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Caminando por la orilla: Reflexiones en torno al trabajo de la fotógrafa y activista Sonia Madrigal

Por Marisol Maza

Desde hace varios años México atraviesa una fuerte crisis de violencia de género, colocándose como uno de los países mas peligrosos del mundo para las mujeres y niñas. En la actualidad diariamente son asesinadas en promedio 10 mujeres, cifra que va en aumento cada año.

Si bien, esta es una situación generalizada en el país, tomando en cuenta las estadísticas, sí podemos hablar del territorio como un condicionante para la violencia.

Los espacios tanto públicos como privados, al ser punto de encuentro y socialización, y por lo tanto, de relaciones de poder y privilegio, están lejos de ser neutros; por el contrario, son los entornos donde se llevan a cabo múltiples violencias y exclusiones.

de la serie "La Muerte Sale por el Oriente"
de la serie «La Muerte Sale por el Oriente»

¿Qué queda fuera cuando nos referimos a lo periférico? fuera de foco, fuera de vista.

Sonia Madrigal es una artista que trabaja en varios sentidos desde “las afueras” y su trabajo nos lleva a preguntarnos cómo nuestras relaciones con los espacios y la sociedad están determinadas por nuestro entorno físico. Salir del centro, significa también mover nuestro punto de enfoque, hablar desde múltiples realidades, desde los márgenes de la periferia.

La dualidad Centro vs Periferia estructura la organización territorial de ciertos sistemas político-económicos; en el caso urbano, del desplazamiento de la pobreza hacia las afueras y una violencia sistemática contra esta población periférica en general; violencia doblemente ejercida sobre los cuerpos femeninos.

En todas las grandes ciudades, como es el caso de la Ciudad de México, no puede hablarse de un solo centro, sino de muchos puntos céntricos; relacionados a puntos económicos, rodeados por cinturones periféricos donde habitan lxs trabajadores de base que los sostienen: sitios de alta densidad poblacional, con muy bajos ingresos, oferta educativa escasa o nula, sistemas de transporte público y viás de acceso deficientes; todo esto, como condiciones agravantes para una de por si, sociedad con una crisis de violencia machista generalizada.

¿Qué significa como mujer crecer y vivir en uno de los municipios mas violentos del Estado de México y con mayores índices de violencia de género?

Habitar es también apropiarse del territorio como extensión del cuerpo, y en este caso transitar se ha convertido en romper el sometimiento de los cuerpos contenidos por el miedo, la resistencia diaria a conservar nuestro mínimo derecho a estar presentes; a seguir vivas.

El registro fotográfico que hace Sonia en las calles inhóspitas de Ciudad Nezahualcoyotl es el cuerpo de la ciudad marcada, las cruces rosas señalan lugares como cicatrices o mejor dicho como heridas abiertas en espera de justicia. En este momento, a pesar de los intentos por hacerla callar, es ya cada vez mas imposible la concepción de una ciudad pulcra y muda, sin referencia a lo que ocurre diariamente. Las ciudades son espacios vivos, son el cuerpo físico de esta sociedad, y lo son también las calles intervenidas con cruces rosas, con vidrios rotos, con pintas y murales.

Las representaciones y las narrativas de la ciudad están cambiando, son también las cartografías donde nuestras referencias territoriales son las otras huellas y las otras marcas y los relatos de las madres y las hermanas por seguirlas nombrando y por contar sus historias.

El trabajo de intervención de Sonia nos devuelve la mirada en busca de empatía, sus siluetas son los cuerpos de las que faltan, y la resistencia por seguir de pie, para seguir estando presentes, caminando por los bordes y llenando los espacios vacíos.

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Marisol Maza (México, D.F) Artista Visual. Trabaja con fotografía e intervenciones al espacio público. Su trabajo se ha presentado en varias ocasiones en México y el extranjero. Actualmente trabaja en el proyecto Cartografías Temporales que consiste en intervenciones a partir del mapeo de las ocupaciones temporales en espacios urbanos.

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fotografía por Francesca Woodman

por cecilia miranda

Una casa es una entidad con voluntad propia.

Esa entidad se alimenta de su capacidad de ubicarse y dar sentido al espacio en el que ha estado durante toda su vida, el cual es tan borroso que, cuando pensamos en casa, aparece más nuestra sensación de estar en ella, que ella misma.

Si queremos acercarnos a una casa, se puede optar por construirla o acompañarla.

Para lograr acercarse, hay que reconocer que su constitución no depende de nuestros cuerpos dentro o fuera, sino de una relación de correspondencia.

He regresado a la casa de mi infancia para acompañarla nuevamente. Parece que está suspendida en el tiempo, ocupada por tantas otras entidades que siguen viviendo más allá de nosotros, con todas esas plantas en su superficie, esos muros hinchados por capas de pintura, ese tirol a medio caer, esa oscuridad, ese olor a encierro.

Sacudí el polvo de las ventanas y pude sentir mi cuerpo atrapado entre noviembre de 1994 y agosto del 2009.

Aunque sé que no tenemos las escrituras y que las actas notariales desaparecieron del registro civil, su latente pérdida ya no me preocupa.

