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UNA LINA PARDO IBARRA – UNA MUJER DE ROJO Pre-texto para un acercamiento a prácticas artísticas con perspectivas feministas en Colombia


por Ángela Patricia Robles Laguna.1


«En términos de los temas que tocamos,
hemos tenido ciento cincuenta años de feminismo
y siglos enteros de misoginia y odio hacia las mujeres
y estas cosas no cambian muy rápido…»
Gerrilla Girls (2010)

Imagen 1. Circula actualmente en facebook. Autorx desconocidx. Fecha de realización desconocidx.
Imagen 1. Circula actualmente en facebook. Autorx desconocidx. Fecha de realización desconocidx.

Hace poco circuló en facebook una imagen en la que está una madre, frente a la puerta de un baño, escuchando a su hija decir que le ha llegado el periodo por primera vez, pero que no está segura, porque no sale azul como en el comercial. La publicación de ésto, en mi perfil en la red social, suscitó risas, varios comentarios y la celebración de la aparición de una caricatura crítica respecto a este fenómeno naturalizado de la menstruación azul. Enfrentarnos continuamente a la representación azulada de la sangre menstrual no produce ninguna extrañeza, está tan interiorizada como la forma en la que “debe verse la regla”, que el rojo-tinto de la sangre es lo que causa sorpresa, asco, terror y demás reacciones que muestran lo poco familiarizadxs que estamos, tanto a que se hable del sangrado menstrual, a menos de que se use el eufemismo: “ella está en sus días”, como a que se represente el mismo, a menos de que éste, esté censurado con el líquido en color azul ya mencionado.

El Colectivo Zunga, el 11 de Marzo del año en curso, publica en su blog un proyecto en video llamado: Nosotras las de Sangre Azul, en el que las integrantes del grupo intervienen un comercial de Nosotras (la marca de “productos íntimos para la mujer”: toallas higiénicas, protectores diarios, jabón…) con la escena de una chica que va caminando por la calle y a la que, progresivamente, se le mancha de azul el pantalón blanco que lleva puesto. El texto que se encuentra en la publicación en internet en la que dan cuenta del proyecto, las Zungas (2012) escriben:

Sólo habla de la menstruación la publicidad y se la trata como una vergüenza, el fenómeno natural del cuerpo femenino es siempre relacionado con la higiene. Es por esto que tomamos las imágenes en las cuales se prueban con líquido azul los productos, reclamando el reconocimiento al funcionamiento de nuestro cuerpo tal como es, dignificándolo y sin las cargas que culturalmente han pesado sobre él.

La proliferación de imágenes que continúan representando a las mujeres como objeto de deseo de la masculinidad hegemónica, con unas características específicas que las validan como tal, que abarcan clase, raza, edad, “orientación” sexual y el cumplimiento con la construcción de una feminidad particular, constituye este espacio de la producción visual, como uno de los dispositivos más efectivos de regulación y producción de normativas corporales. Por ello, a través de este texto y de su proyecto en video, las Zungas evidencian que, aún hoy, cuando muchxs las creen superadas, las luchas que se han emprendido desde el movimiento feminista, desde bio-mujeres y tecno-mujeres (2) por una autorepresentación digna de nos-otrxs, que no nos violente, censure y que no nos produzca como sujetos que deben avergonzarse, siguen siendo vigentes y necesarias.

En Colombia, el lugar de las representaciones de las asignadas como mujeres es, en gran medida, el de objetos de deseo, musas, amas de casa que promocionan jabones y productos alimenticios, madres, cuerpos sublimados, metáforas de belleza y espacios a ser higienizados. Nos son comunes las imágenes de las “Chicas Águila” quienes, en vestido de baño, son el ícono publicitario de una marca de cerveza, que ve en los cuerpos de estas mujeres, un objeto atrayente para los consumidores de su producto, consumidores entendidos como hombres. No nos son extrañas las imágenes de amas de casa, en diversos comerciales de televisión, promocionando jabones para el aseo del hogar, de la ropa, de los baños o de la loza, como sucede en marcas como la del jabón “Axión” o la del caldo “Ricostilla”. Así, tampoco nos causa ninguna sorpresa la sangre azulada de las mujeres que aparecen como protagonistas en los comerciales de “Nosotras”, tanto como no nos asombra ver que se hace uso del periodo de la menstruación como lugar para ser llenado con los estereotipos de la feminidad “sensible” e “irritable”, nombrada como “cara de cólico” en ciertos comerciales.

Andrea Barragán, en abril de 2012, sube a youtube su proyecto Mujer:es, en el que a través del montaje de imágenes de archivo, de comerciales producidos a finales de los 90’s en la televisión colombiana, señala cómo estas representaciones re-producen los modelos sexistas, que conforman los parámetros bajo los cuales, se naturaliza la idea del cuerpo de las mujeres como diferente, complementaria y subordinada al cuerpo de los hombres. Barragán (2012), en el texto adjunto al video, escribe:

…estas imágenes las pongo en contraste con una canción icónica de tributo a las mujeres hecha por Arjona, un machirulo Guatemalteco que en varias ocasiones ha tratado de definir lo que es la mujer con respecto al hombre./ Quise unir estas dos versiones sobre lo que debe ser una mujer, para en ellas encontrar las relaciones que se establecen en el ordenamiento social, en donde la mujer:es jerárquicamente subordinada al mundo masculino, para el cual ella es objetualizada, reduciendo su nivel de agenciamiento a lo privado en donde el reino y su empresa será el cuidado de su morada.

El interés en las formas en las que se representan los cuerpos de las biomujeres y tecno-mujeres en Colombia, atravesado por lineamientos de clase, raza, edad, ubicación geopolítica, práctica sexual, talla…, es actualmente la fuente de proyectos colectivos e individuales desde las prácticas artísticas y diversos procesos creativos, que parten de entender que «las representaciones son[…] hechos sociales y, por lo tanto, tienen consecuencias visibles en la cotidianidad de los miembros de una sociedad o de una cultura» (Rabinow, citado por Rodríguez Rondón, p. 39-45 2006). Pensar que las imágenes y múltiples representaciones a las que estamos expuestxs continuamente no son neutras, sino que implican afectaciones en nuestra emocionalidad y en las maneras en las que construimos nuestros cuerpos, nuestras vidas, nuestros deseos y las formas en las que vemos el mundo, implica concebirlas como dispositivos que re-producen las normas corporales que son actualizadas constantemente en y por lxs sujetos a lxs que interpelan.

Iniciativas críticas, dadas algunas a la luz o cercanas a diversas perspectivas feministas, como las del Colectivo Zunga, la Colectiva Lobas Furiosas (actualmente separada), la Revista Vozal, Mujeres Al Borde, Féminas Festivas, Colectivo Rexiste Riot Girrrl, Colectivo Gafas Violetas, Colectivo Divergentes (actualmente separado), Colectiva Juana Julia Guzmán, Zenaida Osorio, Mónica Eraso, Andrea Barragán, Ángela Robles y Una Lina Pardo Ibarra (autora del proyecto que convoca este texto), son actualmente, a nivel local, algunxs de lxs que han propiciado lugares desde dónde problematizar, a través de diversos procesos creativos, las formas en las que son construidas las subjetividades, identidades y corporalidades.

La articulación entre prácticas feministas y prácticas artísticas no hace parte de un momento histórico superado, ni tampoco es un movimiento, una vanguardia ni un estilo anclado en el trabajo de las artistas de finales del siglo XX. Esta confluencia sigue siendo vigente, en tanto que «el discurso feminista se ha convertido en la actualidad en una de las prácticas y en una de las teorías más activas en el desmontaje de las categorías de subjetividad, de identidad y de transformación de los roles asignados a los géneros y a los estereotipos sexuales» (Martínez Collado, 2005, p. 12). Así mismo, las prácticas artísticas posibilitan, a través de sus propias herramientas, el lugar de subversión de dichas normativas corporales y la posibilidad de transformación de las mismas. Al encontrar, en la generación de imágenes propias, un lugar de resistencia a las formas en las que los cuerpos son representados y así disciplinados, se generan iniciativas, que no corresponden propiamente al espacio de prácticas artísticas, desde donde se cuestiona, a través de herramientas creativas, las lógicas de poder que atienden al mundo de las imágenes.

