-No. -Le respondí mintiendo.

Llegué . Me miraba, me observaba. Tocaba como quien toca un aguacate en la frutería. Nunca he hecho el ejercicio de antropomorfizar el aguacate y saber qué piensa cuando es tocado. Desde ese momento, lo he hecho.

#FindelContratoSexuaal

     Era un trabajo más y , al mismo tiempo, el trabajo de otras tantas personas que desfilaban por la pasarela hedónica del mercado sexual do it your self. El dispositivo neoliberal está hecho para que nos peleemos como hienas por trozos de carne, euros, estudios en Europa y ropa de descuentos de H&M. Es un continuo: cuerpos racionalizados, seguimos siendo el lubricante para el funcionamiento del engranaje del capital Europeo. Europa sigue funcionando por la colonialidad y la colonización de nuestros cuerpos manchados y bastardos. La diversión y el placer que disfrutan olas de turistas en Barcelona-Catalunya es a costa del precariado y mas aún el necroprecariado migrante, racializado, sin papeles.

-¿Vamos a la manifestación del primero de Mayo? me dijo la Luisa, otra perra sudaka migrante.

-Vamos y hagamos una pancarta-. Contesté.

¡Las putas migrantes también somos trabajadoras! fue lo que escribimos para caminar junto a compañerxs del Espacio del Inmigrante. Luego, en horas de la tarde fuimos a otra concentración . En el camino muchas miradas con rareza leían la pancarta. Un señor que pedía dinero cerca de la Rambla de Catalunya nos detuvo y dijo: “Estáis llevando una pancarta mal escrita”. Si, señor, las putas migrantes, tampoco sabemos escribir – le contestamos. Seguimos caminando a la manifestación del primero de Mayo que convocaba grupos anarquistas y la izquierda “progre”, mayoritariamente blanca, del “rollo” Barcelona. Una chica en la mani, se nos acercó y nos preguntó: -¿Ustedes vienen por las putas del Raval?

-No. Nosotrxs no venimos “por” ellas. Somos putas y del Raval. Fin de la conversación. Seguimos caminando y gritando. Caminando e incorporándole melanina ideológica a las consignas despigmentadas del  activismo blanco europeo: “¡Antifascista, anticapitalista!”. Gritaban. Nosotrxs agregábamos: antiracistas, anticapitalistas. Y no son consignas vacías. Implicaba hacer visible el privilegio blanco, incluso en el precariado y la fuerza de trabajo que sostiene parte de la economía Europea: «C.I.E[2], putas, farlopa, redadas y fronteras, así se construye la riqueza europea”. Y colectivizar la rabia era necesario, al menos que saliera del cuerpo.

“Nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Nadie sabe lo que puede un cuerpo negrx/indix, bastardo e infecto y más cuando en la necropolítica “hay cuerpos que importan”, y otros que no. Unxs seguimos en nomadismo, otrxs mueren, otros cuerpos y subjetividades viven, agencian se organizan y resistes desde el comercio de sus anatomías para los placeres. Sólo hablé desde mi corto recorrido vital y las experiencias asumidas dentro del precariado sexual. Sólo hablé desde mi cuerpo-textual y cuerpo sexual, cuerpo hipertextualizado, cuerpo desobediente- cuerpo que se niega a ser borradx, blanqueadx. Sólo mostré tímidamente fragmentos del uso del inmediatismo carnal desbordado para la sobrevivencia que devino en una especie de re-pensar y re sentir los deseo e intentar colocarlos en palabras, algunas más pretenciosas que otras, algunas más próximas a lo que siento que otras.

     No pretendo de estos relatos y momentos de agenciamiento de mi cuerpo como indx/negrx, disidente sexual, y perrx-nomádica, hacer un hecho virtuoso con plus para el mundo de la academia pop. No pretendo hiper valorar el vivir al riesgo y  muchas veces en el borderline. No. Tampoco quiero sobredimensionar una realidad encarnada, por un lapso de mi crono-política-vital, donde entré y no sé si salí. Porque no puedo dejar de ser putx. Porque cada vez que vendo mi fuerza laboral estoy poniendo el cuerpo y “mis” ideas como putx, tanto como cuando pongo los genitales, fluidos y el orificio excretor.

