nuestra utopía kuir es la política de la amistad

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Jorge Díaz

Biólogo feminista, escritor y activista CUDS

Muchos de nosotrxs llegamos a implicarnos políticamente en el feminismo a través del queer (el cuir o el kuir en sus acepciones locales). Quizás suena paradójico pero entre nosotrxs no hay una temporalidad que implique un orden históricamente conforme, pues son aquellos momentos que nacen del juntarnos en el activismo, del cortar el tiempo personal de los proyectos pre-trazados, los que configuran una posición y nos dan un cuerpo. Por lo mismo, nos cuesta pensar como positiva la generalidad que utiliza cierta metodología academicista estructurada en tesis, que entiende a los movimientos de política sexual como una organización lineal de transmisión del conocimiento y la desobediencia. Marcando firmemente un solo mapa. Peor aún cuando quieren traducirnos con el lenguaje del paper, un lenguaje organizado por el método elitista de las disciplinas que solo se leen entre ellas. Esos escritos jamás explicitarán nuestros deseos porque se desbordan. Las feministas que leemos y con las cuales trabajamos nos han enseñado que la palabra es un espacio de experimentación. Tal como lo son nuestros cuerpos. Además, hay siempre en cada localidad de articulación política, capas más finas, micro-texturas y afectividades que urgen de ser reconocidos para ir contra el pensamiento lineal de las rebeldías sexuales que se escriben en Formato APA. Es una historia local la que nos implica siempre y esto lo aprendimos también del feminismo. Llegamos al feminismo realizando acciones, talleres, performances, escribiendo y leyendo desde el lugar que parodia la insolencia patética del mundo heterosexual en el que vivimos. Sí, leímos la teoría queer traducida desde la madre patria, que sigue colonizándonos con su estructura materna que rechazamos por rebeldía. Es cierto, sabemos desde la Malinche que toda traducción es traición, pero no queremos defender el espacio ultra-inmunitario de comprender las lenguas como territorios de guerra. Ya vivimos en el apocalipsis constante. En inglés, como también en otros idiomas, escriben muchos activistas con quienes nos relacionamos en un vínculo afectivo y de manera  trans-fronteriza. Así que más que rehuir a hablar en las palabras de un compañerx de activismo que vive en el otro lado de la tierra, debemos prepararnos para seguir estableciendo vínculos de traducción que nos permitan comprender que si bien no todos tenemos los mismos tipos de opresiones de raza, clase o género, existe una agenda global del feminismo que entiende los espacios minoritarios y de violencia en muchos lugares del planeta como propios. Queremos leernos y conocernos, establecer vínculos que permitan enriquecer nuestras miradas con todas aquellas figuraciones y formas de leer la realidad de las cuales el feminismo kuir, ese escrito en el punk y el quechua, está saturado. No tenemos teoría que defender porque la teoría somos nosotrxs mismos, encarnada en nuestras hablas, acciones y textos. Porque las feministas siempre escribimos, no podríamos negarnos la letra. Ya no podemos negarnos nada. Y es de manera azarosa, o quizás no, que en español teoría rima con utopía, aquella que muchos dicen es imposible llevarla a la política práctica. Nosotros no creemos eso pues para nosotrxs, la utopía se encuentra en ejercer la política radical de la amistad. Estamos acostumbrados a vivir en una fragmentación que separa radicalmente el yo del nosotrxs en nuestros pequeños contextos. Una forma de pensamiento que nos ha llevado a establecer espacios de separación ahí donde nuestros cuerpos parecen separarnos por algo que muchos llaman diferencia sexual. Pienso que la primera tarea es aquella que nos implica a dejar de ser hombres.

Soy un biólogo feminista que se identifica con una forma de investigar y vivir que tomando la materialidad corporal de lo vivo y lo no vivo, pretende volver a traducir las dimensiones del sexo como un espacio abierto a nuevas interpretaciones que se alejen de los reduccionismos.  Porque debemos ir en contra de lo que nos enseñaron en el colegio: la competencia, la prueba o la copia obligada y en desacuerdo con el difundido conocimiento darwiniano que dice que las especies tienen que competir para sobrevivir. Nosotrxs apostamos por una vida de ayuda y contención mutua. Queremos una sociedad de participación social con la amistad como forma de vida. Los actuales feminismos de intercambio libre en la web, las políticas del código abierto, las guerrillas del ciberfeminismo, las barreras inmunológicas de las cocinerías comunitarias, la política del “hazlo tú misma”, la autoformación, las relaciones sexuales y de compañía entre diferentes generaciones, el anti-especismo como forma de lucha, las transiciones de género como momentos de felicidad, las imprentas anarquistas, las editoriales independientes y el cambio de la palabra “competencia” por “afectividad radical”, son quizás las únicas salidas que tenemos para no ser devoradas por un sistema de lucro, ganancia y mezquindad.

Apostar por unas letras y un activismo que pierdan el respeto a las grandes autoridades y promueva la emancipación, la parodia, la difusión del feminismo como práctica y como teoría política nos salvará de ser carcomidas por el avarismo individualista del experimento neoliberal en el que vivimos. Ya lo han dicho: ningún partido político, ninguna institución ni escuela podrán jamás emancipar a nadie.

Somos híbridos, bailamos gaga y leemos a Marx y creo que no por eso tenemos que odiarnos, sino hacer de esas mismas contradicciones nuestra fortaleza.

Jorge Díaz. Biólogo feminista y activista de la disidencia sexual. Candidato a Doctor en Bioquímica por la Universidad de Chile. Es miembro del Colectivo Universitario de Disidencia Sexual (CUDS) desde el año 2008. Ha escrito textos sobre farmaco-política, cine, teoría y arte feminista participando en ponencias y encuentros de arte y política sexual nacional e internacional. En el área de la ciencia trabaja en la biología celular y molecular de patologías contemporáneas.

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