Entender la multiplicidad de perspectivas feministas, no dadas linealmente, sino como respuesta crítica a sistemas de dominación actualmente perpetrados sobre los cuerpos conformados como “lxs otrxs” de la modernidad blanca, hetero, europea, colonial y delgada de lo humano, así como la diversidad de formas en las que se articulan estas perspectivas con las prácticas artísticas, permite el acercamiento a varias iniciativas creativas, como las nombradas anteriormente en nuestro contexto, desde las cuales se hace uso de diferentes procesos de producción de imágenes para generar lugares de reflexión sobre las maneras en que son construidas socialmente las representaciones sobre nuestrxs cuerpos y las maneras de contrarrestarlas, subvertirlas, resistirlas y transformarlas.

UNA MUJER DE ROJO (3)

Del 13 al 17 de agosto de este año, Una Lina Pardo Ibarra, en el marco del espacio de La Vitrina, en la Universidad de los Andes, en Bogotá, realiza su imagen performática(4) Una Mujer de Rojo. La invitación al evento, es difundida días antes, a través de la red, en plataformas como facebook. En ella, aparece el nombre del proyecto y la fotografía de su autora, vestida de rojo. Una Lina Pardo Ibarra hace uso de La vitrina como espacio de exposición de su cuerpo menstruante, durante cinco días, durante cinco horas cada uno, en relación con un mueble que se encuentra en la parte baja del lugar en el que ella está encerrada; el mueble contiene una serie de imágenes, que a manera de estampas religiosas, conforman un archivo de fotogramas, en los que son visibles mujeres vestidas de rojo en diversas películas, desde 1939 hasta el 2011. La disposición de la vitrina referente al mueble en el que se encuentran las estampas, consigue que quienes se acercan a ver el proyecto, deban inclinarse y ubicar sus rostros en la parte baja de la vitrina, en donde se localiza la vagina sangrante de Una Lina Pardo Ibarra.

Durante el tiempo de realización de la imagen performática y después de ésta, se despliegan en la red, espacios de discusión sobre el proyecto Una mujer de Rojo, dentro de los cuales podemos contar el blog de la asignatura Intervenir el espacio público, del departamento de Artes de la Universidad de los Andes, cuyo profesor es Jaime Iregui, y la página Intervenir el espacio, dentro de la plataforma de Esfera Pública; las dos páginas están enlazadas y los comentarios realizados en el primer espacio, pueden verse en el segundo.
Sorprende cómo, en la plataforma de Esfera Pública, en los dos lugares que se le dedican a la discusión generada en torno al proyecto de Una Lina Pardo Ibarra, se elija como punto de partida, un texto de Camila Montalvo (2012), que concluye de esta manera:

Así es, una reflexión a través del lenguaje corporal “liberador” que sugiere una relación con otros aspectos complejos pero que finalmente son lugares comunes donde viene la cosa feminista: vestido rojo + sensualidad + menstruación = mujer. Como si el verdadero mal fuera la menstruación: soy mujer, luego menstruo. Es bastante simplista, un intento por apoyarse en símbolos creados por su propia limitación de lo femenino: encerrarse en una vitrina, menstruar públicamente y relacionarlo inmediatamente con el vestido rojo. Quizá si la artista supiera que en la década de los noventas, en Colombia se dio el fenómeno feminista, de donde surgieron muchas posiciones que cuestionaban lo femenino y las revisara con cuidado, no hubiera quedado tan tibia en su cuestionamiento que se limita a esa condición reductiva de los medios de comunicación, dejando por fuera toda una serie de
discursos y censuras sobre el entendimiento del cuerpo que son toda una conciencia de la sociedad y que además ha evolucionado con el tiempo, pues el acto de menstruar en público visto como experiencia femenina podría ser equivalente al acto de sacarse un moco en público visto como experiencia infantil, no se trata de la mujer, se trata del cuerpo (Negrillas mías).

Esta opinión, nombrada en la página, en una primera instancia como “sinopsis”, permite evidenciar cómo el acercamiento a propuestas, dentro de ciertos espacios (al parecer, como el de las prácticas artísticas en Colombia), que estén ligadas o que parten de perspectivas feministas, son deslegitimadas por el hecho de ser consideradas anacrónicas, pasadas de moda o superadas, como si ya no valiese la pena hablar «de la mujer» porque ahora «se trata del cuerpo», como lo enuncia Montalvo; afirmación que no queda muy clara, ¿a qué querrá referirse con el enunciado «no se trata de la mujer, se trata del cuerpo»? ¿Acaso las mujeres no somos cuerpos? ¿Generar espacios de reflexión sobre cómo se perpetúan los roles asignados a las mujeres ya no son necesarios? ¿Qué se siga matando a mujeres, por el hecho de ser mujeres (feminicidios), quiere decir que «hay conciencia» de qué? ¿Las prácticas artísticas están escindidas de los movimientos sociales y de los campos críticos sobre las imágenes? ¿De verdad creerá que menstruar es como «sacarse un moco»? ¿Repensar cómo se representa a las mujeres y cómo a través de dichos modelos se construyen y legitiman relaciones sociales, no es un «aspecto social» y no le concierne a las mujeres? ¿A las prácticas artísticas no les corresponde problematizar, los dispositivos visuales que continúan produciendo el género? ¿Las prácticas artísticas se entienden como lugares neutros, en donde no se reproducen los roles asignados a las mujeres? ¿Quedó tan escandalizada Montalvo, al ver a Una Lina Pardo Ibarra menstruando, que no logró entender las relaciones críticas tejidas desde el trabajo de archivo de mujeres objetos de deseo y la acción de menstruar en una vitrina que incomoda el cuerpo de Una asignada como mujer?

Teresa de Lauretis (1989) escribe que «la construcción de género prosigue hoy a través de varias tecnologías de género (por ejemplo, el cine) y de discursos institucionales (por ejemplo, teorías) con poder para controlar el campo de significación social y entonces producir, promover e “implantar” representaciones de género» (p.25). A través del trabajo de archivo cinematográfico sobre mujeres de rojo, Una Lina Pardo Ibarra señala, cómo la construcción de personajes, como modelos de representación, ha localizado a las mujeres, en el cumplimiento de unos roles que se re-producen como característicos de nuestrxs cuerpos. Las estampas de “mujeres de rojo” en el cine, hace parte de una recopilación que evidencia cómo ese “hacerse mujer”(5), responde a unos códigos que actualizan la objetualización de los cuerpos de las mujeres y su lugar como imágenes deseables para el ojo masculino.

Muestra de este lugar constitutivo en el que se ha enmarcado y se enmarca actualmente al cuerpo de las mujeres, como objeto de deseo para la mirada masculina, es el comentario de Julian Felipe Baquero (2012), espectador de Una Mujer de Rojo, quien escribe:

En esta intervención vemos que la artista desea resaltar lo que ella llama “lo femenino” de la mujer, haciendo uso de un ciclo fisiológico característico de la mujer, el ciclo menstrual. De esta manera ella quiere hacer evidente la diferencia que marcan las etapas de este ciclo, haciendo énfasis en la etapa menstrual[…] el aumento en la secreción de sustancias químicas en el cuerpo lleva a que ella se siento más a gusto con su físico de mujer[…] Con esta intervención no me siento del todo a gusto, ya que para resaltar la feminidad en la mujer no es necesario el uso de tabúes. La belleza y feminidad de una mujer se va a campo más abstracto y subjetivo, pues las sensaciones que despiertan los aspectos físicos no son suficientes para considerar a una persona como bella […] Por esta razón veo que a esta propuesta le falta creatividad, ya que la desnudez y la menstruación se quedan cortas en el momento de resaltar la feminidad y sensualidad en la mujer.

¿Cómo es posible pensar que el llamado “asunto de las mujeres” o “la cosa feminista” esté superada, cuando se acerca un bio-hombre al trabajo Una mujer de rojo, esperando que la autora exalte de manera efectiva la feminidad y sensualidad que supone propias de las mujeres? ¿No percibió que lo que cuestionaba Una Lina Pardo Ibarra, era precisamente ese rol de objeto de deseo, que implica la expropiación de su cuerpo, la invisibilización de su menstruación, por ejemplo, y que conduce al cumplimiento de unos códigos que violentan la existencia de muchas mujeres?