[1] “Estamos acostumbradas a de manera racista llamar de trabajo en negro, la actividad en la cual el acuerdo laboral es oscuro y ilegal. Así repetimos la asociación entre negro y precario, entre negro y esclavo”. Negro como el olvido inquieto, negro como el azabache que brilla. Negro y oscuro como el hachís transportado en el culo del proletari-ano/precari-ano. Negro como cuando cierro los ojos mientras cogemos/tiramos/follamos (sin placer). // Intervención poética: Plaza del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba 2015). Lectura de manifiesto público contra la censura y el trabajo “en negro en el Macba”. Luisa Escher Furtado. Yosjuan Piña Narváez

[2] Centro de Internamientos para Extranjeros. Cárceles para migrantes en Europa.

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Yosjuan Piña Narváez. Sociólogx-activista-militante Universidad Central de Venezuela (UCV) // Programa de yosjuanEstudios Independientes (P.E.I) Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba). Investigadxr nomádicx  en resistencia. Trabajo temas relacionados con necropolítica,  procesos de racialización, colonialidad de los cuerpos/subjetividades, critical whiteness, disidencias sexuales y de géneros. Ilustradxr de garabatos, viñetas, comics, fanzines. Asmáticx. Actualmente vivo en Buenos Aires,  Argentina.

Twitter:  @erchos // https://twitter.com/erchos

Entrevista a activista y trabajadora sexual de la ciudad de Morelia, Michoacán, México.

por Fernando Zarco Hernández

Con la finalidad de escuchar las voces de las personas que se dedican al trabajo sexual, presentamos esta entrevista acerca de este polémico tema, que aporta argumentos al debate sobre las políticas respecto al trabajo sexual, la diferencia con la trata y los derechos de quienes ejercen este trabajo, desde la perspectiva de una activista y trabajadora sexual de la ciudad de Morelia.(1)

¿Cuáles son los problemas principales que encuentras por parte de los políticos de esta ciudad y del Estado respecto al trabajo sexual?

Pues, antes de finalizar el año escuchamos una noticia de que el secretario del ayuntamiento piensa cobrarnos impuestos por estar trabajando aquí en la calle. Para mí eso es una estupidez, primero debería  de regularizar el trabajo sexual para poder dar el siguiente paso, que es organizarnos bien como debe de ser, incluirnos bien dentro de la sociedad. El cobrarnos impuestos a todas las trabajadoras sexuales, me imagino que se refiere en verdad a todas, no nada más a las que la sociedad tiene a la vista, que somos las que trabajamos en la calle, las que trabajamos en la zona centro. Porque tenlo por seguro que estas personas no están bien ubicadas, no saben bien en realidad cuánta es la población de trabajadoras sexuales y en dónde están ubicadas las demás, porque somos muchas, no somos nada más las que estamos en la zona centro, somos bastantes. Al pretender cobrarnos impuestos, para mí eso sería como empezar a entrar al negocio de la trata, al lenocinio pues. En realidad primero tendría que regularizar el trabajo sexual, permitirlo y aceptarlo tal como es, como un trabajo, para poder dar el siguiente paso.

¿Qué diferencia encuentras tú entre el trabajo sexual y la trata?

Es muy grande, es un abismo la diferencia entre el trabajo sexual y la trata de personas. En la trata hay un padrote, hay una persona que las está mangoneando, las está manejando de lugar en lugar, esa persona está cobrando por ella, esa persona hace el acuerdo por ella, y aquí con nosotras, en lo que es en verdad el trabajo sexual, es muy diferente. Aquí nosotras venimos a ganarnos un peso porque nosotras lo ocupamos para nosotras mismas, para nuestros hijos, para nuestra familia, pero no tenemos ninguna persona que nos esté vendiendo y que él esté cobrando. Es muy diferente. Siempre hay que diferenciar eso, lo que es trabajo sexual y trata. Aquí habemos muchas personas que salimos a trabajar, mas no estamos inmiscuidas en la trata.

¿Qué derechos como trabajadora sexual crees que has ganado actualmente y cuáles faltan todavía por trabajar?

