Diarios de una novia en acción: Más allá del beso / dislocar lo sentidos.

Diarios de una novia en acción: Más allá del beso / dislocar lo sentidos.

Por Jerry Shaw

Promesa

 En una tarde cualquiera

en el momento preciso

saldré al encuentro de tu boca

me llenaré de sol en el verano de tu vientre

besaré con la palma de mi mano

el pico de tus pechos-paloma

te regalaré un caracol entero

para depositarlo entre tus muslos

floridos por un deseo a punto de ser descubierto

tras un amor de esencias

frente al mar.

Durante mi historia personal los proyectos de intervención artística que he decidido llevar a cabo no se inscriben en el ámbito de lo artístico al nivel de la representación y con el peso de lo simbólico, sino que constituyen un trabajo de intervención versátil, flexible contextuada, que cambia con las condiciones del espacio y las personas con quienes he venido trabajando. La palabra intervención sucede cuando decido acudir a un lugar determinado a hacer alguna acción o a compartir experiencias con quienes lo habitan, en este trabajo pongo mi cuerpo, mi compromiso pedagógico, artístico y político-social. La llegada supone un objetivo particular: desatar actos y prácticas nutridas por la pedagogía radical, el transfeminismo y los movimientos cuir que me permitan acercarme a quienes a simple vista están muy lejos de mí, pero a la vez muy cerca. Me interesa escuchar su experiencia y compartir el coraje, la desobediencia y el deseo tan profundo que me habita de cambiar las cosas en este mundo globalizado, patriarcal, androcéntrico, clasista y homo/lesbo/trans/interfóbico del cual somos parte.

Con mi propuesta busco, a través de hacer una crítica al rol que juega el arte y la cultura en el capitalismo de producción semiótica, tener efectos en mundos que no sea el mundo del arte. En lugar de eso, se dirige a problemáticas que vienen de otras partes de nuestra experiencia, de otras disciplinas y campos de conocimiento. Otra manera de señalar las fugas de mis proyectos de producción es marcando la distancia con los intereses del mercado artístico. La difícil relación que tienen con este mundo podría entenderse desde la búsqueda de Duchamp: por cómo hacer una obra de arte que no sea una obra de arte. Para mí eso es una proposición filosófica más que nada. Lo que deseo es hacerlo colisionar con la esfera social. Dejar las proposiciones filosóficas, en las que se plantea como problema ontológico la validez del trabajo artístico del urinario u otros objetos: no es una cuestión de porqué debe o no aceptarse un urinario como obra de arte, seguir pensando desde el arte mismo, sino pensar los acontecimientos artísticos desde una perspectiva sociológica o política o desde otros lugares: salir y entrar todo el tiempo del mundo del arte en sí. Trabajar hacia lugares que vienen de otros deseos, que vienen del deseo por hacer otro mundo, menos asqueroso. Pues, parece fácil a primera vista, pero vale la pena decirlo.

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Cuando me inicié como performancera me interesaba hablar de la poca visibilidad que tienen los hombres en el campo pedagógico y las múltiples maneras en que se impone una masculinidad y feminidad en las instituciones educativas, después hablé de mis encierros y de la manera en que me instalé en el CEFERESO Tepepan en 2009 para trabajar con las internas, acciones colectivas que construyeran la crítica al sistema penitenciario mexicano. Es importante decir que con la performance encontré una manera alternativa de compartir mi experiencia como persona en constante transformación en lo que a mi género e identidad se refiere, también es un medio que me permite dialogar conmigo misma y con los espectadores del trabajo que siempre se ven involucrados: la performance funciona para mí como un medio de incidencia social, poner el cuerpo ambiguo y abyecto en el contexto público y social se traduce en mi activismo particular.

Mi trabajo de performance fue cambiando con los años, se transformó de acuerdo a mis intereses y a las necesidades de los contextos. Hace un par de meses me hicieron una entrevista en la Ciudad de México y me preguntaron por qué me vestía de novia en la mayoría de mis intervenciones performáticas.

Cuando era estudiante de secundaria en una ocasión una compañera me dijo que yo jamás me iba a poder casar porque entre iguales era imposible, en ese momento había una parte de su discurso que era verídica, pero en el año de 2009 con la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo lo que me dijo se catalogó como una verdadera contradicción. Después de este logro y a manera de protesta, a esa y muchas voces que hablaban de esta imposibilidad, decidí vestirme de novia y tomarme algunas fotos como una manera política de lanzar preguntas en los espacios. ¿Con qué ideas estoy casada? ¿Con quién o quiénes? Lo imposible fue posible en aquel año. Casi siempre cuando me visto de novia las mujeres se me acercan y me dicen que luzco muy bien, que les recuerdo aquel momento en que por imposición o deseo se casaron, también hablamos sobre el arquetipo de la novia y todos los significados que tiene el atuendo, los cuales he trasladado a mi experiencia de vida.

El velo, por ejemplo, es la máscara que llevamos los seres humanos en el camino de vida, y los discursos que nos moldean y nos impiden ver y sentir lo que realmente deseamos. Creo que al ser un cuerpo biopolíticamente masculino y portar un traje de novia estoy desestabilizando y confrontando los disfraces que la sociedad nos pone enfrente y que conducen a una felicidad artificial, pero más que eso, es una manera de compartir que estoy felizmente casada conmigo misma y con mis decisiones, deseos, sentires y con un estilo de vida que me ha transformado: “No me caso con los discursos patriarcales y hegemónicos, me caso conmigo misma y con la independencia de mi cuerpo, con mis propios epitafios que están en mi piel”.