Me detengo en estos dos comentarios, a pesar de la gran cantidad de letras leídas en torno al proyecto de Una Lina Pardo Ibarra, puesto que creo que condensan puntos problemáticos en común, respecto a lo suscitado por la acción: la deslegitimación de Una mujer de rojo por parecer una apuesta feminista y por tanto anacrónica y la imposibilidad de ver las relaciones tejidas por la autora en su imagen performática, debido a la centralización de los espectadores en que “había una mujer, menstruando en público, en la universidad”.

Las perspectivas feministas, o “la cosa feminista”, como la llama la espectadora Camila Montalvo, en su total desconocimiento de las mismas, con todos esos “asuntos” que problematizan las construcciones y los lugares de los cuerpos de las mujeres, de lxs no heterosexuales, de lxs racializados, de lxs que no estamos en el norte geopolíticamente dominante, de lxs gordxs, de lxs discapacitadxs, de lxs locxs, no es un “algo” superado, puesto que éstos siguen siendo los cuerpos violentados, simbólica y materialmente.

Generar posturas críticas sobre las imágenes, respecto a los sistemas de dominación y regulación de los cuerpos en nuestro contexto, parte de entender los dispositivos visuales que atraviesan las maneras en que construimos nuestras subjetividades y nos relacionamos en el mundo. Las representaciones no son simples imágenes ajenas a nuestra cotidianidad, a través de ellas se generan complejos hilos en los que nuestrxs cuerpos son interpelados, «proceso por el cual una representación social es aceptada y absorbida por un individuo como su (de ella o de él) propia representación y así volverse, para ese individuo, real, aún cuando en realidad es imaginaria» (Althusser, citado por Lauretis, 1989, p. 19).

Como señala el Colectivo Zunga, la producción mediática de imágenes respecto a la menstruación de las bio-mujeres, es un asunto que está enmarcado dentro de la higienización de nuestrxs cuerpos, y no constituye un espacio neutro y despolitizado, sino que atiende a lógicas de poder que mantienen y actualizan discursos desde donde se enuncian las maneras en que deben construirse, sentirse y pensarse las mujeres. Preciado (2006) enuncia que, la arquitectura, y para nuestro caso, los dispositivos visuales y protésicos generados para el manejo de lo relacionado con la menstruación,

 …bajo pretexto de higiene pública, dice ocuparse simplemente de la gestión de nuestras basuras orgánicas. BASURA>GÉNERO. Infalible economía productiva que transforma la basura en género. No nos engañemos: en la máquina capital-heterosexual no se desperdicia nada. Al contrario, cada momento de expulsion de un desecho orgánico sirve como ocasión para reproducir el género”.

Así, las campañas publicitarias que giran en torno a la promoción de los productos que se suponen simples artefactos para “el cuidado del cuerpo de las mujeres”, constituyen el espacio de re-producción de nociones de feminidad hegemónicas, como la vergüenza a la vagina, ese lugar que sigue siendo metáfora de “misterio” e “inmundicia”, tanto como la actualización de nociones esencialistas sobre la construcción de los cuerpos de las mujeres, como el pensar que “nacemos mujeres”, ligada a una genitalidad particular.

Asistimos a la extensa fabricación de productos dirigidos al “cuidado íntimo” de las bio-mujeres. Jabones exclusivamente diseñados para la vagina, una gran cantidad de dispositivos de absorción de la sangre menstrual, protectores diarios para “cuidar” la ropa interior del “flujo vaginal” y pañitos húmedos para limpiar “efectivamente” la zona genital, por ejemplo. En el portal web(6) de los productos Nosotras, el siguiente texto acompaña la página de promoción de los productos:

Sabemos que cada mujer es diferente... Nosotras tiene para ti, muuuuuchos productos que se ajustan a tus gustos y necesidades, diseñados especialmente para tu comodidad y tranquilidad. Conoce los tipos de Toallas, Protectores, Tampones, Pañitos Húmedos…y mucho más! Para que vivas segura estés donde estés.

Seguido de esto, aparece acompañando el jabón líquido (7) con el siguiente enunciado:

Las relaciones íntimas, el uso de baños públicos, el sudor, la humedad, las diferentes texturas de tus pantys, la depilada y mucho más, hacen que tu zona íntima esté expuesta a irritaciones, infecciones, rasquiñas y posibles olores./ El nuevo Jabón Íntimo Nosotras Natural con ácido láctico, evita que el ph de la zona íntima se altere y elimina los hongos que producen infecciones vaginales, lo que los jabones de tocador no hacen./ Además tiene aloe vera y manzanilla, ideal para la delicada piel de tu zona intima./ ¡cómpralo ya! úsalo todos los días en la ducha y siéntete íntimamente limpia, íntimamente segura.

Se habla de la menstruación, se habla de la vagina, pero ¿en qué términos se hace? El gran éxito que tienen este tipo de dispositivos, es que nos hacen creer que “ya lo vimos”, que “ya lo sabemos”, que se habla y que no se necesitan “modos literales” para hacerlo. Ahí está la vagina, ahí está la menstruación, así no se haga de manera explícita. Así, pareciese que no hay restricciones por las cuales “luchar”, de “esto ya se habla”, tanto como ya trabajamos, como ya votamos, como ya hemos accedido al llamado “espacio público”, entonces, ¿porqué seguir peleando por lo mismo?

Imagen 2. Respuesta de la colectiva Lobas Furiosas a las publicaciones de las revistas HOLA y SOHO. Difundida en internet.
Imagen 2. Respuesta de la colectiva Lobas Furiosas a las publicaciones de las revistas HOLA y SOHO. Difundida en internet.

Hace aproximadamente un año, en Diciembre de 2011, aparece en la revista Hola, la imagen de cuatro mujeres adineradas de Cali, quienes se encuentran en primer plano; en el segundo plano, simétricamente acomodadas, aparecen dos mujeres negras, con bandejas de té, a manera de decoración en la fotografía. La gran conmoción mediática por la que se llamó “una imagen racista”, que en realidad no sólo era racista, sino también sexista, clasista y colonial, produjo diversas respuestas, entre las cuales aparece una publicación “reivindicativa” al hecho, por parte de la revista Soho, que resuelve poner cuatro modelos racializadas, desnudas, en primer plano y en segundo, dos mujeres blancas, vestidas, con bandejas de té, a manera de decoración en la fotografía. ¿Está, de verdad, “ese asunto de las mujeres”, superado?

¿Cómo se habla de los cuerpos de las mujeres? ¿Quiénes lo hacen? ¿Quisiéramos seguir dejando las representaciones de nuestros cuerpos en manos de quienes creen que somos floreros para cambiar de lugar a su antojo? ¿Queremos que nuestrxs cuerpos sigan siendo considerados como lugares inmundos, foco de infecciones y “malos” olores? ¿Queremos ser el centro de las burlas (violencias) cada vez que se manche nuestro pantalón de rojo, porque la menstruación debe estar escondida? ¿Queremos seguir pensando que los fluidos de nuestro cuerpo son algo “grotesco”? ¿Queremos que nos sigan matando por ser mujeres? ¿Queremos seguir pensando que esto que nos han dicho es lo que somos y que no podemos estar de otras formas?
Lo que generó el proyecto de Una Lina Pardo Ibarra, fue la ruptura de un lugar de comodidad y la puesta en evidencia de los parámetros normalizadores, sexistas, anti-feministas y violentos, con los que se acercaron muchxs de lxs espectadorxs a Una mujer de rojo y su incapacidad para poder ver la imagen performática planteada por la autora. El pánico producido por saber a una mujer menstruando públicamente en las locaciones de su universidad, imposibilitó a lxs estudiantes de artes de los Andes, quienes escribieron prolongadamente sobre su  molestia al tener que ver una acción a la que catalogaron de “literal”, el poder interpretar los diferentes elementos que tenían frente a ellxs.

