Entrevista a Antonio Marquet

Entrevista a Antonio Marquet

por Benjamín Martínez Castañeda

Antonio Marquet (Ciudad de México, 1955), es Doctor en Literatura Latinoamericana, desde 1983 es profesor-investigador en la UAM Azcapotzalco. Es pionero de los estudios LGBTTTI en México, ha escrito tres libros relacionados a la cultura gay del México contemporáneo; éstos son: ¡Que se quede el infinito sin estrellas!: la cultura gay a fin de milenio (UAM, 2001), El crepúsculo de heterolandia: Mester de jotería (UAM, 2006) y El coloquio de las perras (UAM, 2010).

México D.F. Abril 2015, para mí es un honor poder entrevistar a Antonio Marquet, la primera vez que supe de él, fue mientras realizaba unas compras en la tienda destinada a la comunidad gay “Rainbowlanda”; estaba husmeando en su librería, y se me atravesó su lirbo ¡Que se quede el infinito sin estrellas! Al hojearlo encontré varios artículos de mí interés, he de aclarar que yo me encontraba escribiendo mi tesis y se relacionaba con la jotería, concepto que desarrolla a la perfección Marquet. Sin pensarlo más lo compré y así comenzó mi relación de aprendiz con Antonio.

Cuando Hysteria! Revista me invitó a coeditar este número titulado “Rosa marica”, me veía obligado, temáticamente hablando, a realizar algo sobre Antonio Marquet, pensé en un ensayo sobre él, pero sería mejor una entrevista; y así poderle preguntar las cosas que me intrigan sobre su teoría. A continuación la entrevista.

¿Se quedó el infinito sin estrellas?

No se ha quedado sin ellas: no hay caso de que se quede desestelarizado. ¡Que se quede el infinito sin estrellas! es el título de mi primer libro, ahora agotado, sobre cultura LGBTTTI que data del año 2000. El título tiene un sentido programático: al final de la introducción señalo que la voz de la comunidad elegebetera se ha de oír, cueste lo que cueste, así se tenga que quedar el mismo infinito sin estrellas. Otra manera de expresar mi punto de vista sobre la fuerza de la cultura elegebetera es que (ya) no hay forma de mantener a la comunidad amordazada. Paralelamente este potencial cultural debe encontrar nuevas salidas, nuevos géneros, nuevos estilos. El segundo libro que escribí lleva como subtítulo Mester de Jotería (fue idea de Severino Salazar) y tiene también un sentido de renovación: la comunidad LGBTTTI ha de encontrar su propio lenguaje y ello va a provocar una revolución comparable con lo que se produjo con los dos mesteres medievales, el de juglaría y el de clerecía, que afianzaron a la lengua castellana y marcaron el nacimiento de la literatura española. La expresión cultural de la comunidad dará origen a otros vocabularios; a nuevas formas de narrar: recordemos la revolución formal del Vampiro de la colonia Roma, o el carácter fragmentario con el que se presenta una de las novelas gays mexicanas más importantes: Púberes canéforas, o el significado del Moridero en Salón de Belleza como respuesta a la insuficiencia institucional. Recordemos al cabaret a la manera de las reinas Chulas o de César Enríquez en sus Disertaciones de la chingada o con sus Eunucos, Castrados y cobardis; o la música de Tareke Ortiz: el festín de juegos de palabras que representa “En la Condesa…”

¿Qué es la jotería?

Es un movimiento espontáneo al mismo tiempo liberador y provocativo; descarado e íntimo, quebrado y empoderado. La jotería es una reacción compleja y poderosa que sale del alma misma de quien ejerce el dispositivo joteril. Se equivocan quienes la consideran como cosa sin valor: la jotería es liberadora, empoderadora, modeladora. La jotería no conoce medias tintas. Siempre es plena y robusta: es inconfundible. La jotería va desde una entonación, un inesperado movimiento de manos, de ojos o cadera, una manera de ponerse de pie, de mirar, reír. La jotería desquicia el orden gramatical, la concordancia, inventa palabras, muletillas… La jotería altera los sistemas de representación de género, el dispositivo de oposiciones binarias. La jotería es lúdica y espontánea. Al mismo tiempo es arma de guerra. No es inane ni queda sin consecuencia en el almidonado mundo de las apariencias, del decoro, del sottovoce. La jotería es la cosa más vista por tirios y troyanos. La sociedad supremachista en la que vivimos, carece de una solución de negociación frente a ella: solo tiene la censura, la reprobación, el aspaviento severo y la tentación de la represión violenta. La jotería está consagrada a los espacios públicos. Es la fantasía y la transgresión colocada en lo público de manera juguetona, creadora, humorística, franca y directa. Uno se puede preguntar si el golpe de pecho es sincero. De la jotería uno ni lo pregunta: ¡es sinceríxima! Acabo de ver Xenia, película griega de Panos Koutras de 2014, donde Daniel, el protagonista provoca con su vigorosa jotería tanto a los ultraderechistas griegos como a los nacionalistas albanos que sienten como una humillación insoportable las flameantes joterías de este joven mitad albano de solo quince años. Entre cinco machos se proponen darle una paliza para asfixiar la jotería… ¿es preciso decir que no lo logran? Porque la jotería es indomable, implacable, inagotable. Políticamente la jotería es altamente peligrosa: la jota arriesga la vida con temeridad y se enfrenta a grupos dispuestos a aporrearlo. Recordemos el enfrentamiento de Lemebel con el autoritarismo pinochetista; recordemos a las jotas del Bar Stonewall y la estela que un acto de rebeldía entaconado ha dejado en la historia universal.