Descubrí que, como entidad, su presencia seguramente se verá tensionada por quien legalmente llegue a poseerla, pero ella, de la misma forma que hizo con mi deseo de acompañarla, quizá se le resista.

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cecilia miranda (Ciudad de México)
https://ceciliamiranda.com
artista. Integrante del Programa Educativo SOMA 2021 y beneficiaria del Programa Jóvenes Creadores del FONCA (2019-2020). Licenciada en Artes Visuales por la UNAM. Parte de su trabajo ha sido presentado en muestras colectivas en Alemania, Chile y México, entre las que destacan: El jardín de Galileo (2019, Guadalajara 90210), Pinata Soporto (2018, Kunst Gallery, Ahlen, Alemania) y Códigos de Convivencia (2017, Centro de la Imagen). Fue seleccionada en el XXXVI Encuentro Nacional Arte Joven (2016) con la pieza «Pisos de la Torre Sur«. Formó parte del Seminario de Producción Fotográfica SPF2016 del Centro de la Imagen, institución en la que colaboró dentro del área de educación durante el año siguiente. Desde 2017 imparte cursos y talleres sobre arte contemporáneo en espacios públicos y privados tales como: Colectivo Luz Viajera en colaboración con CONARTE, Monterrey; PAOS Guadalajara; así como Fundación Jumex, ECC; Centro de la Imagen, entre otros. Sus textos forman parte de publicaciones independientes. Ha colaborado con artistas e instituciones, dedicándose a la gestión cultural, producción e investigación en arte y educación.

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Editorial #31 «Cuerpos / Territorios»

Arte en portada por Alejandra Aragón y Sonia Madrigal
Arte en portada por Alejandra Aragón y Sonia Madrigal

Entre las corporalidades y territorialidades hay una relación que lo que pone en juego es la manera de cómo habitar el mundo, de cómo estar juntxs y al mismo tiempos sólos y poblados, repletos de cuerpos. De transitar los desiertos, de fluir con el bosque que bufa, gime y se repliega. En Hysteria! Revista nos interesó pensar este tema. Paralelo al número, en el intenso ahora, varios gestos libertarios están aconteciendo en el sur global. Cuya disputa tensa la conjunción que nos atañe ahora, que nos invita a escribir, los cuerpos, y sus arquitecturas, sus espacios, sus pueblos y sus formas de vida.

La política es un fenómeno de arquitecturación y espacialización. Es pensar cómo nos generamos uniones y lazos entre unos y otros, también distancias y separaciones, en cómo nos estructuramos y esa estructura se acuerpa en el espacio. Toma lugar. Se hace de un territorio. Marca. Raya. Deviene una morada. Un estar. Un tránsito que nos sirve de refugio. Las producciones que nos atañen en este número ponen de manifiesto esto: las resistencias de los pueblos indígenas, urbanas, de los cuerpos en sí. De aquellxs sin morada.

Los cuerpos también se conforman por la Arquitectura. Esta los conmina. Les hace circular en determinados espacios. Separa, selecciona, éste pertenece a este campo, éste a otro. Instituye diferencias de clase, raza y género mediante el concreto o la piedra. Busca perdurar, trascender. Quiere los grandes gestos. Nuestra relación con La Arquitectura es complicada, tensa. Nuestros gestos son menores y minoratarios. Atentan contra el prístino paisaje urbano. Irrumpen más que instauran. Marcan. Es un rayón en un muro. Okupa. Es contingente, perene. Se sobrepone a lo existente. Es la barricada que toma la calle. Es la marca en una protesta donde se reclama el cuerpo propio. Es la fisura en la cárcel.

Pensar en esa relación entre los cuerpos y los territorios es una pregunta sobre una ética del habitar. Es pensar que no tenemos otro mundo y si no tenemos otra forma de vivirlo. Es vivirlo. Es una revuelta contra la ciudad, contra lo urbano y lo metropolitano. Contra todas sus políticas de buena conciencia, ciudadanas, es decir policiacas. Es una tensión contra el embellecimiento, esa belleza que desecha lo considerado sucio, pobre, feo, arruinado. Nuestras arquitecturas son manchas, cuerpos indeseables que cuestionan lo público del espacio.

Con este número les invitamos a levantar refugios, moradas y barricadas. Espero que lo disfruten.

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Editor invitado: Tadeo Cervantes Unicornio marginal, princesa caramelo, pasivista no de a pie de a culo, 21 veces primavera. La vorágine, la imposibilidad de ser Tadeo Cervantes. Normal por imposición, más anormal por convicción.

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Artistas en portada:

Sonia Madrigal vive y trabaja en Nezahualcóyotl (Estado de México). Su obra explora distintas narrativas visuales para reflexionar, de manera personal y colectiva, en torno al cuerpo, la violencia y el territorio, enfocándose principalmente en el Oriente de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

http://soniamadrigal.com/

Instagram: https://www.instagram.com/sonicarol/

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Alejandra Aragón vive y trabaja en Ciudad Juárez ( Chihuahua). Mi trabajo fotográfico, audiovisual y de recuperación de imágenes de archivos propone un acercamiento a las distintas complejidades de la ciudad en la que habito. Desde lo personal y colectivo, lo documental y lo sensible, exploro los vínculos entre violencia, memoria, vida nocturna, así como testimonios de mujeres. Con esto intento representar aquello que constituye el imaginario y la diversidad de identidades de esta región fronteriza.

