El rosa inesperado. Sobre Carol, de Patricia Highsmith

El rosa inesperado. Sobre Carol, de Patricia Highsmith

ilustración por Liliana Ang

ilustración por Liliana Ang

Eva B. Castañeda Palacios

Se dice que El precio de la sal de Claire Morgan fue la primera novela en su género en tener un final feliz: las dos protagonistas quedan juntas. A mediados del siglo XX, las novelas de corte homosexual terminaban en suicidio, reivindicación heterosexual o soledad. Los protagonistas eran castigados por su perversión. ¿Por qué esta novela tuvo un final feliz? El nombre de Claire Morgan es el pseudónimo que utilizó Patricia Highsmith para publicar esta novela en 1952, pues sus editores se negaron a hacerlo; sin embargo la novela tuvo mucho éxito entre sus lectores homosexuales. En 1989 se reedita El precio de la sal con el título de Carol y ya bajo la firma de Patricia Highsmith. Ella escribe en su prólogo que desde 1952 a esa fecha habían llegado muchas cartas de los admiradores agradeciéndole por escribir una novela con dicho final, por escribir una historia parecida a la suya, y por no saber qué hacer siendo homosexuales y viviendo en un pueblo aislado. Highsmith siempre repudió la moral recta del pueblo norteamericano y, en alguna ocasión, dijo que el final que le había dado fue una especie de burla a la hipocresía que imperaba en esos tiempos. Patricia dijo en alguna entrevista que su novela se basaba en la imaginación, porque “(…) cuando estás enamorado estás en un estado de locura.”

Patricia Highsmith (Forth-Worth Texas 1921- Locarno, Suiza 1995) fue una escritora norteamericana exitosa, polémica y aislada de la sociedad. La psicología de sus personajes no era la psicología optimista que se aceptaba a mediados del siglo XX, tras la Segunda Guerra Mundial, al contrario, sus personajes eran oscuros, profundos, de moral flexible, atormentados, no por querer hacer el bien, sino por sus propios pensamientos, por sus verdaderos deseos; son atormentados por el egoísmo, por no poder gozar más de éste.

Obtuvo fama y éxito por Extraños en un tren, publicada en 1949 y por la saga de El talentoso Mr. Ripley. De estas novelas se hicieron varias adaptaciones cinematográficas, de la primera por Alfred Hitchcock en 1951, titulada Strangers on a train y de las segundas, dirigida por René Clement en 1960 llamada Plain soleil, y The talented Mr. Ripley, por Anthony Minghella en 1996.

Carol trata del enamoramiento de una joven mujer, Therese Belivet, de una bella y elegante rubia de edad madura llamada Carol Aird.

En Carol surge el confuso amor, inexplicable, pero amor indiscutible. El amor es algo que sobresalta y toma por sorpresa a quien lo experimenta, y más en el caso del amor entre mujeres. ¿Cómo es posible que de pronto al ver a una hermosa mujer, Therese se turbe de tal manera que desee verla nuevamente, que quiera saber más de ella? ¿Cómo puede existir ese llamado flechazo de amor tanto en Carol, como en la vida de muchas mujeres?

Es muy posible que tanto los homosexuales de mitad del siglo XX, como los de esta segunda década del siglo XXI se identifiquen con Therese y con Carol.

LA VIDA GRIS

Therese tenía una vida simple, opaca, vendía muñecas en el departamento de juguetería de un almacén llamado Frankenberg, en Nueva York. Este era un empleo por temporada, pues no había podido obtener un trabajo de escenógrafa en meses. Su vida era gris y fría, se sentía asfixiada y atrapada. Durante la visita que hace a una colega de trabajo, la señora Rubichek, tiene un ataque de nervios, observa la miseria de la casa. Se siente encerrada en el vestido que se prueba y que la señora Rubichek quería regalarle. Es la angustia de la vida cotidiana, el miedo a la vida entera dedicada a un trabajo que no le gusta, un trabajo forzoso, como el de la señora Rubichek, que no puede hacer nada más que eso, debido a su fracaso laboral y físico. Therese es invadida por la angustia y se desmaya. Al volver en sí, escapa del departamento de la señora Rubichek; no desea saber más de esa vida.

Therese tenía una relación “inconexa y sin cimentar” con Richard, su novio, con quien había tenido ocasionales relaciones sexuales no placenteras. Ella desea escapar de Richard, sobre todo cuando éste le recuerda de los planes de viajar a Europa.

Therese, como muchas mujeres, no se encuentra cómoda con la vida que tiene. Siente que algo no encaja, que ella no encaja, que los patrones sociales a los que ha sido sometida no van con ella. Todo eso no lo sabe, lo percibe solamente. Ese aburrimiento de la vida cotidiana, esa angustia, son síntomas de que algo en la vida no está del todo bien.