No les dijo nada la vitrina pequeña, incómoda, en la que se encontraba el cuerpo, no de un maniquí, sino de la autora del proyecto; no les suscitó nada, saber que fueron cinco días, durante cinco horas cada uno, los que Una Lina Pardo Ibarra estuvo allí, en silencio, presenciando las maneras en las que se acercaban a su cuerpo expuesto; no se molestaron en pensar el trabajo de archivo realizado en torno a las mujeres de rojo del cine y la relación de estas imágenes, que puestas a manera de estampas religiosas, se contraponían con el rojo de la sangre menstrual, señalando la paradoja de las representaciones de los cuerpos de las mujeres, que se encuentran entre lo sublime y lo inmundo, lo pagano y lo religioso, lo bueno y lo perverso, binarismos constitutivos de los dispositivos de regulación de los cuerpos; no se preocuparon por entender que éste no era un reencauche de las artistas de fin de siglo pasado, sino una acción contextualizada, una preocupación actual sobre las formas en las que se construyen los cuerpos de
las mujeres a través de la vergüenza; no entendieron, ni siquiera, cómo al acercarse a las estampas, se inclinaban ante la vagina de un cuerpo que no se quitó la camisa blanca para mostrarles las tetas, sino que centró la atención en el espacio de su vagina, sin depilaciones, sin maquillaje, sin condescendencias, desafiando la tal “sensualidad” que alegaron, había faltado; de lo que no se dieron cuenta, en general, fue de cómo sus reacciones e intentos de comentar lo que suponen vieron, muestran ampliamente la actualidad, la pertinencia y la importancia del proyecto Una Mujer de Rojo en nuestro contexto.

Mientras lo “humano”, siga construyéndose a través de parámetros racistas, sexistas, heterosexistas, coloniales y clasistas, las críticas realizadas desde
perspectivas feministas y cercanas a éstas, serán pertinentes, actualizables, necesarias y fundamentales. Las prácticas teóricas y las acciones feministas no son algo dado, estancado y pasado, por el contrario, son constantemente reevaluadas, ampliadas y repensadas. Helena Reckitt (2005), es su libro Arte y Feminismo escribe: «La promesa del arte feminista es la creación realizativa de nuevas realidades. El arte feminista reconocido llama nuestra atención sobre las posibilidades de pensamiento y práctica que aún quedan por crear, por vivir» (p. 20). Considero que la categoría Arte Feminista es re-evaluable, debatible, pero lo escrito por Reckitt pone de manifiesto la potencia transformadora de los proyectos que tienen la preocupación de generar espacios de reflexión, desde las prácticas artísticas y yo sumaría, diversos procesos creativos, en torno las formas en las
que se construyen nuestrxs cuerpos y las formas en las que lxs entendemos en relación con el mundo.

Apunte final, para lxs espectadorxs indignadxs por Una mujer de Rojo

 originalEn facebook rota una imagen que tiene por asunto “curar a una feminista”. Para quienes crean que es posible, lamento darles una mala noticia, no lo es. Si les pareció aterrador ver cómo Una Lina Pardo Ibarra se atrevía a ser la protagonista del acto “grotesco” de menstruar frente a ustedes, y si creyeron que sus comentarios serían capaces de callar, de silenciar, y de curar a esa “feminista anacrónica”, no entendieron algo más: nada más peligroso, que una feminista a la que se le ratifican, una y otra vez, los motivos de sus rabias y preocupaciones, los afectos que la movilizan y su situarse en contra. Serán parte, seguramente, de muchas más acciones “escandalosas”, feministas y “grotescas”; las mujeres perversas, las malas mujeres, las feas, las gordas, las maricas, las lesbianas, las camioneras, las locas, las barbudas, las indias, las machorras, las de vaginas menstruantes, las putas, las pobres, las sureñas, las travestis, las negras, las monstruosas, las que quieren ser hombres, las que tienen pene, las de vaginas dentadas, aún tenemos muchos espacios que tomarnos y mucho que decir, porque “ciento cincuenta años de feminismo” no son suficientes, frente a “siglos enteros de misoginia y odio a las mujeres”, racismo, clasismo, heterosexismo y colonialismo.
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(2) Entenderemos el término “mujeres” durante el texto, teniendo en cuenta la forma en la que aborda Beatriz Preciado, en Testo Yonqui, las categorías hombre y mujer: “Surge así, en medio de la guerra fría, una nueva distinción ontológico-sexual entre los hombres y mujeres «bio», aquéllos
que conservan el género que les fue asignado en el momento del nacimiento, y los hombres y las mujeres «trans» o «tecno», aquéllos que apelarán a las tecnologías hormonales, quirúrgicas y/o legales para modificar esa asignación”. Así, cuando diga “mujeres”, estaré haciendo referencia a
bio y tecno mujeres, cuando haga alusión explícita a Bio-mujeres, me estaré refiriendo a los cuerpos de las asignadas como mujeres al momento del nacimiento.

(3) Para ver imágenes de Una Mujer de Rojo, ir a: http://arte.uniandes.edu.co/expo/una-mujer-de-rojo/
(4) Llamaré “imagen performática” al proyecto de “Una Lina Pardo Ibarra”, a manera de “imagenacto”– “imagen-acción”.

5 Desnaturalización de la categoría mujer, “no nacemos mujeres, llegamos a serlo”, “la mujer no nace, se hace”. Posturas críticas que parten del trabajo de Simone de Beauvoir.

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Imagen 3. Imagen que circula en facebook. Autor y fecha de realización desconocida.
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Una mujer de rojo. (2012). Consultado el 22 de Noviembre de 2012, Universidad
de los Andes, página web de del Departamento de Arte:
http://arte.uniandes.edu.co/expo/una-mujer-de-rojo/
Yo Soy. (2012, Abril 12) Mujer:Es. [Archivo de Video]. Recuperado de
https://www.youtube.com/ watch ?v=D2vtUqg7dM

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 Angela Patricia Robles Laguna: Maestra en Artes Visuales, con énfasis en expresión audiovisual, de la Pontificia Universidad Javeriana. Lleva a cabo proyectos de investigación-creación e investigación-intervención en arte y género.

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Arte y menstruación

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A partir de la polémica surgida en Instagram, revisamos varios casos en los que el arte y la menstruación se encuentran.
Por Daniel Basurto/@debudemedeiros

*** artículo aparecido originalmente en http://elsoma.mx/ el 26/05/2015

Hace unas semanas, una serie de fotografías de la artista y poeta Rupi Kaur fueron bajadas de Instagram, debido a que hacían referencia a su menstruación. A pesar de que las imágenes no eran explícitas, fueron censuradas por ir en contra de las condiciones de uso de la plataforma. Esta situación dio pie al debate sobre el tipo de censura que debe –o no– existir en las redes sociales; pero el caso también trajo a colación una pregunta: ¿por qué mostrar la menstruación es considerado ofensivo e impúdico?

Este problema no es nada nuevo. Al menos de los años sesenta a nuestros días, artistas (todas ellas mujeres) se han preguntado sobre su sexualidad desde diferentes expresiones (fotografía, pintura, performance, etc.) y han utilizado la sangre de la menstruación tanto como objeto de estudio como herramienta de trabajo. La aproximación estética lleva consigo un postulado político: hacer visible y público aquello que explícitamente ha sido considerado íntimo y privado.

Estas expresiones no refieren a los desnudos femeninos canónicos (herederos de la tradición clásica griega), en donde la figura de la mujer es idealizada bajo las ideas de pureza, fertilidad o amor; más bien, se trata aquí de las “otras” formas de la sexualidad femenina a las que el arte, por decirlo de algún modo, siempre tuvo recelo de entrar y que en años recientes comenzó a ser explorado con seriedad.

Artistas como Judy Chicago, Carolee Schneemann, Marina Abramovic, Rocío Boliver, Martha Rosler, por mencionar algunas, fueron las referentes que se preguntaron sobre las posibilidades de mostrar artísticamente su sexualidad sin recurrir a las clásicas expresiones. Una de las premisas compartidas de estas artistas fue la de confrontar los valores que habían definido el acotado mundo de la sexualidad femenina, para investigar sobre los prejuicios que conformaban el papel de la mujer en la sociedad. En este sentido, el tema de la menstruación se volvió paradigmático, y no han sido pocos sus ejemplos.