Instagram: https://www.instagram.com/aleprendelaluz/

https://cargocollective.com/alejandraaragon

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Este número fue editado con el apoyo de

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Ecos del Desierto: documental interactivo sobre los feminicidios en Ciudad Juárez

«Desgraciadamente mi’ja se me convirtió en un archivo, y no en un archivo muerto, sino en un archivo vivo”    – Paula Flores Bonilla, madre de Ma. Sagrario González Flores. 2016

Ecos del Desierto es un documental interactivo multimedia que surge como iniciativa del Centro para el Desarrollo Integral de la Mujer, con el objetivo de visibilizar el aporte de las madres de víctimas de feminicidio en la denuncia de la violencia de género y a favor de los derechos de las mujeres, mientras han pugnado por la justicia para sus hijas y el esclarecimiento de su desaparición y feminicidio.
También fue hecho para reconocer y agradecer el trabajo de defensa de los derechos de las niñas y de las mujeres que realizan las madres de víctimas de feminicidio al igual que las madres con hijas desaparecidas en Ciudad Juárez, quienes a partir del peor día de sus vidas sacaron fuerza para salir a exigir justicia y respeto a los derechos de sus hijas.

La plataforma web ubica en una línea de tiempo 8 casos de feminicidio sucedidos en Ciudad Juárez entre 1995 y 2013 y sobre cada caso han hecho un corto documental, en el que partiendo del testimonio de las madres, podemos adentrarnos a conocer un poco sobre quienes fueron sus hijas, y la lucha que han emprendido para buscar justicia para ellas.

En la página también podemos consultar un archivo de ligas de interés para poder profundizar en la investigación sobre el fenómeno del feminicidio en México, información general sobre cada caso y fotografías de las víctimas y sus familias.

Con agradecimiento, admiración y gran cariño para:

Ramona Morales, Soledad Aguilar, Nidia Lee, Paula Flores, Josefina González, Irma Monreal, Benita Monárrez, Julia Caldera, Juanita Rodríguez, Catita González, Esther Arizmendiz, Irma Pérez, Bertha Márquez.

Pioneras en la lucha contra la impunidad de los feminicidios.

Ir a página del proyecto:
ecosdeldesierto.org

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Créditos
Producción: Centro para el Desarrollo Integral de la Mujer, A.C.
Dirección y fotografía: Alejandra Aragón
Edición: Marcelo Murillo y Alejandra Aragón
Auxiliares de edición: Jesús Cazares y Jesús Ramón Quezada
Ilustraciones en El Campo de Algodón:  Mabel Weber
Diseño web: Rubén García Monroy
Desarrollo web: BluePanda
Música: Bruja Lucha de Macorine Folk y Calle y OneStep Records
Fotografía fija: Itzel Aguilera y Alejandra Aragón
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Nuestra vida pende de un hilo – Performance de Yolanda Benalba

Berta Cáceres, activista ecologista por los derechos humanos y coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), fue asesinada en la puerta de su casa el 3 de Marzo de 2016.
En la última entrevista que realizó para el periódico italiano Il Manifesto declaró ‘nuestra vida pende de un hilo’ refiriéndose a cómo acechaban a los activistas hondureños tanto el Estado como empresas extranjeras encargadas de megaproyectos en el territorio.

En 2018 la artista Yolanda Benalba realizó en la ciudad de Tegucigalpa, Honduras el recorrido Nuestra vida pende de un hilo en el que caminó desde la Corte Suprema de Justicia hasta el Centro Cultural de España, en donde desplegó el textil (que a modo de bandera fallida y lona de manifestación inactiva) quedó colgando de un extremo y tirado en el suelo de la calle durante la semana del encuentro.

still de vídeo. Ever Rodas

╳ Performance presentado en el marco de El Cuerpo y la Ciudad. X Festival de Performance, Centro Cultural de España, Tegucigalpa. (Honduras). Comisariado por César Manzanares 2018.

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Pesa más la rabia que el cemento

por Azul Taboada

  1. «Weeeeeey noooooo…»

Tiro por viaje toca leer a gente, ciudadanxs ampliamente conocedorxs de las Bellas Artes y ávidxs practicantes del civismo, quejarse de sus preciosísimos monumentos y edificios ultrajados durante equis marcha; no es cuento nuevo que la gente condene los daños a los baluartes nacionales. Tiro por viaje toca leer bromas como que el maldito monumento es opresor, e igual y directamente no lo es, pero definitivamente sí son una representación de las fuerzas estatales, patriarcales, y coloniales.

Y tiro por viaje nosotrxs seguimos acá, dando batalla sin pandearnos. Porque final de cuentas, lo que algunxs no alcanzan a ver es que lo verdaderamente significativo no es el monumento, sino absolutamente todo lo demás que sucede a su alrededor.

2. Entonces, primero lo primero: Los monumentos

Sería sumamente ingenuo sostener que los monumentos son solo unas “bellísimas” esculturas que adornan nuestra ciudad con señores a caballo, porque no lo son. Los monumentos existen entre lo político y lo escultórico.