LA MAGIA DEL ENCUENTRO FORTUITO

El encuentro mágico se dio cuando miró a la señora Aird en el almacén. Ella, rubia, esbelta y grácil, vestida con un abrigo de piel, la vio también y se le acercó. Therese quedó prendada de ella a tal grado que se aprendió la dirección que la señora Aird le dio. Le manda una tarjeta de navidad con el simple, hasta torpe mensaje de: “Con un recuerdo muy especial de Frankenberg” y su número de vendedora, ni siquiera su nombre. Ese momento de nerviosismo, de enamoramiento, es el comienzo de un viaje hacia la verdadera vida de Therese, una vida que no sabía que quería, hasta que la tuvo al alcance de la mano, y hará todo lo posible por vivirla.

Therese y muchas más mujeres han experimentado esa sensación casi indescriptible; la atracción incontrolable hacia la otra persona, hacia la que no sabían que podrían sentirse atraídas. El sentimiento bonito de querer desentrañar el misterio de la otra persona porque inexplicablemente te gusta. Todas alguna vez, como Therese, pensamos en decirle a esa persona que nos atrae: “Usted es magnífica”, “La quiero”, sin saber exactamente por qué se quiere hacer, sin poder cuestionar, simplemente se quiere.

Therese recibió una llamada telefónica al almacén; resultó ser la señora Aird, quien la cita a comer para el día siguiente. Therese está emocionada, ¿quién no lo estaría si la persona que te gusta mucho se comunica contigo y concierta una cita?

Durante la llamada telefónica, Carol Aird se muestra divertida y agradable, complacida de que quien le envió la tarjeta navideña haya sido la vendedora y no algún dependiente anónimo del almacén. Logran quedar en verse antes de que la comunicación se cortara abruptamente. Esos accidentes que provocan nerviosismo son los que dan la emoción de la incertidumbre. ¿Carol habrá quedado bien con Therese para poder encontrarla al día siguiente?

LA FELICIDAD A TRAVÉS DE UNA MUJER

En su primera cita durante la hora de comida de Therese, ella ve los detalles sobre Carol, sobre su físico: “Su risa era un sonido más hermoso que la música. Le dibujaba leves arrugas en los extremos de los ojos mientras fruncía sus labios rojos para aspirar el humo de su cigarrillo”. Sobre su manera de expresarse: “Therese pensó que le había dicho que era guapa con tanta soltura como si estuviera refiriéndose a una muñeca.”

A Therese le gusta esta mujer y nota los gestos y los guiños, los mismos que causan felicidad cuando se les descubre por vez primera en la persona amada, esos mismos detalles que hacen que resurja el enamoramiento aún con el transcurso del tiempo.

Therese la observa como se observa algo maravilloso, mira cómo se recuesta en el asiento, cómo es su figura; aprecia el aroma “seda verde oscuro” de su perfume y desea enterrar su nariz en el pañuelo de Carol. Está encantada, pero no hace nada por impresionarla, cuenta pocos detalles de su vida y a lo poco que cuenta le da poca importancia. Se preocupa por Carol, no desea aburrirla, quizás porque no ve en su vida muchas cosas de importancia, quizás por timidez. Therese decide que desde ese día será feliz, porque su pasado no importará más, porque Carol, para ella se convierte en un ser al cual admirar y adorar, la empieza a idolatrar y no quiere causar ninguna molestia. Eso se ve cuando Therese es invitada por primera vez a casa de Carol.

LA VIDA ENIGMÁTICA DE ESA MUJER

Therese se encontraba incómoda en la casa de Carol, por el nuevo ambiente. Miraba a Carol preocupada y distante. Carol logró reponerse a sus extravíos y mostró sincero interés por ella. La llevó a recostarse, pues la vio cansada. Un gesto delicado puso en manifiesto la ternura que Therese desprende en Carol, ésta le dio un masaje en el cuello y besó en el nacimiento del cabello, la acostó en la cama y le llevó un vaso de leche. Carol interroga a Therese, y ella, pese a su renuencia de hablar sobre su pasado, le cuenta todo. Cuando logra relajarse, entra Harge, el exmarido de Carol y Therese debe retirarse. A pesar de su anticipado regreso, Therese sintió “un bosque radiante con miles de hojas trémulas.”

Un acercamiento semejante con el ser amado deja a cualquiera sorprendido, pensando en ella todo el día y la noche. Esperando con ansias que llegue el momento de volverle a ver.