El respeto de mucha gente porque saben que andamos luchando por los derechos de los y las trabajadoras sexuales y tratamos de que todos sus derechos se hagan válidos, ante las instancias de gobierno, que al fin de cuentas hay veces que nos rechazan, nos discriminan pues. Hay bastante por hacer, hay que educar a la sociedad, hay que educar al mismo gobierno, hay que educar a las autoridades de seguridad pública, hay que estar constantemente haciéndolo, porque desgraciadamente hay mucha ignorancia. Hace quince días la [patrulla] 3003 aquí se le ocurrió parar a dos carros, ponle que uno por hora. Me tocó ver a mi eso. Yo me acerqué junto con otra compañera para pedirle que se retirara y que no hiciera eso aquí en nuestra zona de trabajo por el acuerdo que tenemos con el ayuntamiento y con seguridad pública. Tenemos acuerdos con ellos. Este personaje optó por dejar ir al cliente, porque era un cliente para mí y un cliente para él, porque lo iba a extorsionar, optó por dejarlo ir y se acercan los dos patrulleros preguntándome que entonces dónde sí podían parar carros para extorsionarlos. Yo le dije que yo no le podía dar esa respuesta, porque al fin de cuenta ellos no están para extorsionar, están para servir a la ciudadanía, porque son empleados de nosotros como ciudadanos, se les paga un sueldo de los impuestos que pagamos. Como trabajadoras sexuales nos quieren cobrar un impuesto, pero como ciudadanos estamos pagando impuestos. Fue lo que le indiqué, yo no podía darle esa respuesta, él sabía lo que hacía, su trabajo es su trabajo y yo no podía decirle cómo elaborarlo. Si él quería robar o extorsionar que se retirara nada más de la zona donde nosotras trabajamos porque espantaba a nuestros clientes. Por eso te digo, hay mucho por hacer, hay que educar a la mayoría de los que están dentro de estos sectores de gobierno.

¿Cuál es el acuerdo que tienen con el ayuntamiento, en qué consiste?

Consiste en no salir tan encueradas, salir a trabajar con decencia, un pantaloncito, un suetercito, ya la gente sabe quiénes somos y a qué nos dedicamos, no es necesario un escote muy pronunciado, con unas minifaldas que se ven hasta las anginas, no es necesario andar así. Ese fue el acuerdo que tuvimos con el ayuntamiento. El dar la garantía de que no se va a robar en estas calles, al menos con nosotras, porque robos sí se dan, con los lavacoches, con los policías que no saben que tenemos acuerdos, se da con gente aquí que se dedica a la delincuencia, al robo, sí se da. Pero al menos entre nosotras tratamos de evitar esos problemas. De no tomar, no drogarse, de dar un buen servicio y siempre protegernos y proteger a los clientes, siempre usar un condón. Esa es la garantía que nosotros dimos al ayuntamiento, ya tiene mucho rato de eso. Tendrá unos ocho años o nueve años de ese acuerdo.

¿Qué crees que sea lo más urgente para trabajar respecto al trabajo sexual en Morelia?

Que se nos respeten nuestros derechos y que se nos den más garantías como ciudadanos, porque somos parte de Morelia. Estamos haciendo un trabajo que, la sociedad lo ve mal y pega de gritos, se espanta, se escandaliza, pero al final de cuentas es una actividad que también las mujeres amas de casa la tienen. Porque ya se llega la quincena y… -a ver si no se molesta una que otra por ahí-, ya se llega la quincena y se pone cariñosa con el marido porque ya sabe que trae dinero. Ya se llega la quincena y se pone complaciente porque sabe que hay dinero, o sea, eso también es un negocio para ellas, como saben que ya hay dinero, ya se ponen cariñosas. Aquí nosotras todo el tiempo estamos cariñosas por dinero. Este es un trabajo. Que la gente lo vea mal, es una sociedad de doble moral y eso nunca lo vamos a poder cambiar, pero ahora sí que cada quien en su amplio criterio que lo juzgue. No estamos haciendo mal a nadie, porque no venimos a violar, no venimos a secuestrar, no venimos a violar niños, nada de eso. Venimos simplemente a ganarnos un peso, con el sudor de… la parte que tú quieras, pero a ganarnos un peso.

(1) A petición de la entrevistada no se ha hecho público su nombre.

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Semblanza personal: Doctor en Psicología Social, licenciado en Psicología, ingeniero en Sistemas Computacionales y ex-seminarista. Después de múltiples crisis, ahora quiere ser artista de la literatura y el performance para utilizar el arte contra la homofobia, el racismo, el sexismo y la privatización del espacio público. Actualmente realiza una estancia posdoctoral, con el apoyo del CONACYT, en el Doctorado Interinstitucional de Arte y Cultura, de la Universidad de Guanajuato.