Escultóricamente podemos ir diseccionando sus componentes formales:

  • Su dimensión rebasa la escala humana de manera deliberada, y no sólo eso, sino que además de ser gigantes se encuentran sobre un pedestal o columnas enormes que, literalmente, los hacen superiores a cualquiera de nosotrxs;
  • los materiales de los cuáles están hechos tienden a la tradición hegemónica escultórica: mármol, bronce, baños de oro, …
  • apelan a lo Universal, lo eterno, lo verdadero; éstos sostienen con sus columnas los símbolos de una nación, sus héroes, y valores.

Igual no es difícil deducir que los monumentos son instrumentos institucionales que tienen, como mínimo, la función de modelar los imaginarios histórico-identitarios y de reafirmar el poder estatal a un nivel simbólico dentro del marco de lo cotidiano. Nada es azaroso con los monumentos, namás que ya no lo sentimos.

3. Las “intervenciones”

Ahora sí, a lo que nos truje: “intervenir” monumentos (a falta de un término más exacto), es un acto que seguramente significa cosas diferentes para todxs las que lo hacemos, y mi intención no es ni dar una respuesta absoluta ni una justificación para nuestros actos, sino ir esbozando las implicaciones que eso tiene.

Cuando incidimos con una convicción política sobre un monumento, éste deja de ser una construcción en sí misma, cambia a ser el soporte de la intervención, es decir, que cambia el sentido original de ese monumento y le arrebatamos aunque sea por unos instantes- su poder simbólico.

A pesar de que el tamaño de las construcciones no se reduzca en el plano de lo real, ponernos cara a cara cambia el modo en que lo percibimos; las distancias entre el monumento y una persona ya no parecen tan gigantes. También se observa la contraposición de materiales; el bronce y el cemento contra la pintura en lata, la tela o la diamantina, y resultan más importantes aquellos materiales efímeros, “comunes”, por el simple hecho de que son más significativos. Sin embargo, yo propondría que lo más importante de intervenir monumentos está en aquello que no deja rastro físico alguno: el encuentro y la complicidad que se forman al llevar a cabo las intervenciones, la euforia y la sensación de disfrute colectivo.

4. Reclamar espacios

Llega a suceder que no es la manifestación la que se desborda, sino que es el desborde el que se manifiesta1, es decir, que el monumento contenido dentro de sí mismo, al intervenido comienza a englobar algo que lo rebasa, que no está formado de un material específico y que no tiene ni técnica ni forma concreta.

Sabemos perfectamente que una estructura no se tira a base de paliacates y spray en lata, pero sí se agrieta. Y esa grieta (simbólica y material2) dota de significado contextual tanto al monumento-soporte como al espacio en el que éste se encuentra: Entonces un cachito de espacio que pareciera ajeno y aséptico porque, claro, ya se han apresurado en limpiar todo para pretender que ahí nunca pasó nada- en realidad contiene varias capas mucho más relevantes para quienes lo podemos percibir; el recuerdo de una situación que nos es mil veces más cercana, y las complicidades que formamos, los gritos, nuestra rabia compartida, la emoción y el goce de estar todxs ahí reunidas, haciendo lo que nos dijeron que no debíamos hacer. Es un espacio que hemos reclamado.

5. Conclusiones: No pares, sigue sigue

Mi apuesta, al poner atención en los encuentros simbólicos que están sucediendo dentro del marco de las protestas políticas, está en ser más conscientes de las relaciones que abrimos tanto entre nosotrxs como con el espacio mismo. No hay que tomar a la ligera las miles de fuerzas que estamos creando, no es gratuita la reivindicación del anonimato, del momento y la potencia colectiva, de señalar las disputas y conflictos que existen en el espacio urbano.

Sigamos buscando otros modos de afectar a los espacios, de reclamarlos, porque así podemos implicarnos con esos territorios que aparecen en el encuentro.

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1 Parafraseando a las compañeras feministas que también reflexionan sobre las manifestaciones en la Ciudad de México (Anónimas, “No vamos a caer en sus provocaciones”. Artillería Inmanente https://artilleriainmanente.noblogs.org/post/2019/08/28/no/?paged=13 )

2 Un saludo a la bandita que salió a limpiar el Hemiciclo a Juárez con thiner y estopa.

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Azul Taboada. Ciudad Monstruo. 1997.

Anarkobruja transfeminista, entusiasta del ¡BUM! (de este perreo intenso) y pasante de la licenciatura en Artes Visuales, FAD, UNAM.

Ha participado en las exposiciones Periplo por el espacio: De lo privado a lo público (2019 Artspace, CdMx), hArto: Feria de arte necio (2018, Bogotá) y Sí, no sé (2017, CdMx).

