La ternura de las chongas

dibujo por Iurhi Peña

dibujo por Iurhi Peña

por val flores 

Este es un homenaje. No es por deceso alguno. No es imprescindible la muerte para celebrarnos en vida. Tampoco es para cumplir con el imperativo capitalista de la felicidad, es sólo para regodearnos en nuestra propia alegría, ya de por sí indisciplinada. Puede tomarse como un agasajo literario o como un cortejo activista. O puede olvidarse.

Este es un homenaje a las chongas, a las que vivimos, a las que sobrevivimos, en este suelo movedizo de las categorías inestables y fluidas, pero que su apropiación ayuda a respirar un poco entre tanto polvo hetero. Para las que hemos sido desterradas del canon de belleza, y “lindas” y “hermosas” son palabras sepultadas en nuestros  márgenes del audio vivir. A lo sumo, un susurro las exhuma para una íntima transacción erótica o sexual.

Chongas de mandíbulas rectas, del rapado como marca capilar de lectura, de la ropa ancha y abultada, del jean apretado y remera ceñida al torso, del músculo firme y disponible, de los borcegos desteñidos y gastados, de la fuerza a flor de piel, de la seriedad como gesto de desmarcamiento de la risa, siempre mesurada, del modelo de heterofeminidad hegemónica. Para las chongas que queremos que se nos note, lo torta, lo marimacha, lo vulgar, lo rústico, lo de barrio bajo. Para las chongas de piernas arqueadas que su caminar abre un portal mágico para los géneros disidentes. Para las chongas que buscan y gustan de zapatos “de hombre”, ahí, donde una vez más, el binarismo nos descalza porque las de 38 para abajo no encontramos número del modelo elegido. Para la chonga guerrera y lacónica, la verborrágica esquizoide, la tetona y la lisa, la de aliento gélido y la de voz grave y cavernosa que te excita. Y también para las que vendrán con la gloriosa ley de identidad de género, las chongas sin tetas o sin útero, pero chongas sin más. Para las que paleamos rellenando las fosas que pretenden aislar y confiscar la masculinidad como territorio exclusivo de los hombres. Para las motoqueras y las incansables andadoras en bici. Para las que se dejan la barbita y también las que se depilan. Para las chonguitas de la primaria y la secundaria, a quienes se castiga con el aislamiento afectivo y la extorsión emocional: a mayor feminidad mayor oferta de cariño y atención. Para las chongas que nos perdemos en las entrelineas de lo lésbico mujeril y lo trans varonil, y nos encontramos en el gesto interruptus del régimen óptico del imperio heterosexual, encarnando la falla y el fracaso de la norma.

Dicen por ahí que somos desaliñadas. Un poco cierto es, nos salimos de las líneas que dibujan la belleza hetero y también la de lesbiana chic & vip. Y en parte se equivoca, porque aliñarse chonga  lleva su tiempo, sus minucias, sus astucias, sus tretas. Ponerse chonga es un arte de la imitación y de la creación apasionada. Chongocopia, copia de copia reinventada sin original.

Nos acusan de pretender usurpar las prerrogativas de la masculinidad hegemónica: el poder, la fuerza y la dominación…y si fuera así, ¿cuál sería el problema? O ¿para quién se convierte en un problema? ¿por nuestro deseo de poder?  ¿ porque nos enseñan que portar concha nos inhabilita socialmente para el poder? Somos okupas del género dominante porque creemos en la libre circulación de los códigos por y en los cuerpos. Algunas queremos esas licencias para transformarlas, otras ni ahí. Y en esa cadena de imágenes en la que la gente produce su propia película, nos meten de prepo en la cama, de manera unívoca, como penetradoras inalterables. Pobre imaginación sexual la de nuestra cultura. Chongas las hay de todas las formas de coger, de prácticas más fluidas, más rígidas, más salvajes, más vainillas, más hard core, más sluts. No todo se anuda tan fácilmente, por suerte.

Y en este homenaje destaco la ternura. La ternura de las chongas que se vuelve ilegible a los ojos hetero y homonormativos. Y no es para certificar que “algún rastro de mujer nos queda”, sino para desconectar de y desconcertar a, la máquina normativa que mira, piensa y siente sólo de a dos. Porque interferir la administración dicotómica de los repertorios sensibles y de afectos disponibles es parte de desprogramar nuestro aparato perceptivo heterosexual. Porque la ternura no debería ser un atributo privativo y excluyente de un género determinado, ¿no?

Un sencillo y emotivo halago para las chongas, para abrir, tan sólo, un espacio placentero en los entretelones de la vida del género donde circule la ternura sin nombre propio.

val flores: escritora maestra tortillera masculina feminista heterodoxa queer prosexo postfugitiva sudaka antiespecista

Originalmente publicado en mayo del 2012 en: http://escritoshereticos.blogspot.mx/2012/09/la-ternura-de-las-chongas.html

 

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