Página personal: http://fernandozarco.wordpress.com

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Pink Dreams

por Priscila Cárdenas y Rodolfo Peralta

Statement

   Es una propuesta que surge de la negación al trabajo alienante. La investigación se desarrolló dentro de un espacio que se encuentra situado en el marco de la lógica económica capitalista, como una organización que parece inaugurar una nueva economía de poder “el internet” (el lugar en donde cualquier cosa es posible). La propuesta se divide en 2 fases:

La primera fase:

La pieza propone revelar una multiplicidad de interacciones que trabajan con las mismas herramientas del sistema económico. Partiendo de una negociación,  donde nuestra sexualidad y corporalidad son herramientas de ficción e intercambio económico, que entablan pequeños relatos y negociaciones con pequeños entes de poder del capitalismo,  el espacio virtual se visualiza como un campo en donde la sexualidad se ejerce con libertad,  en una línea muy delgada entre la excitación y el sometimiento a las “patologías” de estos entes aparentemente heterosexuales o a veces anónimos.

captura pink

Segunda fase:

Con base en la economía generada por lo anterior, se emprenderá una lógica de gestión que basa su dinámica de funcionamiento en diversos dispositivos; que da inicio a una empresa que podrá ofrecer ingresos económicos a externos, en donde la materia a trabajar son los cuerpos, que se materializan a través de una cámara web, y que no se encuentran sujetos a cánones establecidos por el sistema, desde esta perspectiva es posible deconstruir la lógica del capitalismo, para poder beneficiarnos a partir de los elementos que lo constituyen, a su vez es necesario puntualizar que el resultado no se presenta como algo externo-objeto-mercancía, sino que recae en un performance-productivo, puesto que lo consumido en este caso es la acción que lleva a cabo dicho cuerpo.

Cabe mencionar que el espacio que se genera  una zona gris en el aspecto laboral donde se posee un control de la situación según el que lo lleve a cabo,  pensado más como un espacio de expresión y no de enajenación.

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Asistencia sexual y prostitución inclusiva, herramientas para el empoderamiento

Por Antonio Centeno

DiagramaCenteno

En las últimas décadas hemos acumulado evidencias empíricas de que los procesos sociales obtienen mejores resultados para el conjunto de la población cuando incluyen la diversidad humana en general y la diversidad funcional en particular. Ejemplos de esto último son el transporte, el urbanismo, la pedagogía, la arquitectura…Gracias a pensar en las diferentes maneras de funcionar del ser humano hemos conseguido un transporte más seguro y confortable, un urbanismo más habitable, una pedagogía con más y mejores herramientas, una arquitectura más amigable, etc. Estos beneficios son para todo el mundo, no sólo para las personas con diversidad funcional, pero es la presencia de estas últimas lo que ha constituido la inspiración y el motor para conseguir esas transformaciones sociales hacia un mejor vivir.

     Todo apunta a que debería ocurrir lo mismo en el ámbito de la sexualidad; si follamos todxs follamos mejor. ¿Se imaginan cómo sería incluir en los hasta ahora estrechos territorios del deseo y del placer todxs los cuerpos, todas las formas de moverse, sentir, entender? Ahí parece latir una revolución pendiente. Revolución porque dinamita el heteropatriarcado coitocéntrico que secuestra nuestros cuerpos y deseos al servicio de la reproducción capitalista. Y revolución porque reclama para el placer los cuerpos abyectos, los cuerpos improductivos para ese mismo sistema capitalista

     La asistencia sexual  es un apoyo para acceder sexualmente al propio cuerpo. Reconocerlo, explorarlo, masturbarlo, son acciones que habitualmente cada cual hace por sí mismx, pero algunas personas con diversidad funcional  requerimos el apoyo del asistente sexual para ello. De la misma manera que necesitamos asistentes personales  para otras tareas cotidianas que no podemos hacer por nosotrxs mismxs. En este sentido, la asistencia sexual puede proporcionar apoyos antes, durante y/o después de realizar prácticas sexuales con otra persona. El asistente sexual no es alguien con quien tener sexo, sino alguien que te apoya para tener sexo contigo mismx o con otra persona.