@visceras_

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Territorios fuego, territorios mar.

fotografías por Mario Patiño

por Erika Bülle

noviembre de 2019

    Mi cuerpa, mi territorio, llena de fronteras liminares autoimpuestas, no es difícil entender porque existe la guerra entre cuerpxs, la defensa y la protección de la misma, de no sentirse vulnerada, de no sentirse abandonada, atesorar los instantes que parecen cómodos, que parecen seguros; espacios llenos de personas, pero solo pocas habitan una cuerpa como la mía, con estrías profundas y arrugas que aparecen a diario, manchas que recorren la piel y llegan al alma. Una cuerpa cubierta en su totalidad, ¿para qué dejarse ver? Solo el pensar sentir la mirada mórbida de las personas me hace suponer que allanan mi morada, el territorio que habito, que en más de una ocasión y de manera discreta se ve cuestionada por comentarios cargados de violencia, a lo que se le llama gordofobia. 

fotografía por Mario Patiño

Habito una cuerpa gorda, un territorio de más de 100 kilogramos que ha recorrido 50 años de otros y en otros territorios, protegiéndose de la inevitable herida del dolor de las palabras, del rechazo, la herida que como un gran paso decido hacer mía, sin embargo a veces caigo en la trampa, en el juego infausto del otro y lloro. Agujas lacerantes atraviesan mi cuerpa, la sensación de las argollas frías metálicas y brillantes me recuerdan que por mucho tiempo mi territorio ha portado el estigma de las medidas, el costo de las desmesuras, la soledad de los kilogramos. Miro la vida pasar escondida detrás de un escritorio, 10 horas sentada, hablando poco, sé que es el costo de tener esta cuerpa desbordada, tatuada, carente de los códigos hegemónicos de la buena presentación. Mi cuerpa es políticamente subversiva, mi mente lo es más, hay peligro al mirarme a los ojos, miradas que se confrontan unas a otras, que dan miedo o quizás asco, aún quiero ser optimista y pensar que solo es miedo. Observo la relación que mi cuerpa puede tener con otrxs, pero no hay ninguna otredad que desee estar conmigo, a decir verdad tampoco deseo su compañía.

    Salgo a Bogotá, sin expectativas, sin esperar nada, cambio de territorio, pero mi cuerpa sigue siendo la misma, la geografía me desgasta, la altura me dificulta la respiración, transito con dificultad, largas subidas que se deben caminar, el cansancio me abruma, me encuentro con otras corporalidades gordas, me amoldo, me estrujo, me siento protegida, por primera vez no me siento sola, nadie me presiona, nadie me apura, nadie me mira con morbo, nadie cuestiona mi peso, decido borrar aquellas fronteras autoimpuestas, decido sentirme querida, acompañada, acalorada.

    Me encuentro con otro cuerpx, otro territorio tan grande como el mío, delicado y joven, siento miedo, le vi llorar antes, me vio llorar antes.

    Cuerpxs desbordantes encontrándose por las noches, cuerpxs que se miran, que se tocan y que sienten, el miedo a los afectos, la construcción de un nuevo territorio partiendo del amor. Amor, esa palabra que se extingue poco a poco, que resulta ser el territorio de la periferia, de lo subalterno, lo que no se debe mencionar, lo que pone en riesgo cualquier tipo de encuentro, la nueva frontera ficticia, quién diría que la palabra amor se convertiría en un territorio de guerra al pasar de los años, lo indecible, lo prohibido, lo no imaginable, lo que nos margina y nos lleva a la soledad. ¿Es realmente el amor una construcción romántica falsa y dañina?, o es que no queremos enunciarlo por miedo a perder algo que de todas formas no tenemos, como la libertad, ya que las fronteras nos han quitado eso, ser libres.

    Los años me han ido suprimiendo lo que por instantes regresa. La humedad de mi cuerpo, el estremecimiento de mis músculos, las sensación de vivir y sentir aquellas partes de mi cuerpo que pensé estaban muertas, pero solo estaban dormidas, quizás aturdidas, quizás confundidas, me convierto en fuego y a la vez un territorio lleno de mares, que no son lágrimas, aquellos flujos que pensaba secos, aquellos mares que se volvieron desiertos regresaron escurriendo entre las piernas, entre los senos, atrás de mi cuello escucho su respiración. Al sonar de los cuerpos las fronteras se pierden para fundirse entre las carnes, entre los besos, caricias y deseos que se cimbran en un terremoto corporal, en un terremoto emocional, afectivo quizás.

   Todo se desborda, el cuidado, la ternura, la intimidad. Me hundo en un vórtice de memorias corporales, de cuestionamientos, sin querer las fronteras de mi gran territorio aparecen y se diluyen en un vaivén de miedos ocultos, de deseos reprimidos, de llantos internos, de risas escondidas, si tan solo tuviera 20 años menos. Las llamas me invaden, siento que el sudor moja la sábana, Eros y Thanatos se encuentran en la respiración, aquella que se corta a momentos, que me produce un ligero mareo, el vómito de mis emociones, dejar salir al demonio habitante constante de mi cuerpa, dominador de mi territorio.

    Cuerpxs gordxs, identidades no binarias, identidades que se encuentran, identidades que han decidido romper con todas las fronteras que nuestros territorios gordxs habían impuesto.