A continuación se hará un breve recuento de casos donde el tema de la menstruación ha tenido relevancia en las discusiones sobre la sexualidad femenina desde el arte, así como algunas de las reacciones que ejemplifican el diálogo (no necesariamente amistoso) que ha existido entre las artistas y la audiencia a lo largo de los años.

El caso Instagram

Un caso reciente es el de Rupi Kaur, artista y poeta estadounidense de raíces hindúes que, el pasado 25 de marzo, subió una serie de fotografías cuyo título es “Periodo”. La serie muestra precisamente el periodo de menstruación de la artista dentro de escenas cotidianas: levantándose con una mancha de sangre en su pijama, sus pies en la ducha con las inevitables gotas rojas deslizándose de sus muslos y rodillas hacia la coladera, acostada por el dolor de los cólicos y hasta el momento de ir a la lavandería para limpiar el pequeño incidente. Todo esto fue realizado con motivo de un curso de retórica visual que Rupi Kaur desarrolló en la Universidad de Waterloo.

Rupi subió las fotografías a su cuenta de Instagram y, en cuestión de horas, fueron removidas por “violar las condiciones de uso” de la plataforma. Pese a que las imágenes no mostraban escenas sexuales explícitas ni violencia de algún tipo, usuarios de Instagram reportaron las imágenes, considerándolas ofensivas. Ante tal acción, la artista contestó lo siguiente en su sitio:

“Gracias Instagram por darme exactamente la respuesta que mi trabajo buscaba criticar. Borraste la foto de una mujer que está completamente cubierta y menstruando alegando que va en contra de las condiciones de uso, cuando éstas marcan que son totalmente aceptables: la chica está completamente vestida, la fotografía es mía, no está atacando a ningún grupo y no es spam. Entonces, no está rompiendo ninguna de las condiciones de uso… ¡y volveré a postearlo! No voy a disculparme por no alimentar el ego y orgullo de una sociedad misógina que no tiene problemas con que salga en ropa interior, pero que no le parece una pequeña mancha de sangre cuando su página está llena de incontables fotos y cuentas donde mujeres (muchas menores de edad) son objetivadas, pornificadas y tratadas de forma infrahumana”.

Después de que las imágenes fueron removidas, una campaña en redes sociales comenzó a adquirir fuerza de manera espontánea. De pronto los comentarios negativos fueron los menos y los mensajes de apoyo para Rupi aumentaron a tal grado que el tema se volviótrending topic y fue tema de discusión en medios como The New York Times, The Huffington Post  y The Guardian.

Tal fue la presión en redes sociales y medios de comunicación que Instagram se disculpó con la artista, alegando que habían cometido un error y la foto había sido bajada “accidentalmente” por un miembro del equipo… dos veces. Finalmente las fotos fueron restauradas en su cuenta.

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La artista Casey Jenkins realizó un performance que consistió en tejer una bufanda durante 28 días. Pero la variante fue que insertó el rollo de estambre en su vagina de modo tal que, mientras avanzaba la bufanda, el hilo blanco iba saliendo poco a poco de su útero. El objetivo de que el performance se hiciera durante 28 días es claro: eventualmente Casey iba a menstruar y parte de la bufanda cambiaría de color.

Mientras trascurrían los días, la bufanda comenzaba de un color blanco para pasar a tener en algunos partes variaciones de color que iban de lo rosado hasta el rojo intenso. Sobre si el acto fue doloroso o no, la artista respondió: “No duele. Es decir, ¡bebés salen de ahí! Así que es un área bastante resistente”.

Muchas de las reacciones inmediatas fueron negativas. Los comentarios en su cuenta de Facebook atacaron tanto al performance como a su propia persona, refiriendo no sólo a que era de mal gusto y antihigiénico, sino que también era muestra de que la artista tenía incluso un problema psicológico y debía buscar ayuda profesional. Otros comentarios descalificaban el performance alegando que lo único que buscaba la artista era llamar la atención. Al respecto, Casey contestó lo siguiente:

“En tanto que artista, efectivamente, busco atención hacia mi trabajo –quiero expresarme y comunicar ideas y me rehúso a sentirme arrepentida por ello. Lo que no estoy buscando a través de este trabajo es aceptación externa sobre mí. De hecho, el trabajo está enfocado principalmente a rechazar mi validación desde fuentes externas”.

Después del mes que duró su presentación, la artista dijo haber adquirido mayor confianza en su cuerpo y, a pesar del escándalo que provocó su performance, espera que, una vez pasadas las reacciones viscerales en internet, la gente comience a preguntarse a sí misma por qué reaccionó de esa manera hacia la artista.

Para la Jenkins este performance es una forma de poner en entredicho la identidad de género (tema que recorre toda su producción), pues algo tan inocente como tejer se vuelve disruptivo cuando la menstruación, literalmente, se impregna en el acto. Como dato, la representación de las mujeres bordando (especialmente en los retratos decimonónicos), simbolizó la quietud y pasividad femenina; el acto de permanecer quieta en un punto evidenciaba su debilidad, docilidad y pertenencia al ámbito doméstico.

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Ya seamos hombres o mujeres, podemos identificar referentes de nuestra infancia que fueron el símbolo consumado de la sexualidad femenina. Algunos de los ejemplos más representativos son Britney Spears (recordemos el ajustado traje rojo que usó en el video “Oops!… I did It Again”); Jessica Rabbit en su icónica aparición dentro de Who Framed Roger Rabbit? (Zemeckis, 1988), cinta en donde canta de manera seductora “Why don´t you do right”; Pamela Anderson en su apretado bikini y corriendo en cámara lenta sobre la playa para salvar la vida de los pobres pero siempre afortunados incautos enBaywatch (Berk, 1991); o finalmente, a Cameron Diaz en The Mask (Russell, 1994) entrando inocentemente al banco para abrir una cuenta con Stanley Ipkiss (Jim Carrey).

Bien, pues todas estas referencias fueron utilizadas por Lina Pardo Ibarra, estudiante de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia), quien durante 5 días habitó una vitrina para exponerse a sí misma durante el periodo de su menstruación. De acuerdo con Linda, el propósito de su performance, llamado La mujer de rojo, buscó cuestionar la idea de lo femenino, realizando una confrontación entre los procesos biológicos humanos de las mujeres con los patrones de sexualidad femenina exhibidos por laindustria cultural hollywoodense.

Algo interesante de este performance fueron las discusiones que se generaron alrededor de éste por parte de mujeres que, lejos de escandalizarse, pusieron en tela de juicio la efectividad de la presentación de la estudiante, tachándola de simplista y sin muchas referencias del feminismo colombiano de años anteriores. La académica y feministaCamila Montalvo, comentó lo siguiente:

“Es bastante simplista, un intento por apoyarse en símbolos creados por su propia limitación de lo femenino: encerrarse en una vitrina, menstruar públicamente y relacionarlo inmediatamente con el vestido rojo. […] pues el acto de menstruar en público visto como experiencia femenina podría ser equivalente al acto de sacarse un moco en público visto como experiencia infantil, no se trata de la mujer, se trata del cuerpo”.

Quizá lo más significativo de este performance fue que puso en Latinoamérica la discusión sobre cómo nos relacionamos con la menstruación y los prejuicios que existen frente al proceso biológico; sin embargo, las críticas dejaron en claro que el acto no puede valer por sí mismo, ni simplemente buscar el shock sin ningún propósito pues de lo contrario, como dice Montalvo, terminaría por perpetuar aquello mismo que busca criticar.

Desplazamiento interior

Carolee Schneemann es una artista visual norteamericana que desde mediados de los años setenta ha abordado desde múltiples disciplinas artísticas (fotografía, pintura y performance) la sexualidad femenina, los tabús como expresión de represión y de placer, así como el cuerpo y su relación con el “cuerpo social”. Para Schneeman, el modo en que nos relacionamos con nuestros cuerpos es una expresión de cómo socialmente definimos nuestros placeres, dolores y deseos. En consecuencia, dice, modificar la relación con nuestro cuerpo puede tener implicaciones sobre la forma en que socialmente éste es comprendido.