¿Qué es el Coloquio de las perras?

El coloquio de dos perras es cosa imposible. Sin embargo, se ha venido realizando. Para Cervantes, que escribió la novela corta “El coloquio de los perros” y la incluyó en las Novelas ejemplares, el mejor punto de observación de la sociedad es desde los ojos de Scipión y Berganza, dos perros tan agudos que hablan a la puerta de un hostal. Desde el punto de vista de esas dos perras mayores que son la Superperra Oswaldo Calderón y Ego, la Supermana, El coloquio de las perras (título de mi tercer libro sobre cultura elegebetera, dedicado a las Hermanas Vampiro y a la política del perreo) se tiñe de tensión y violencia. Con los colores más oscuros de la misoginia, clasismo, racismo y de las palabras atroces de Oswaldo Calderón. Estoy contra la violencia: todos sabemos que la violencia solo atrae mayor violencia. Pero es importante no quedarse callado y responder en clave de perreo a la agresión supremachista, venga de donde venga. Con humor y veneno, con rapidez y tino, con seguridad y en voz alta. Hay que responder creativamente a las nuevas formas de violencia supremachista que se produce en México: el silencio equivale a la muerte, todo gay lo sabe.

¿Es posible hablar de una Nación marica/jota?

Sí lo es. Se trata de una nación desterritorizada o desterritorializada. Una comarca de acogida emocional para la comunidad elegebetera de todos lados que se identifica con las producciones de otros que han vivido en cualquier coordenada, el supremachismo de diversas maneras (golpes, injurias, exclusión, marginación, aislamiento, soledad, burlas, angustia, encarcelamiento, pena de muerte, lapidación y un largo etcétera). Desde las fortalezas de esos espacios simbólicos que son las producciones culturales elegebeteras, es posible sobrevivir al supremachismo, elaborarlo, superarlo. Esa nación marica es imprescindible: los mexicanos al grito de guerra no incluyen a la comunidad LGBTTTI.

¿Cómo ve el movimiento LGBTTTI en el México de hoy en día?

Hay nuevos retos, nuevas dinámicas, nuevos horizontes. El mayor reto de la comunidad LGBTTTI es lograr que la Ley Razú sea válida en todo el territorio nacional. La modificación a la Ley de Matrimonio en la Ciudad de México de diciembre de 2009 es un acontecimiento mayor cuya trascendencia no se ha entendido cabalmente. Muchos países no conocen este tipo de avance, importante para los derechos humanos y el empoderamiento de un nuevo sujeto, verdaderamente sujeto de derecho, de todos los derechos. Es preciso identificar a quienes se oponen a que sectores de la población gocen de todos los derechos. A quienes se oponen a una sociedad plural, democrática y laica. La iglesia quiere a un sujeto arrodillado y manipulado a través de la culpa. La comunidad LGBTTTI quiere estar y vivir de pie, con dignidad y gozando de los derechos de los que se le privó por milenios. No es cualquier cosa. Se trata de dos visiones de sociedad: una jerárquica y otra de iguales.

¿Cree en el movimiento de políticas cuir?

¿A qué te refieres?

Me refiero a un fenómeno que está pasando entre las generaciones más jóvenes, hemos encontrado en la política queer un espacio que nos puede dar voz y que nos diferencia un tanto de la comunidad gay. Las políticas cuir (nosotros la hemos apropiado así por cuestiones de lengua y localidades) nos han servido para entender los cuerpos desde su estado más natural, nos posicionamos desde lo cuir como respuesta al patriarcado, la normatividad (hetero y homo), la blanquitud. Es un movimiento un tanto disidente de la comunidad lésbico-gay. Me gustaría saber, qué sabes tú al respecto y si crees en estas políticas decoloniales queer/cuir.

Son muy importantes. Sobre todo porque descolonizar es urgente. No se puede encender la TV en un canal nacional sin que el racismo nos golpee excluyéndonos. Se necesita ser blanco, de ojos claros o enrubiecerse para aparecer en las pantallas. Ningún moreno debe aparecer y si lo hacen es como servidumbre o en las noticias como manifestantes revoltosos. La clase en el poder es blanca. Hace algún tiempo cuando se desplomaron helicópteros bajo el reinado de Calderón, el pequeño, en un diario extranjero señalaban el absurdo de subirse a un helicóptero para desplazarse 20 ó 50 kms. Señalaban que el propósito es apantallar a los indios cuando el político desciende de los cielos volando. A este nivel es el desprecio que merecemos en tanto que ciudadanos para el político.

En nombre de Hysteria! Revista, agradecemos el tiempo y las palabras de Antonio Marquet.

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