    Sin embargo en su momento regreso a la soledad de mis pensamientos, al habitar de los infiernos de mi cuerpa porque ese es el único lugar que debe habitar un cuerpx que cayó en el acto de la gula, ángeles caídos por los excesos de la comida, hay que poner nuevas fronteras, para enfrentar la confrontación de las miradas, presentir el terror que se tiene de habitar una cuerpa como la mía, de sentir la lástima que le tienen a una enferma, regresar al escritorio que es ese gran escudo donde nadie puede ver mi cuerpa, pasar a ser la persona simpática y amable que si tan solo cumpliera con las normas hegemónicas de la buena presentación…

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ERIKA BÜLLE.Ciudad de México.Artista Visual obteniendo el grado de Doctora en Artes y Diseño en el área de performance por la FAD – UNAM, con la tesis “112 Kilogramos, la performance como herramienta en el activismo gordo mexicano. Propuesta pedagógica y de producción del 2014 al 2017”, obteniendo la mención honorífica y el estímulo a la graduación oportuna.Contó con la distinción de la beca UNAM para realizar estudios de doctorado, así como dos apoyos UNAM de prácticas escolares para la realización de proyectos. Seleccionada en el festival Performatirum “The Badass bodies” 2019 Regina Canadá, la Bienal Tempting Failure 2018, Londres. Representante de Latinoamérica en el festival de performance, Buzzcut, Escocia, 2017. Bienal Forma y Sustancia en Guatemala 2017 y Costa Rica 2019. Seleccionada para representar a México en el festival de performance Rapid Pulse, Chicago, 2016 y en el festival de performance y video/performance Perfoartnet Colombia y el festival de performance y arte vivo Bem me cuir, Brasil entre otros.En México se ha presentado en distintos festivales y espacios como el Museo Rufino Tamayo, Museo de Arte Moderno, Museo de la Ciudad de México, XTeresa, MUAC, solo por mencionar algunos.Cuenta con 30 años de experiencia en la práctica de la performance. Ha colaborado con colectivos de prestigio internacional como La Pocha Nostra y SEMEFO.

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#Un Comentario Sobre Las Letras Blancas en CU

por Diego Olmos

Actualmente estoy haciendo mi tesis. Yo estudié Arte y Diseño en la UNAM. Siguiendo la temática de esta edición, estoy escribiendo desde lo académico sobre un territorio y espacio que se reclama en Las Islas desde 2017, las tipografías monumentales, las letras blancas, el monumento o cualquier nombre que le quieran poner, según tu inclinación estética o política, #HechoenCU. No sólo escribo sobre el #HechoenCU sino de sus homólogos Autonomía90, PAZ y AMISTAD, estructuras de lámina negra pintadas de blanco. Estas tipografías en el espacio público ya son frecuentes en nuestros recorridos no sólo en las universidades y en la ciudad, sino también ya las encontramos en los llamados “Pueblos Mágicos”. Estos colosos devienen de estas lógicas del branding que quieren presentar al espacio público urbano, rural y hasta universitario como una marca. Podemos pensar en muchos ejemplos y yo creo que en nuestros recorridos las vemos e incluso percibimos a personas tomándose una foto con ellas. Pero no sólo hablo de lo que representan, sino que hablo de las Letras Blncas intervenidas.

Las letras blancas dieron de que hablar después del 5 de mayo de 2017, ya que fueron rayadas después de una protesta feminista al marco del feminicidio de Lesvy Berlín dentro de la universidad. Esa misma noche estudiantes entusiastas y muy patrimonialistas con estopas y thinner se organizaron para limpiarlas, puesto que, lo que ellos entienden como patrimonio no debería sufrir esas transgresiones.

Ahí empezó el pleito, ahí fue la ruptura. La universidad se partió en tres grupos de estudiantes: los “condeno enérgicamente” los “lo quemaremos todo con todo y orgullo universitario” y los “no me importa”. Este debate ha sido importante en los últimos meses, puesto que piensa en el valor moral de las acciones y las cosas. Curiosamente #HechoenCU tiene un hashtag, porque la utilidad es subir la foto de la cosa o con la cosa a las redes sociales. Así mismo se suben las intervenciones y rayas obedeciendo a la génesis del monumento, llegar del espacio público al espacio virtual. En éste, múltiples conflictos entre usuarios han encontrado lugar: denunciando, compartiendo, reportando, burlándose e incluso hacer todo lo posible para que la documentación de la intervención ya no exista.

Si uno en un rato libre busca en Facebook #HechoenCU encontrará la constelación de imágenes que nos hablan de un momento coyuntural, la universidad idealizada desde el objeto contra la universidad politizada. Sobra decir que los estudiantes no van por la vida rayando cuando quieren, sino que todas estas injerencias se enmarcan en procesos de violencia, Lesvy, Los Porros y Aide, por mencionar algunos.

El coloso blanco se presta como un lienzo blanco de denuncia, ese objeto que quiere desviar la atención es usado para intervenirlo y sacar la lengua contra quienes niegan las violencias dentro de los centros y facultades de la UNAM. Más allá de plataforma, es un espacio de discordia que encuentra salidas estéticas dignas de estudio y replicación. Ya no sólo son grafittis aleatorios, ahora el monumento es utilizado como un banco o fondo de memoria en el que se invocan y convocan nombres de estudiantes, docentes y cualquier miembro de la comunidad víctima de la violencia e impunidad que se vive en este país.

Desde tapar la palabra Hecho con una manta que dice MUERTO para formar #MuertoenCU, llenar de crucifijos el perímetro de la escultura para representar un panteón o incluso desarmar y tirar al espejo de agua la palabra Autonomía, se nos presenta un panorama amplísimo de los lenguajes, vocabularios y gramáticas de la ausencia, de la presencia, del peligro y al mismo tiempo de la revuelta estudiantil contemporánea.