Uno de los performances más recordados de la artista fue “Interior Scroll” (desplazamiento interior), en donde utiliza su cuerpo como herramienta y objeto de estudio, y más específicamente, su vagina. En dicho performance (celebrado en el año de 1975 Festival de cine de Telluride, Colorado), Schneemann se para desnuda en una mesa, pintada con lodo y extrayendo de su vagina un rollo de papel mientras recita el discurso escrito en él. Una parte del texto dice lo siguiente:

“Pensé en la vagina de diferentes formas –física y conceptualmente: como una forma escultórica, un referente arquitectónico, las fuentes del conocimiento sagrado, éxtasis, pasaje al nacimiento, transformación. Vi la vagina como una cámara translúcida, donde una serpiente era un modelo exterior: amenizada por el pasaje de lo invisible a lo visible, un rollo espiral anillado bajo la forma del deseo y productor de misterios, atributos del poder sexual tanto masculino como femenino. Esta fuente interior de conocimiento estaría simbolizada por el índice del espíritu unificador y la carne de un trabajo divino”.

Después de los ejemplos citados anteriormente, el performance de Schneemann puede que de entrada no sea tan diferente o revelador; no obstante, fue el contexto en el cual ocurrió lo que le da un significado diferente. Scheneemann comenta en una entrevista que la escena artística de Londres en 1975 aún consideraba a las mujeres como las musas del arte, pero no las artistas. Scheemann dijo alguna vez que muchas de sus parejas incluso le robaron sus libros y materiales, alegando que ella, por ser mujer, no los necesitaba tanto como ellos.

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El hecho de que una mujer pretendiera hacer arte y apropiarse de su propio cuerpo para hacerlo, era entonces una afrenta a las formas tradicionales de creación artística. Evidentemente, las reacciones de sus colegas fueron desaprobatorias; muchos de ellos lanzaron vituperios hacia ella. Al respecto, Schneemann dice: “Nunca pensé que fuera chocante. Siempre que digo esto suena deshonesto; pero siempre pensé en esto como algo que necesitaban: ‘Mi cultura va a reconocer que algo está pasando por alto’ […] Siempre he tenido la esperanza de que mi audiencia crezca conmigo”.

A cuarenta años de los performances de Scheemann, mujeres artistas siguen explorando su sexualidad desde el arte. La menstruación se ha vuelto un tema paradigmático, puesto que toca muchas aristas y prejuicios sobre el cuerpo de la mujer y sobre aquello que le es permitido mostrar de sí misma en sociedad. En ese sentido, la referencia a la sangre menstrual y a la vagina misma se vuelve no sólo una expresión artística, sino también un postulado político que exige repensar nuestro sistema de valores alrededor de la mujer. Qué tanto se ha avanzado en estas reflexiones, esa esa quizás una pregunta que no puede responderse más que acudiendo constantemente a las expresiones artísticas, así como las discusiones alrededor de ellas. Aquí dejamos más ejemplos sobre el tema.

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Daniel Basurto. Actualmente es Editor General y Colaborador en ElSomaMx. Sus temas de interés son la filosofía, la política, la tecnología y las artes.

Twitter: @daebudemedeiros

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(1) Nota de la editora: En Hysteria! valoramos mucho el trabajo de Una Pardo Ibarra, quien ha sido fuertemente criticada por las fuentes que cita el autor de este artículo, quienes fallan en observar las implicaciones políticas en los esquemas de representación del cuerpo femenino que la pieza pone en tensión, sin embargo existen otras voces críticas que valoran su acción desde una visión feminista que vale la pena revisar para comprender cómo una vez mas en el escándalo suscitado por esta pieza se hace evidente el enorme tabú que rodea a la menstruación y la potencia que tienen las acciones de este tipo para sacudir los paradigmas sociales. 

https://es.scribd.com/doc/115254472/UNA-LINA-PARDO-IBARRA-UNA-MUJER-DE-ROJO-Pre-texto-para-un-acercamiento-a-practicas-artisticas-con-perspectivas-feministas-en-Colombia

(2) En un número anterior de Hysteria! Revista publicamos la información sobre la pieza en cuestión proporcionada por la misma autora.  https://new.hysteria.mx/una-mujer-de-rojo/

 

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Laguna mental, dibujos de María Conejo

Dibujos por María Conejo

Técnica: Tinta sobre papel

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María Conejo (México, 1988)

Diseñadora integral egresada del INBA (2006-10). Su ejercicio profesional ha consistido en el desarrollo de gráficos para exposiciones, diseño de publicaciones para museos, galerías y artistas y coordinación de producción de proyectos de arte.

Su obra gráfica es una representación poética de como surgen psicopatologías en las relaciones afectivas desde una perspectiva femenina. Usualmente utiliza dos sistemas de simbolismo, por un lado el concepto de “perder la cabeza por amor” representado por cuerpos de mujeres sin cabeza y por otro; cuándo estos personajes tienen cabeza, se refiere a un ejercicio de introspección dónde las emociones como la tristeza y la nostalgia fluyen incontrolablemente. Las técnicas con las que más trabaja son pintura con bordado y dibujo. Actualmente, es becaria del FONCA dentro del programa Jóvenes creadores (2014-2015)

Twitter: @maria_conejo
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Gelatinas azules

ilustración Ollinca Torres
ilustración Ollinca Torres

por Tlal VG

No quiero ser un chico y que todo lo que hago sea «normal» porque mis actitudes se las asignaron a un género

No quiero ser una chica, y siempre ser «la chica rara» porque tengo muy pocas de las muchas habilidades que se le asignan a las cisgénero de mi sexo

No quiero ser un ente en un cuerpo femenino

Pero tampoco quiero ser un «hombre» en un cuerpo masculino

Y tampoco quiero seguir sintiendo incomodidad

Ni seguir sintiéndome inadecuada al extrapolar lo femenino en una vestimenta «atrevida para las cisgénero de mi sexo»

Pero tampoco quiero encerrar mi lado femme y dejarlo morir cuando es el más atractivo…

No quiero nada, lo quiero todo, pero tampoco ya no puedo vivir aventando papelitos y esperando despertarme con la respuesta… ni quiero hacerme preguntas, ni quiero recibir respuestas obvias…

Solo ya no quiero sentir, ni pensar.

Tal vez uno inunda sus pensamientos, tal vez uno los entierra, desde que los encuentra, para no complicarse la existencia… pero en las horas vacías, se tortura, pues, se sabe que el debate con uno mismo es interminable.

Que si hoy soy «a», que si hoy soy «b», que si puedo ser el abecedario completo, pero, en el espejo jamás encontraré lo que late en el fondo de mi alma.

Y si me deshiciera de todas las reglas y conceptos absurdos, tal vez sería feliz, pues quién dijo que para ser «YO» tendría que verme de otra manera que no fuera esa gelatina azul que juega con la refracción de la luz.

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Tlal VG, autorx de Nogiedra, es Licenciadx en Comunicación, escritor y artista escénicoct-1.

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Homoweb: Ejercicicios Identitarios de la Homosexualidad Mexicana

Por Lagartier

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Hombres vestidos con ropa femenina, maquillados exageradamente y hablando con ademanes de esencia femenina es la manera en que recuerdo que los medios de comunicación de los 90´s —hasta nuestras fechas—representaban ordinariamente al homosexual en series de televisión abierta o en películas mexicanas. De forma paralela a esos «personajes» los llegaba a ver deambular en la vida real: tanto en pueblos como en ciudades.

    Con la alimentación de esos clichés, auspiciados por la mass media y los comentarios discriminatorios respecto al «jota de la colonia», la imagen de ese homosexual con parafernalia femenina se cristalizaba cada vez más en mi diccionario visual.

