Fez y especismo

Fez y especismo

Por Diana Carabali *

Desde hace meses he venido interesándome por las teorías feministas y antiespecistas por una razón muy concreta. En sus análisis, he logrado descifrar y traducir en palabras un malestar que siempre he llevado dentro de mi desde pequeña y que se manifiesta cada que veo a un ser sufrir, en especial a un animal. Mi interés más visceral, no nace sólo por el sufrimiento de la especie humana o por el de la mujer en concreto; sino, por el sufrimiento de seres de otras especies que considero más vulnerables por, supuestamente, carecer de capacidad de habla y agencia para defender sus intereses ante la imposición del humano, razón por la que siguen siendo, hoy por hoy, lxs más esclavizados, objetivados y ninguneados en nuestra sociedad.

Empecé a entender de feminismo desde dos perspectivas: Como colombiana, desde los movimientos feministas latinoamericanos, y como migrante en Europa, desde las perspectivas feministas europeas. Mediante esta dialéctica entrelacé problemáticas que a un principio parecen dislocadas por pertenecer a contextos muy distintos, pero que al estudiarlas detenidamente, comprendí que estaban estrechamente vinculadas, dado que problemas como el extractivismo, la neo-colonización, la explotación laboral y las luchas animalistas se encuentran enmarcadas dentro de un capitalismo salvaje neoliberal, y este funge como germen y motor de todas estas tropelías que afectan a la vida y al buen vivir. Es por ello, y ya no solamente por una cuestión ética, que entendí que los planteamientos feministas debían cruzarse necesariamente con el antiespecismo y que ese entendimiento es fundamental para deconstruir esta era capitalista que ha sido decidida, orquestada y dominada por varones que han tenido la osadía de dividir a las sociedades en categorías de clases, sexos, razas (aún en pleno siglo XXI), religiones, etc. Siempre tomando como elemento central la desigualdad, que en términos prácticos se traduce en el sufrimiento y la opresión de lxs más vulnerables.

     En este proceso de acercamiento a las teorías feministas y antiespecistas que me invitaban a constantes reflexiones, realicé un viaje a la Medina de Fez en Marruecos donde las experiencias que viví me llevaron a profundizar más en dichas teorías y a encontrarme con un antes y un después de lo que representaba para mi el significado de ser feminista y antiespecista. Cuando decidí viajar a Marruecos, sabía que allí me iba a enfrentar a otro mundo, no sólo por ser la primera vez que viajaba al continente africano, sino por que vería desde una sensación de extrañamiento al especismo y al patriarcado. En esta cultura sedimentada por la objetivación de los cuerpos de otras especies y el dominio sobre la capacidad de acción de la mujer, fue inevitable darme cuenta como en el mundo occidental el patriarcado y el especismo se guardan bajo el disfraz de las sociedades estéticamente libres, igualitarias y democráticas, y sin embargo, aquí en esta ciudad amurallada en medio del desierto, se viven a pie de calle y se respiran a flor de piel.

    Otro factor que me llamó la atención en la Medina de Fez, es su modelo productivo, en el cual, el comercio entre los locales y los turistas es el motor principal de su economía. Dentro de este esquema de transacciones los bienes de uso están constituidos principalmente por los cuerpos de seres sintientes que han sido arrebatados de su capacidad de vivir. Dichos “bienes” se transportan en las espaldas de otros cuerpos sintientes sometidos y explotados por hombres, que por su misma situación de precariedad están sumergidos en su pobreza y su miseria infértil de creatividad alguna para imaginar un mundo que evite tanto dolor a los animales. No obstante, mi visión antiespecista no evita que entienda que en este sistema global donde estamos vertidos, las sociedades más pobres son víctimas de políticas que favorecen a una minoría elitista y que el peso cultural que enmarcan sus acciones, sostienen sus identidades y tradiciones; sin embargo,  en este relato como lo dije anteriormente, parto desde el sufrimiento y ello me obliga también hacer una critica a los desposeídos.Un burro llorando sin parar a causa del dolor de su agotamiento físico. La mirada insensible de los hombres, las lágrimas y el agotamiento de los burros, me obligaron a llamarle la atención a la normalidad de esta especie de prisión, donde, si bien, yo podía salir por voluntad propia, los animales tenían el único augurio de padecerla hasta fallecer.

     En mi breve estancia, realicé una intervención que consistió en regalarles a las personas una tarjeta que explicaba la definición de el concepto Especismo y una vez que leían el concepto, les pedía ser fotografiados con la tarjeta y con los animales explotados. En este recorrido me dirigí concretamente a los hombres que obtenían un beneficio económico abusando de los animales; algunos de ellos no entendían qué les estaba tratando de decir, otros directamente se ofendían y no faltaba aquel que quería dinero por fotografiarle, pero en general, todos accedieron a ser retratados con una tarjeta que les etiquetaba de especistas. Con ello lo que intentaba era incidir en su normalidad y robar por unos momentos su atención para mostrarles que aquello que ellos hacen en su vida cotidiana para obtener su sustento económico, esta generando sufrimiento a otros seres sintientes. Si bien cada cultura tiene su propia individualidad y modo especifico de relación que liga sus partes entre sí, como visitante y mujer me sentí con la necesidad de atreverme a criticarles y cuestionarles dado que es un problema global y que tanto en occidente como en el mundo árabe, las distintas sociedades no son capaces de diferenciar a un objeto de un animal.

En síntesis, con esta serie de fotografías documentales, buscaba retratar la reacción de la gente al enfrentarlas con el concepto de Especismo y su perplejidad ante que una extranjera llegue y cuestione lo que ellos consideran la experiencia real de su vida común. Buscaba hacerles ver que  lo que consideran comercio en realidad es una masacre y que en este sistema de esclavitud estamos involucrados todo el mundo.

La visita a Fez, me arrojó a la urgencia de participar de una manera activa en la construcción de mecanismos que subviertan la desigualdad establecida por el hombre sobre las demás especies y a la necesidad de hacer activismo con las herramientas y limitantes que tengamos, sin dudar en irrumpir en los espacios donde se viole y prive la libertad de vivir de otro ser, partiendo siempre desde la empatía al eterno sufrimiento y la infinita tristeza que viven día a día millones de animales en el mundo.

Con todo ello, no puedo pasar por alto, a pesar de los momentos incomodos y otros tantos tristes, los aprendizajes que me dejó la historia de estas tierras, la belleza de su riqueza cultural, sus paisajes y sobre todo su gastronomía vegana. La amabilidad de la gente imperó en mi visita a Fez desde que pisé su suelo hasta que partí. Además, fue muy impactante ver cómo la gente, aún con escaso poder adquisitivo, ayudaban con dinero a las migrantes sirias que habían llegado hasta la ciudad huyendo de la guerra. Todo ello me hace reflexionar que es posible confiar que en algún momento los seres humanos lograremos abrazar a las otras especies como nuestras semejantes y entenderemos como objetivo esencial de nuestra existencia el cuidar y proteger la vida de todos los demás seres sintientes.

dianaDiana Carabali. Comunicadora social y estudiante de antropología involucrada en las luchas antiespecistas y feministas. Creadora de El Gorila Rojo, espacio de difusión antiespecista, feminista y decolonial.

*Artículo publicado originalmente en http://elgorilarojo.org/

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