Yo he sido testigo desde los dos espacios, desde el virtual y desde el físico. Ambos espacios encuentran oportunidades de experiencias impactantes, desde ver la recepción de la publicación hasta contemplar cómo un monumento con una retórica establecida, a través de maniobras y estrategias, cambia de sentido impactantemente. El monumento y el espacio que lo contiene ya no tiene una simple función, las intervenciones nos muestran las fragilidades de los territorios.

Las palabras que revuelan mi cabeza después de ver y presenciar estas imágenes siempre son memoria, deseo, presencia, ausencia y violencia. Palabras que a todxs nos llegan, nos tocan las fibras. Espero que después de la violencia que nos aterra, que nos paraliza a salir, podamos organizarnos para resistir sin dejar absorbernos o romantizarnos y que formemos lenguajes y gramáticas que también nos permitan accionar desde la estética.

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Diego Olmos Mancera nacido en 1997 estudió la licenciatura en Arte y Diseño siendo parte de la última generación de la Facultad de Artes y Diseño Xochimilco. Su práctica artística y académica encuentra intereses con el espacio público, las redes sociales y la visibilidad política. Su formación estudiantil ha estado acompañada por procesos educativos, curatoriales y museológicos en diversas instituciones en las que destaca el MUAC. Ha sido asistente en la producción de piezas para artistas como Melanie Smith, Núria Güells y Guillermo Santamarina por mencionar algunos. Actualmente realiza su tesis que se enfoca a la nueva escultura y monumentalidad reflexionada desde la memoria y la cultura visual en Ciudad Universitaria en los últimos dos años y es un mimbro actual de la Red Iberoamericana de Pedagogías Empáticas como artista independiente

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Transicionar en mi andar, soy sexo-disidente y cuerpa.

Ilustración por Lolita D´eon

Por Tessa Galeana

Cuerpo-territorio, el que habitamos, que construimos, que modificamos cuando deseamos, cuando queremos, cuando podemos. Sin embargo, vamos andando, sin siquiera mirarlo, sentirlo, leerlo, escucharlo. Me veía como un mero espectador, fuera de este cuerpo que habito y que vivo, solía creer que una vasija era algo indiferente, insignificante, hasta que comprendí que mi vasija es mi contenedor, mi único espacio personal en el que puedo concretar mi ser, mi pensar, mi yo.

Aprendemos muy bien del autoengaño, a enmascararnos para formar parte de un todo y una nada, un vacío que nos van fomentando, nada parece tener sentido. Vivimos fuera de nosotras porque no somos nada en un sistema que nos mira como meros objetos. Maquillaje, zapatillas, peinado moderno, tinte realzador de brillo, fajas, medias, vestidos acorde a mi complexión, perseguir estereotipos para encajar en una sociedad patriarcal. Hicieron uso de mi cuerpo a su antojo, lo tomaron sin siquiera yo desearlo, ultrajaron mi esencia, me hicieron sentir que no valía la pena, que yo era una cualquiera. Pero ¿qué es ser una cualquiera? He aprendido a resignificar muchas palabras en mí andar, es una manera de tomar resistencia y rebeldía ante el sistema que me quiere como modelo robótico para aceptarme.

Cada día que pasaba estaba inmersa en complacer a los demás, mi cuerpo no me pertenecía en realidad, era ajena a mis formas, mis deseos. Miraba otros cuerpos y deseaba tenerlos, porque no podía ver lo que yo era, lo que tenía, intentaba perseguir modas, desde la voz hasta la punta de mis dedos de los pies, no era yo.

El exterior era más importante, siempre preocupada por las y los demás, dejé de tener autocuidado y no me enfoqué en mí. Hasta que mi proceso comenzó, entendí que lo personal es político, mi transición fue influenciada porque reconocí a otras personas como yo, descubrí que cuando nos relacionamos con personas que nos dejan el mismo sistema modelo capitalista, nos envolvemos a tal grado de que nos perdemos, nos fusionamos unas, unos con otras, otros.

El día que llegó mi hartazgo, se convirtió en mi momento de introspección, de interiorizar todo aquello que me estaban queriendo arrebatar, que no me era reconocible, ni siquiera era lo que yo deseaba. Tenía miedo de salir de esa burbuja en la que estaba envuelta, en ese molde al que me habían condicionado.

Ver el cuerpo como un territorio es la principal idea de poder politizar mi cuerpa ante un sistema que nos ve como números; se convirtió en mi territorio de defensa, porque lo habito, lo lleno, lo formo, transito en un mundo en el que necesito romper con estigmas, estereotipos, moldes obsoletos.

Soy un sexo disidente, aprendí a ser subversiva, a no encajar en la normalidad, desde mi ideología, hasta mí actuar, busqué por mucho tiempo algo que me hiciera identificar, hoy con comprensión lo logré, mi cuerpa es mi mayor anécdota, un rostro lastimado por productos capitalistas, los pies lacerados por la belleza patriarcal, una maternidad obligada que me pesa y que no me molesta mostrarme arrepentida.