Aunque, ¿no es el beso en el nacimiento del cabello un gesto maternal? ¿Será el amor más tierno, el maternal, el que se busca entre dos mujeres? ¿Será el resguardo en el seno materno lo que hace que las mujeres deseen estar juntas? Esa sensación de cobijo y seguridad es la que facilita…

EL EMBRUJO

Therese busca complacer a Carol: empeña una medalla para hacer un regalo de Navidad. Se pregunta sobre las relaciones de pareja, sobre el matrimonio; se pregunta si lo que siente por Carol es amor. Comienzan a involucrarse en sus vidas mutuamente, intiman. Therese sintió celos de Carol cuando ésta mostró demasiado interés por Richard. Ella aún no sabe nada sobre la historia de Carol. La deslumbra su aparente frialdad, su forma de hablar y de actuar. En una charla, Carol le cuenta de la sexualidad:

“Creo que el sexo fluye de manera mucho más ociosa en todos nosotros de lo          que queremos creer, especialmente de lo que los hombres quieren creer. Las         primeras aventuras no suelen ser más que una manera de satisfacer la           curiosidad y después de eso una intenta repetir las mismas cosas, tratando de      encontrar (…)un amigo, un compañero o quizá alguien con quien compartir algo (…) Quiero decir que la gente a veces intenta encontrar a través del sexo             cosas que son más fáciles de encontrar en otras maneras”.

Me detengo aquí en la vida de la autora. Patricia Highsmith murió en Suiza y dejó estipulado que sus documentos quedaran en dicho país. Hoy en día están en los Archivos Literarios Suizos, en Berna. Mientras vivió poco se supo de su vida privada, tras su muerte se dieron a conocer los escritos privados de Highsmith, incluidos los diarios. La vida de la autora estuvo marcada por una mala relación con su madre, el odio hacia el padrastro, la culpa por su lesbianismo y las múltiples parejas sexuales y relaciones amorosas que terminaron mal.

Lo que dice Carol aquí es lo más parecido a lo que vivió Highsmith durante su despertar sexual. Highsmith asumió su lesbianismo y tuvo múltiples experiencias. Algunos afirman que este saltar de relación en relación denotaba una constante búsqueda del ideal amoroso.

Hasta aquí la autora y sigamos con la obra. Carol es una novela del descubrimiento amoroso de una mujer por otra mujer, el de Therese, y de la liberación femenina, gracias al amor de otra mujer: Carol. ¿Cómo sucede todo esto?

Hasta ahora he puntualizado los inicios del enamoramiento de Therese hacia Carol.

Therese descubre que puede enamorarse de una mujer, se lanza al vacío por ella, rechaza a su prometido. Éste, Richard, intenta rescatarla de esa otra mujer y está convencido de que lo que siente su ex prometida hacia esa otra mujer, es pasajero. Ella corta con él definitivamente y emprende el viaje hacia el oeste de EEUU con Carol.

Durante el viaje, descubre los verdaderos sentimientos de esta última, vive el sueño de libertad, huye con ella y la espera.

Experimenta finalmente el amor físico y placentero, pero el sexo, como le dijo Carol, es parte de la convivencia. Cómo pueden tener relaciones sexuales, cómo pueden jugar con sus pies bajo la mesa. El sexo no es el centro medular de esta relación lésbica, lo es el entendimiento mutuo, el apoyo, la complicidad. El mundo de Therese se concentra en Carol. ¿Es necesario que el mundo de una fusione con el mundo de la otra para formar una relación amorosa? Tal pareciera que sí, que para que una relación lésbica fructifique ambas deben fundirse hasta olvidar sus identidades y así volar hacia la libertad de su amor.

Carol, en cambio, se siente libre al lado de Therese, se siente así porque admira su juventud y su nulo yugo, desea hacer como ella y simplemente desaparecer. Desea ser ella misma de nuevo, vivir, ser feliz, amar a quien quiera y no dejarse llevar por las normas sociales que le han sido impuestas, sobre todo por la familia de su exmarido, porque con él todo es cuestión de posesión. Carol ha sido la posesión de Harge durante su corto matrimonio y él aún desea tenerla, no por amarla, sino porque ha sido suya.

EL ENEMIGO

Harge actúa como un enemigo silencioso del amor entre Carol y Therese. Durante su viaje hacia el oeste de EEUU, ellas han sido perseguidas por un investigador privado contratado por éste para obtener información sobre las relaciones que ambas sostienen. Él desea aún controlar la vida de Carol. Aunque no la quiere consigo, pero tampoco la quiere con alguien más y mucho menos con una mujer. Nada más humillante que tu exmujer se vaya con otra, además del desperdicio que significa que una mujer atractiva se vaya con otra mujer. ¿Cómo ésta puede hacer su vida y romper las normas sociales? ¿cómo una mujer es capaz de buscar su propia felicidad por encima de los valores familiares y hasta por encima de sus hijos?