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Mi manera de hablar, moverme, mirar, y poner el cuerpo es bastante peculiar. Me interesa que en las intervenciones que hago se desaten emociones que nos permitan dialogar y generar cambios subjetivos, casi siempre escucho a las personas hablar de mí como alguien que les brinda confianza, afecto, ánimo y que les toma de la mano para continuar en sus procesos de reflexión. Tengo una fuerte dosis de espontaneidad, soy desenfadada; para explicarlo de otro modo, no veo a las instituciones como aquellas figuras que determinan tus movimientos y pensamientos. Me muevo en la cárcel y en la academia como lo hago en todos los lugares, nunca he sentido temor. Creo que las personas sienten mi acercamiento y mis deseos de compartir y construir juntas un espacio inexistente. La práctica amorosa ha sido fundamental en mi vida personal y como performancera me interesa politizar los afectos, hacer del amor una política radical de transformación —para mí— moverme y acercarme a los otros siempre influenciada por la energía afectiva es el camino a la colectividad más profunda, aquella donde nuestras historias de opresión, olvido, resistencia y falla se unen y se abrazan; nos permiten mirarnos y darnos cuenta de que somos iguales y de que podemos amarnos, caminar juntos por las veredas del patriarcado y un país cercado, sitiado y gobernado por un círculo que nos violenta cuando lo desea.

Me gustaría compartir con ustedes una performance que quizás deje más clara mi manera de hablar en este texto acerca de mis intervenciones e intereses dentro del campo.

Cito de los diarios:

En la performance Buscándote II llegué vestida de novia a Ciudad Universitaria (U.N.A.M.) llevaba en mis manos una pecera llena de arroz donde se encontraban escondidas muchas tarjetas que tenían palabras, un bote de crema y el perfume que casi siempre uso. El velo cubría mi cara y mis hombros y pecho estaban descubiertos. Eran las tres de la tarde del  cinco de Septiembre del 2013. La cauda del vestido se arrastraba por las Facultades de ingeniería, medicina, derecho y odontología, las que mi subjetividad me había dicho que debían de ser visitadas por la novia. Entrando a las facultades contacté con la mirada de quienes me veían a pesar de traer el velo, escuchaba gozosa los chiflidos y los piropos que de sus bocas salían, me miraban curiosos y me regalaban sonrisas. De pronto comenzó la acción: me acercaba lentamente a las personas que leía como hombres y les preguntaba si deseaban buscar un papel en la pecera, entonces, al escuchar mi voz con un tono sumamente grave la tensión se apoderaba de ellos y les impedía buscar la tarjeta. Sentían nervios y la mayoría desertaba. “Te miré de lejos y sentí que eras muy abierto” les decía antes de sacar el papel, lo cual los colocaba en una confusión verdaderamente fuerte pues yo podía mirar cómo dialogaban con la frase. ¿Si lo hago entonces soy abierto, y si no, no lo soy? pensaban y después lo hacían. Todas las tarjetas tenían una acción en común:

Levántale el velo a la novia y dile en el oído:

Lo que significa para ti ser hombre, el género, la violencia sexual, la sexualidad, el patriarcado, la masculinidad  etcétera.

Otras pedían que ellos compartieran conmigo sus temores, la razones por las que lloraron la última vez, su fantasía sexual, lo que estaban sintiendo en ese momento o lo que más le dirían a la persona que más aman.

Cada tarjeta terminaba con acciones afectivas para la novia como: darle un beso en la frente, en las mejillas, en las manos, untarle crema en el cuerpo, ponerle perfume o mirarle a los ojos. Había algunos donde podían elegir entre un abrazo, un beso o un secreto que la novia iba a hacer con mucho afecto para ellos.

Las respuestas fueron múltiples y muy interesantes, en primer lugar la tensión de los cuerpos ante el abrazo y las caricias era mucha, entonces tuve que acercarme para que se dieran cuenta que los prejuicios se pueden hacer a un lado y ahí cambiaba la situación. Recuerdo que a todos les conté mi interés por compartir ese momento con ellos y que respetaba mucho y admiraba su disposición, me miraban sin saber qué decir, pero yo podía leer su mirada y no era necesario llevarlo a las palabras. La imagen de la novia en espacios habitados en su mayoría por hombres era estética, invitaba y desataba deseos pero el elemento de la voz contradecía esos deseos y construía una polémica para una parte tan vulnerable en los hombres como es la parte afectiva, elemento negado, prohibido y muy invisible en su formación como hombres en la sociedad. Otra cuestión interesante era lo que sucedía cuando terminaba la acción. Recuerdo que un chico no podía hacerlo y al final decidió abrazarme y ponerme crema mientras me contaba lo que era para el ser hombre. Al final de la acción le volví a dar otro abrazo y le dije que lo admiraba, él me dijo en el oído “Gracias, ahora me doy cuenta que puedo ser sensible y que esto no me convierte en homosexual ni en otra cosa, aunque los que están a mi alrededor lo piensen”. Le di otro abrazo y mientras me alejaba no dejábamos de mirarnos, sonrío cuando lo recuerdo.

Otra de las acciones fue besarme a mí misma como un acto de apropiación de mi cuerpo, como una novia que se casa consigo misma y con sus ideales, percepciones y con el deseo de seguir dialogando con las estructuras subjetivas de las personas que influyen en mi entorno. Este acto también es una invitación a los lectores a que besen sus cuerpos y se den un abrazo, no hay nada mejor que trabajar en mirarnos a nosotros mismos, sentirnos y desearnos para poder salir al exterior y estar listos para los encuentros y desencuentros.

  • Kyke

    Excelente acción. No sabes de verdad cuanto te admiro y te amo. Besxs.

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