Mi memoria física dice muchas cosas que dentro de mi cuerpa están, que no se van, que están para aprender, para resistir, para resilir, para compartir. No me interesa más formar parte de esa estructura en donde existe lo bonito y feo, lo bueno y lo malo, lo lento y lo rápido, lo inteligente y lo tonto.

Recorro mi existencia a través del entendimiento, politizarme me ha permitido reconocer memorias escondidas que no habían podido entenderse, me reconozco en otras mujeres, me acaricio cada día, puedo dejar de darme asco, dejar de anhelar algo que no puedo ni quiero ser. Entiendo a otras cuerpas, las respeto, porque cada una es única; la diversidad nos conjuga, nos permite estar en un engranaje enorme, en las periferias, en esas zonas donde pareciera que solo unas/os cuantas/os pueden ingresar, porque somos las feas, las irremediables, las inconcebibles, las ingratas, las malagradecidas, las que no queremos seguir lamiendo los pies al sistema, que no estamos dispuestas a continuar sonriendo para complacer, las que somos monstruas por no querer amar hombres, ni relacionarnos sexo-afectivamente con ellos, porque entre mujeres hemos encontrado amor libre, sin miedos, sin culpas.

Las memorias de mi cuerpa están, las resignifico y reivindico, porque así es como se puede vivir libre, sin modelos inalcanzables, siendo yo.

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Tessa Galeana

Periodista y escritora comprometida con lograr conciencia en la sociedad, erradicación de la discriminación, desmitificación de la maternidad, violencia hacia la mujer, roles de género y todo aquello que nos segmenta en esta sociedad patriarcal. Ha colaborado para revistas digitales como Citric Magazine y Fanzines Feministas. Actualmente, es encargada de crear contenido en redes sociales para LUNA, Escuela de Pensamiento Feminista.

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cartografía de niñe esperando un autobus

imagen por Lolita-D’eon

por Marycarmen Lara-Villanueva

te encuentro en la parada de autobus de esta ciudad “multicultural”—nuestras miradas se cruzan y se trenzan en un si y un no. presto atención a tu cuerpo que no cabe en este espacio que nos asignaron. tu ropa es un ensamblaje de estrofas—tu sudadera negra con esa capucha que cubre tu cabeza, es teoría. los audífonos que adornan tus orejas me dicen que también tienes sueños inconcebibles y en una canción nos encontramos. la pedagogía del hip-hop haciendo conjuro y escucho a lo lejos a Kendrick Lamar. me quiero infiltrar en tu playlist, dejarme influenciar.

tu cuerpo y su teoría, desestabilizan la parada del autobús y con tu magia incendias todo. el esmalte en tus uñas hace juego con tus pulseras, que me recuerdan lo que se siente tratar de encajar en los discursos académicos en los que me enredo, me escondo, me pierdo. tu cuerpo y sus adornos son un marco teórico y ahí me sitúo. miro como encarnas la epistemología de la subversión y así empiezas una revolución: en tu playlist, en tus manos y en los sueños en los que nos encontramos. no cabes en este asiento, tampoco en el autobús, ni en la calle, ni en la ciudad que nunca ha sido amable contigo, ni con el esmalte de tus uñas —tampoco conmigo.

el tiempo linear es una herramienta colonial y en espera del autobús, tu y yo sabemos que hay mas tiempo que este tiempo. intentas buscar refugio, pero yo estoy aquí y no es necesario. tu madre y yo tenemos una alianza que—aún sin conocernos—nos rebaza. ella sabe que las políticas identitarias hegemónicas de la masculinidad tampoco te gobiernan y aunque teme, todos los días me pide que también te proteja, con la misma furia con la que resguardo a mis hijes.

en tus manos llevas un libro de ciencia, pero bien sabes que el racismo epistémico configura los conocimientos de tal forma que no estamos. en tu escuela te vas a encontrar con una estructura que te quiere borrar, pero tu trasciendes los libros de texto y las lecciones blanqueadas en las que aun tratan de incluirte, al mismo tiempo que pretenden arrebatártelo todo: mul-ti-cul-tu-ra-lis-mo. rebazas su currículo con tu presencia sin complejos, desestabilizas el orden de todas las instituciones que han tratado vanamente de desaparecerte. te escapas y en tu playlist, nos encontramos.

te quiero decir que te veo. te digo que hay mejores futuros. yo estoy aquí para sostenerte, mi niñe. trépame como a un árbol. yo ya estoy anclada y no tengo miedo, tu tampoco lo tengas. escálame como a un cedro, que nada nos detendrá. imaginemos sueños idealistas, seamos ilusxs, que lo que no se imagina no existe y ya nada nos detendrá!

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Sobre la autora:

Marycarmen Lara-Villanueva: organizadora comunitaria y estudiante de doctorado en el Instituto de Estudios en Educación de Ontario, en la Universidad de Toronto, donde investiga temas de racismo anti-Negro, teorías anti-coloniales y maternidades subversivas. Sus publicaciones incluyen artículos sobre la supremacía blanca en el sistema educativo euro-canadiense, así como políticas de la maternidad. Ha presentado su trabajo en conferencias académicas en Mexico, Canada, Francia y próximamente Ghana. Marycarmen también es madre de dos hijes, disfruta correr largas distancias y tomar café a solas.

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