    Pasé la pubertad entre erecciones involuntarias, pelis porno que me prestaban mis amigos hetero, conquistas de chicas inalcanzables y cachondeos con mi amigovia en la oscuridad de las butacas del cine local. Ingresé a la universidad al inicio del año 2000, comencé a definir más mi personalidad y entonces fue cuando «amplié» mis horizontes sexuales. Al mismo tiempo entré en una especie de shock pues al descubrir —o tal vez de forma consciente— aceptar mi otro gusto por los chicos, pensé que la consecuencia próxima sería portar faldas u ombligueras y enchinarme las pestañas. Pensé que me convertiría en un personaje tipo «La Manuela» de la cinta mexicana «El lugar sin Límites —por cierto muy buena película de Arturo Ripstein. No quería eso. No me latía la idea de vestirme de mujer. Mis rasgos físicos son toscos, mi cara alargada mi gran manzana de adán, mi nariz aguileña, mis cejas pobladas, un cuerpo flaco, grandes manos y unos tenis del no. 9. Era mil veces mejor andar de «hombre». De hecho prefería tener un cuerpo musculoso en vez de uno «femenino». Las bubbies de las chicas me prendían, pero no ansiaba tener unos implantes.

    Estaba a gusto y en completa paz, armonía y complicidad con las travesuras de mi pene. Comencé a darme cuenta que ser y vivir mi parte homosexual era algo sencillo pero a la vez complejo: ¿cómo sabría identificar a aquellos hombres que tienen preferencias sexuales similares a las mías? Pues bien, para derribar las bardas de la discriminación homosexual, del «que dirán» o demás situaciones que ocurren por el simple hecho de pensar y ser diferente, a alguien se le ocurrió desarrollar sitios web —y ahora apps— cuya finalidad desde entonces era fomentar y facilitar la socialización y contacto sexual ocasional o formal entre hombres de determinada región o país. Esto sin necesidad de asistir a un bar o antro «gay» o tener que recurrir a una zona específica (pública o underground) para socializar o «ligar». Tales sitios web o apps son públicos y de cierta forma gratuitos, todo el mundo los puede utilizar, sin embargo conservan cierta naturaleza personal y privada. Esta situación permite que cualquier hombre fuera o dentro del «closet» decida entrar a estos sitios, sin temor a ser discriminado o criticado. Fue en estos espacios virtuales, donde comencé a encontrar de todo: homosexuales de tez morena, blanca o «tostada», de rasgos indígenas, mestizos, o ascendencia europea o africana.

    Mis clichés respecto a al concepto de imagen que tenía del homosexual se desmoronaron. Confirmé que la imagen establecida del homosexual en la sociedad en general es muy reducida, por tal motivo decidí hacer un ejercicio de corte tipológico que permitiera revelar un rostro de ese hombre que gusta de otros hombres; que habita en un mundo aparentemente ajeno llamado internet.

    Para este ejercicio identitario escogí el sitio web manhunt.net que afirma ser «el sitio de encuentros gay más grande del mundo». Sin embargo, su lema no fue lo que más llamó mi atención, sino la libertad que dan al usuario de establecer una o varias «fotos de perfil» sin censura en cuanto a contenido. Además de tener la facilidad de buscar perfiles por ciudad o población. Fue con este material gráfico subido a la web por la propia comunidad gay, que realice un ejercicio experimental de corte tipológico respecto a la imagen del homosexual mexicano que «habita» y convive en un espacio alterno llamado internet.

    En esta ocasión les presento una sección de este proyecto titulado Homo-web, que se compone de 6 retratos realizados con el uso de distintas imágenes faciales pertenecientes a centenares de perfiles de usuarios de la red social Manhunt® (México). Mediante la apropiación de tales imágenes realizada bajo una selección y organización sistemática, y con la utilización de un software de edición de imágenes, empleé cada imagen digital como negativo de película, colocando una sobre otra de una forma repetida y aleatoria para así emular una múltiple exposición de película fotográfica. Elegí 6 ciudades que en el aspecto cultural y social fueran claros representantes de distintas regiones de México (DF, Guadalajara, Monterrey, Mérida, Tijuana y Oaxaca) . La dimensión demográfica de cada ciudad también fue una variable importante a considerar, más no la única. Bajo este esquema, realicé una interpretación mediante imágenes apropiadas, que pudieran evocar un rostro común del homosexual que habita en diversas zonas representativas de México, para así recrear un retrato más libre de clichés que pueda materializar y la vez representar a ese grupo de homosexuales que están ahí pero parecieran invisibles: Homo-web.

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Sr. Lagartier, Ciudad de México. Fotógrafo freelance, con orientación al documental y la fotografía de autor. Su principal trabajo se centra en el retrato para fotoperiodismo o colecciones privadas (Bellas Artes). Desde 2013, colabora en diferentes revistas como MARVIN (Mexico), AROUSE (Spain), MAMBO MAGAZINE (Spain) and VICE (Mexico).

Ha participado en distintas exposiciones individuales y colectivas, en galerías y museos mexicanos.

Contacto:

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Los fluidos al frente en la obra de Ingrid Berthon-Moine

¿Qué lugar tienen en el imaginario popular los fluidos sexuales? ¿Qué pasa cuando se hacen visibles? ¿Qué es lo que revelan nuestros más íntimos fluidos sobre la construcción social del cuerpo, el género, la vergüenza y la abyección?

En su serie Red is the colour (2009) la artista francesa Ingrid Berthon – Moine desafía las convenciones de lo visible al presentar de manera frontal y sin tapujos 12 retratos de mujeres con los labios pintados con su propia sangre menstrual, poniendo en primer plano un fluido que históricamente ha sido tabú y que culturalmente se asocia con  vergüenza y la suciedad para hacerlo aparecer como un elemento para el embellecimiento de las mujeres.

En Fuck me shoes toma una frase de uso coloquial y la hace aparecer de manera literal, mostrándonos en una fotografía su propio cuerpo ataviado con unos zapatos de tacón alto rociados con semen mientras la artista mira de manera desafiante en dirección del espectador.

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Fuck Me Shoes (2010) – Fotografía a color

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Ingrid Berthon-Moine

http://www.ingridberthonmoine.com/

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CHICATRANS UNDER en: I Love my Pija…

Por Gabriela Binder

Chicatrans es un compendio de experiencias propias y apenas ajenas, historias graciosas, sobre nuestra forma de vida. Escrita y dibujada por mi…

Ilovemypija

Va más historias increíbles historias de Chicatrans, en su Fanpage.

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Gabriela Binder. Dibujante de comix,hice 3 muestras de dibujo este año: en el Hotel Bauen, en el Centro Cultural Carlos Gardel y en la galería de artre de Casa Brandon. Hace poco mas de un año que dibujo y publico en forma virtual en Chicatrans.

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Lía y sus líos

Cómic de Katherin Supnem

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Lía y sus lios es un cómic elaborado en tinta china sobre temas de género. Lía es una niña con problemas de identidad de género, se anda buscando.

Autora: Katherine Supnem. supnem@gmail.com

Portafolio de ilustración: supnemilustraciones.blogspot.com

puedes leer más de Lía y sus lios aqui: http://liaysuslios.tumblr.com/

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Tinta Roja

"Tricéfala", Ilustración de Itziar Markiegi
«Tricéfala», Ilustración de Itziar Markiegi

por Iván Landázuri

– Creo que mañana me baja – Pronunció Rebeca mientras se subía las pantaletas.

Fernando no dijo nada.  La miró vestirse a un costado de la cama. Siguió recostado, el tema recién le comenzaba a angustiar, pero no lo suficiente. A pesar de encontrarse en la etapa de retractación, su libido no disminuía. Hasta cierto punto, ver el cuerpo esbelto y juvenil de Rebeca le devolvía cierta vitalidad oxidada. La observó abrocharse el brassier y cómo desaparecían sus costillas bajo la blusa escolar.

– Vístete que me tienes que ir a dejar – Dijo planchando con la mano la falda beige del uniforme.

– Te dejo cerca de tu casa, así nos da tiempo quedarnos otro rato.

