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¿Cuál Futuro? | Hysteria

¿Cuál Futuro?

imagen por Mal_ware

por Abigail Maritxu Aranda Márquez

¿Futuro?

Capitalismo neoliberal rampante

Heteropatriarcado narcisista

El cambio climático tan acelerado

Pandemia del Covid 19

Pandemia del VIH SIDA

Pandemia de los feminicidios y transfeminicidios

Las guerras interminables en casi todo el mundo

La guerra perdida contra el narcotráfico

La guerra contra nosotras, las mujeres y las mujeres trans

La trata de personas

Las hambrunas constantes en ciertas partes del mundo

El control mediático de la comunicación a través de las cinco corporaciones principales

El agua como una forma de valor o una mercancía en la Bolsa de Valores

La primacía del capital sobre los valores humanos

El 1% de millonarios, l@s 99% no hemos aprendido a contrarrestar ese poder económico

La política

La basura y los plásticos

Si en tu listado falta algo, inclúyelo aquí

Las preguntas siempre se deben plantear al revés. Partamos desde una lógica del presente, en algún momento del 2019, el virus que ahora denominamos Covid 19 se tornó primero en una epidemia urbana local en Wuhan, China. De pronto, fue declarada una pandemia mundial en febrero del 2020 y en México, desde 12 de marzo de ese año. ¿Teníamos previsto ese futuro en ese entonces?

No. Nuestra idea de futuro correspondía a otra lógica temporal: nos peleábamos con el gobierno por las becas del Fonca, nos preocupaba el calentamiento global, reducir la violencia feminicida y transfeminicida en nuestro país, buscar mejores oportunidades laborales pero se nos olvidaba que no habíamos / hemos resuelto la pandemia del VIH, la cual lleva casi 40 años matando gente. Wuhan no nos preocupaba.

Nuestro concepto occidental de tiempo plantea el asunto como una aparente banda continua en donde pensamos que ésta tiene tres secciones importantes para dividirla y comprenderla: pasado, presente y futuro pero las ciencias tienen otra manera de concebir el tiempo, la literatura otra y las culturas originarias alrededor del mundo tienen una mayor sabiduría ancestral al respecto. Entonces, ¿de qué futuro nos tenemos que preocupar?

Leer las noticias es instructivo. La pandemia de la violencia feminicida y transfeminicida se ha incrementado a raíz del distanciamiento social, el glaciar más grande de la Antártica se ha desprendido del continente, lo cual demuestra que el calentamiento global sigue siendo una realidad presente y terrible y ante la cual, nadie en el mundo ha protestado ni previsto el futuro del mundo, es decir, nuestra idea del futuro está maniatada y contaminada por nuestras inoperancias y pavores de este presente.

¿Cuántas veces hemos escuchado la frase de qué futuro les dejaremos a nuestr@s hij@s, cuando hay un decrecimiento real de

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la población? Veamos los temas apremiantes y lo traduciré solamente en números; Basura: ¿cuántas bolsas de basura se necesitan en el mundo occidental para recoger la mierda de los perr@s domestic@s? ¿Dónde se depositan? Hay leyes que prohíben el uso único del plástico y aunque los posibles ludditas han ofrecido cientos de soluciones al respecto, estas políticas no se implementan en toda la población, ergo, hay continentes de plástico en los océanos flotando. Súmele la ropa íntima que se tira una vez que dejó de ser útil, ¿sigo?

Es cierto, que muchas personas están trabajando para cambiar este planeta, este presente pero el futuro es un fantasma que nos agobia a diversas velocidades y en diferentes formas. Cuando se estrenó la película Soylent Green (Cuando el destino nos alcance), en 1973, muchas personas pensaron que jamás llegaríamos a ese punto. Wikipedia nos regala un pedazo de su argumento:

 

“La industrialización del siglo XX llevó al hacinamiento, la contaminación y al calentamiento global debido al «efecto invernadero». En el año 2022, en este futuro distópico, la ciudad de Nueva York está habitada por más de 40 millones de personas, físicamente separadas en una pequeña élite que mantiene el control político y económico, con acceso a ciertos lujos como verduras y carne, y una mayoría hacinada en calles y edificios donde malvive con agua en garrafas, y dos variedades de un producto comestible: Soylent rojo y Soylent amarillo, que son la única fuente de alimentación, ya que los alimentos naturales son un privilegio para los sectores dominantes. La compañía Soylent es una empresa que fabrica y provee los alimentos procesados de concentrados vegetales a más de la mitad del mundo. Soylent verde es el nuevo producto alimenticio sacado al mercado, basado en plancton, según la publicidad de la empresa.”[1]

 

Lamento el spoiler pero el Soylent Green en la película es la producción masiva de galletas verdes, hechas a base de cadáveres humanos en 2022. ¡¡2022!! Cualquier novela o película de ciencia ficción nos ha acostumbrado a aceptar cualquier premisa del futuro, porque las distopías se han convertido en realidad. Desde el texto de Tomas Moro Utopia hasta Los Supersónicos, por citar algunos ejemplos entre cientos, siempre hemos querido ver un mundo perfectible pero en la realidad, el futuro nos elude. ¿Porqué?

Supongo que por sus diferentes velocidades. El futuro del día siguiente, la semana entrante, el futuro de cuándo se acabe el agua, el futuro que much@s queremos construir desde ahora: creación de hortalizas, nuevas comunalidades, apoyo mutuo, respeto al planeta, cuidado del agua, consumo local, respeto a los seres sintientes, el uso de bicicletas o autos eléctricos, pero creo que el número de ludditas que quieren revertir el famoso reloj del fin del mundo es mucho menor a los nueve mil millones de seres humanos que poblamos este planeta. El 5% que lo quiere salvar.

Así que cuando me preguntan por el futuro, empiezo a hacer las preguntas al revés.

[1] Entrada de Cuando el destino nos alcance, 1973, dirigida por Richard Fleischer y guión escrito por Stanley R. Greenberg basado sobre la novela Make Room! Make Room! De Harry Harrison. Consulta

https://es.wikipedia.org/wiki/Cuando_el_destino_nos_alcance  30 de mayo del 2021, 23.08 pm

Abigail Maritxu Aranda Márquez1 (Oaxaca, 1957) Profesora Investigadora de tiempo completo en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, donde imparte las asignaturas de Teoría e Historia del Arte y un Taller de Producción de Moda que se autogestiona como una fábrica social. Estudió la Licenciatura de Letras Modernas (Inglesas) en la Universidad Nacional Autónoma de México (1978 – 1982). Así como la Licenciatura en Docencia de las Artes (2016 – 2018) en La Esmeralda. Artivista Trans se ha dedicado al performance desde 2009, con acciones en Oaxaca y la Ciudad de México y ha comenzado a explorar su nueva identidad como mujer trans desde la escultura, la moda y el arte acción. Autora del libro El cerillo que nunca se apaga. Ha participado en varias exposiciones colectivas. Fundadora de la banda de arte sonoro y noise The Fucking Dogs.

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