Harge contratará al investigador privado y usará las leyes estadounidenses a su favor con el fin de que Carol se rinda y acceda a las peticiones de su familia, para que ella tenga derecho de ver a su hija Rindy unos cuantos días al año.

A pesar de ello, ambas emprenderán la huída. Carol quiere a su hija, pero desea su libertad. En este punto, ella no está huyendo hacia la felicidad, sino de sus responsabilidades. Cuando no puede más con las intimidaciones de su exmarido, hace un alto en el viaje y regresa a Nueva York para arreglar su divorcio. Therese queda en esperar su vuelta.

EL AMOR

¿Qué es el amor después de todo? ¿El sentimiento madre-hija de Carol hacia Rindy o la fascinación de amar en libertad a Therese?

Therese ha quedado decepcionada al saber que Carol no regresaría con ella y se vuelve a Nueva York. Allí, convencida de que Carol se ha rendido a los deseos de Harge, se desprende de su recuerdo y emprende su propio camino. Cambia de vestimenta y busca trabajo nuevo como escenógrafa.

Pasado algún tiempo, Carol la ha citado en un bar. Therese sólo quiere entregarle las llaves del auto que las llevó por el país. Carol desea decirle algo más: “El apartamento es bastante grande para dos. Esperaba que te gustara y que      quisieras venir a vivir conmigo, pero supongo que no querrás…¿Te gustaría?”.

Therese titubea, se imagina la vida al lado de Carol, la vida que siempre quiso con ella, pero al final le dice: No.

Therese está descorazonada. ¿Qué otra cosa se puede pensar ante la inminencia de la derrota de la libertad del individuo ante los mandatos de la sociedad? Tal parece que toda relación homosexual, o no convencional, lucha no sólo contra los problemas que se puedan presentar en la cotidianidad, no sólo contra las incompatibilidades de los caracteres de cada quien, sino que también lucha, y muy duramente, contra la sociedad homogeneizante, contra las normas rígidas e indiferentes de las diferencias de todo tipo. Therese, empero, se muestra valiente y decide salir adelante, a pesar de la soledad, a pesar de saberse marcada por el escándalo. Ella sale y se enfrenta a sí misma. No cambia, descubre el velo que tenía sobre sí, mira sin miedo su presente y tiene ansias del futuro, aunque en él no vaya a estar Carol.

EL AMOR TRIUNFA

Therese estaba sola en una fiesta. Se siente atraída hacia una guapa actriz que acaba de llegar y, al parecer, la atracción es mutua. Sabe de pronto que esta mujer no le significará nada, que quizás sea una más.

En un arranque de cordura, Therese toma su abrigo y sale en búsqueda de Carol. La encuentra en el lugar donde ella le dijo que estaría, la mira sonreír, la ama nuevamente y avanza hacia ella.

Este final feliz es un final rosa, y también inesperado. Ante la liberación de Therese y el aparente retroceso de Carol, el lector no espera que ellas terminen juntas. Por un momento, durante la fiesta, pareciera que Therese ha dejado atrás a Carol y que su vida y su carrera tendrán un nuevo comienzo. Carol, en cambio, permanecerá sola, sin el cariño de su hija y trabajando en una mueblería.

En realidad ¿quién dejaría pasar la oportunidad de tener la vida con el amor? ¿quién no dejaría todo ante la posibilidad de una vida llena de dicha? ¿En realidad no olvidarían los tragos amargos cuando venga el ser amado a ofrecer su hermosa compañía y su corazón?

Referencias.

HIGHSMITH, Patricia.- Carol. Anagrama, Barcelona, 1997

GUINOVART, Raquel.- “Patricia Highsmith. Placeres crueles.” 2010

http://lamaquinalamaquina.blogspot.mx/2010/04/patricia-highsmith-1929-1995.html

GROVE, Axel.- “Las sombras sexuales de la escritora que prefería ser hombre.” 2011

http://blogs.20minutos.es/trasdos/2011/11/16/amantes-de-patricia-higsmith/

MORA, Rosa.- “Los secretos de Patricia Highsmith. La escritora más enigmática”, en El País, 18 de mayo del 2012

http://elpais.com/diario/2002/05/18/babelia/1021678750_850215.html

 

rosainespEva B. Castañeda Palacios. (México, 1983) Egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Hispanista y soprano-mezzosoprano. Profesora de creación literaria y de alemán. Estudia el kitsch en la literatura mexicana del siglo XX. Canta en diversos grupos corales con obras desde Vivaldi hasta Britten. Como solista canta Lied alemana.

http://merahueva.blogspot.mx

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