    ¿Por qué hasta aquí? Porque hasta aquí llega la materialización del derecho al acceso al propio cuerpo, éstas son las acciones que la persona con diversidad funcional podría hacer por sí misma en ausencia de diferencias funcionales. Nadie hace un coito o sexo oral consigo mismx. Ni las personas con diversidad funcional ni nadie tiene derecho al acceso a otros cuerpos. A los otros cuerpos se accede por acuerdo, no por derecho,ése es el espacio de la prostitución inclusiva (si el objetivo es el placer) o del surrogate (si hay una intención terapéutica)

    Así, si la asistencia sexual empodera rompiendo la barrera de acceder sexualmente el propio cuerpo, la prostitución inclusiva empodera facilitando la experimentación, el juego y el gozo de compartir sexo con otros cuerpos. Lo primero sólo es imprescindible para algunas personas con diversidad funcional y, por tanto, constituye un derecho fundamental que debe ser financiado por el Estado. Lo segundo , en cambio, no responde a las necesidades específicas que se derivan de las diferencias funcionales para ejercer un derecho, tiene que ver con la vivencia lúdica del sexo por parte de cualquiera y, en consecuencia,no genera obligaciones para los poderes públicos,  más allá de garantizar los derechos laborales. Son pues, trabajos sexuales diferentes en los roles, las expectativas, las prácticas posibles, las personas a las que se dirige y su configuración como derecho,  pero complementarios en el proceso de empoderamiento, de abrir un abanico de posibilidades para que las personas con diversidad funcional podamos vivir nuestro propio cuerpo y el vínculo con lxs demás desde el deseo y el placer.

    Por supuesto, igual que ocurre con la población en general, la vivencia de la sexualidad de las personas con diversidad funcional debería desarrollarse mayoritariamente más allá de los trabajos sexuales, en los ámbitos cotidianos de las amistades, las parejas, el poliamor, las relaciones esporádicas, etc  Sabemos que actualmente no es así, persiste una notable desigualdad generada por la barreras materiales y simbólicas. En este sentido, afirmaciones del tipo “hay personas con diversidad funcional que sólo pueden follar pagando”, resultan sesgadas (no son ni más ni menos ciertas que dichas de otros tantos grupos humanos) y juegan el triste papel de profecía autocumplida al reforzar ese imaginario colectivo que expulsa a las personas con diversidad funcional de los placeres en ámbitos cotidianos.

    De la misma manera, esgrimir una formación previa obligatoria como elemento para pretender que la prostitución inclusiva no es prostitución puede resultar estigmatizador para lxs trabajadorxs sexuales (son ignorantes y discriminan), para las personas con diversidad funcional (no pueden hacerse cargo de sí mismxs, están enfermxs) y alimenta tentaciones corporativistas (sólo puede hacer este trabajo quien sea formadx por mí). Cuanta más formación mejor, pero siempre como derecho a disposición de la persona trabajadora, nunca como filtro que secuestra el conocimiento y limita la libertad personal.

    Volviendo a las tareas propias de la asistencia sexual, hay que tener presente que masturbar a alguien o ayudarle a mantener relaciones sexuales con otra persona tiene una carga erótica importante. Las sensaciones y las emociones pueden ser intensas, eso dificulta la gestión del vínculo y mantener roles y expectativas. Como todxs estamos fuera de guión, y deserotizar la asistencia sexual no parece ni posible ni deseable, habrá que seguir aprendiendo, poniendo en común, compartiendo estrategias y pautas para facilitar los pactos y una buena armonía entre asistentes y asistidxs. El tener una definición clara de asistencia sexual es necesario porque ayuda a delimitar tareas, roles y expectativas, pero no es suficiente.

    Vinculado con el punto anterior, hay un problema económico de fondo; la exclusión del sistema educativo y del mundo laboral, junto a un sistema de pensiones raquítico, hacen que las rentas de las personas con diversidad funcional sean, en media, inferiores a las del resto de la población. Esto dificulta acordar precios que satisfagan a ambas partes. Vuelve a ser clave distinguir entre asistencia sexual y prostitución inclusiva, así como reconocer su papel complementario. Entendiendo la primera como herramienta para materializar el derecho al propio cuerpo es posible que  a medio/largo plazo se pueda conseguir que los poderes públicos asuman su responsabilidad en financiarla. Comprendiendo el papel complementario de la segunda, estaremos más cerca de garantizar derechos laborales para las personas trabajadoras.

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Antonio Centeno. Nació en 1971 en Montcada i Reixac, vive en Barcelona desde 1999. Adquirió su diversidad funcional antonioa los 13 años. Licenciado en Matemáticas por la Universitat de Barcelona, ejerció como profesor de Matemáticas de Educación Secundaria desde 1998 hasta 2010. Activista del Movimento de Vida Independiente desde 2004.

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