    Pero ella, hizo caso omiso al ofrecimiento. Se encontraba casi por completo vestida, a excepción de una calceta que se esforzaba por encontrar. Fernando se levantó con pesadez. Entonces apareció la media enrollada entre las sábanas del mismo color merengue. Se sintió ridículo siendo el único que aún permanecía desnudo. Se vistió con lentitud mientras ella entraba al baño. La cama quedó sin tender. Afuera era la rutina pactada de siempre. El salía primero y tras encender el motor ella lo alcanzaba con rapidez cerrando el zaguán oscuro tras de sí. El trayecto en auto era por lo regular en silencio. Encendían la radio y en cada semáforo él le tocaba la rodilla mientras ella sonreía en señal de aprobación. La dejaba en un cruce próximo a la preparatoria a la que ella asistía. En el mismo sitio, donde la había recogido la primera vez que se vieron en persona. Bajó del auto rápidamente. Fernando seguía mudo, Rebeca intuía el porqué. Arrancó el auto y se perdió entre el tráfico de la hora pico. Ella cruzó la calle y en lugar de doblar en la calle acostumbrada, siguió de largo por dos cuadras más. Tragó un poco de saliva y entró a la farmacia.

“**”

    Esa mañana Andrea amaneció con ciertos dolores debajo y a un costado del ombligo. Fue a la escuela con una sensación extraña en el cuerpo, la mañana le parecía más calurosa de lo habitual. Las clases de Matemáticas y Geografía fueron largas y extenuantes. Fue hasta el tercer módulo, con el profesor de Civismo que se animó a pedir permiso de salir a los baños. Algo extraño pasaba en ella, pues de ser posible evitaba acudir a ellos, sobre todo sola y durante clases. Atravesó el patio. Los del segundo F ocupaban gran parte del espacio, se encontraban en Educación Física. En los baños un par de alumnas se acomodaban el cabello frente al espejo. Vieron como Andrea se metía en el último cubículo. Las escuchó parlotear un rato más antes de que se marcharan y ella quedara sola. Con vergüenza se bajó la falda temiendo haber tenido un accidente. Palideció y tuvo que apoyarse bien para no desvanecerse ante la impresión de ver su calzón cubierto de sanguaza. La ansiedad incrementó al percatarse que aquellos puntos habían atravesado la tela y manchado la falda. Todavía sentía las punzadas en su vientre como si un alacrán la pinchara por dentro. Permaneció largo tiempo allí, sentada en el retrete con los calzones entre las rodillas, que no se percató del sonido de la campana anunciando el receso. Afuera toda una jungla de adolescentes corría, se empujaba y depredaba sin reparar en la ausencia de Andrea.

    Fue Tania quien casi en la recta final de la hora, asomó sus narices por el baño en busca de su amiga. Andrea estuvo tentada a no contestar ante el llamado de su compinche, pero no deseaba permanecer en el último cubículo del baño pese a lo vergonzoso que le resultaba su condición. A pesar de sus esfuerzos de explicarle lo ocurrido a Tania, no hubo forma en que Andrea articulara un enunciado completo y coherente que revelara lo acontecido.

– ¿Qué pasa Andrea? Ya toca clases con la de Inglés.

– ¿No hay nadie afuera?

– No

    Y dicho esto, la chica corrió el pasador de la puerta metálica. –Entra y cierra rápido– Lo primero que vio Tania fueron los calzones enrojecidos de su amiga a mitad ya de sus muslos. Hubo poco que decir. Por suerte para Andrea, a su amiga le habían explicado en casa el hecho de menstruar. –Es normal, es algo que…– Se detuvo al reflexionar lo ridículo que sería dar una explicación en ese momento.

    Andrea lloraba más por la vergüenza que por los cólicos. El plan era simple. Regresar al salón,  sacar disimuladamente las toallas sanitarias de su mochila, junto con la sudadera de su amiga, para que ésta tapara las manchas de la falda. Ambas estuvieron de acuerdo. Y quizá el plan hubiese resultado exitoso si la profesora de Matemáticas no hubiese entrado a los sanitarios tan silenciosa como un roedor y observando dos pares de piececillos en el último cubículo, situación que de inmediato reportó a la directora, quien a su vez se dirigió al lugar junto con la testigo y la prefecta en un tono casi inquisidor.

“**”

– ¿Dónde estabas? ¡Te he dicho que te vengas directo de la escuela! – Le recriminó su madre al llegar a casa.

Rebeca guardó silencio.

– ¿¡Eh!? ¿¡En dónde estabas!? – Volvió a preguntar.

Respondió con el mismo silencio.

– Ponte a limpiar la cocina.

    La manera hostil en la que fue recibida le indicó que más valía andarse con cuidado y pasar desapercibida por el radar materno lo que restara de la tarde. Fue a la recámara a quitarse el uniforme. Allí encontró a su hermana tendida boca abajo sobre la cama sollozando. Ambas compartían habitación. Asoció el hecho al humor de su madre. Otra disputa en la que ella pagaba los platos rotos de Andrea. Se cambió en silencio. Casi a hurtadillas lavó los trastes, trapeó el piso y acomodó la despensa. Al mismo tiempo su madre pegaba gritos en el patio trasero. Miró por la ventana cómo colgaba el uniforme de su hermana en el tendedero.  En el cuarto, aún lloraba Andrea. Nunca fueron muy unidas. En realidad, la mayor parte del tiempo su presencia le era intolerable. Pero sentía pena por ella. Se recostó en su cama.

    Quiso enviarle un mensaje a Fernando, pero no logró encontrar su página en Facebook. Reinició el móvil pero el resultado era el mismo. Marcó su número, pero una grabación le indicaba que el número no se hallaba disponible o se encontraba fuera del área de servicio. Sintió urgencia por salir a buscarlo. Temía que éste se evaporase como un fantasma. En realidad lo que conocía de Fernando era aquello que éste le había dicho sobre sí mismo. Lo que en resumidas cuentas era nada. Le entraron ganas de llorar. Sacó el pequeño empaque de su mochila cuidando que Andrea no se percatase. Ella seguía hundida en un hondo llanto. Lo escondió entre las mangas de suéter y salió del cuarto.

    Los pasos eran sencillos pero el nerviosismo le impedía concentrarse.  Tuvo que volver a leer el instructivo nuevamente. Desenvolvió la varilla de la envoltura. Notó que su mano temblaba. Se sentó en el inodoro y orinó sobre el extremo absorbente de la varilla. Lo más difícil era la espera que seguía. Los minutos parecían tardar horas en morir con una agonía que Rebeca experimentaba en carne propia. Un par de gotas se estrellaron sobre su pierna. Tardó en comprender que lloraba. Notó que el cesto de basura se encontraba lleno de papeles ensangrentados. Su mente jugó con ella por un momento, como si se encontrara ahí, no por un retraso de dos meses.

“*”

    Las pastillas que tomaba Su hermana no parecían surtir el mismo efecto que en ella. El dolor seguía allí y por si no bastara sabía que su padre la reprendería al llegar a casa. El citatorio con el que había llegado tenía un carácter de urgente y lo citaba como su responsable a compadecer frente a la directora. “Actos indebidos dentro de la institución” decía en letras grandes y subrayadas en tinta roja. Sin duda esta había sido hasta ahora el peor día de su vida. El escándalo suscitado por la tarde le carcomía además la mente. El regreso a su salón escoltado por las tres brujas de Macbeth, ante la mirada y cuchicheo de los del segundo F. El interrogatorio de la directora a ella y Tania. Las amenazas de expulsión. Además era seguro que mañana ya todos sabrían de lo ocurrido. Le parecía una carga difícil de llevar por los dos años restantes.

– ¡Andrea! –Gritó su madre llamándola desde la sala.

    Se levantó en silencio. Escuchó los resortes de la cama crujir con el peso de su cuerpo. Deseaba estar en una tumba y no en la recámara. Le resultaba tan incómodo portar la toalla entre las piernas. Una sensación de la que sabía debía habituarse en adelante. No reparó en que su hermana ya no estaba en la habitación.

Su madre veía un tele-drama recostada en el sillón. –Junta toda la basura y la echas en el contenedor–

    Andrea sacó una bolsa negra de las gavetas y vacío en ella el cesto de la cocina. Se dirigió al baño para hacer lo mismo. No podía apartar de su mente lo que le esperaba al día siguiente en la escuela. También pensaba en Tania. Esperaba no haberla metido en problemas aunque sabía que su madre era más comprensiva. Temía perder su amistad. Quizá le habría mandado ya un mensaje: “Lo siento Andrea, no podemos seguir siendo amigas o todos pensarán que sí somos lesbianas” pero su teléfono estaba decomisado como castigo. Tendría que esperar hasta mañana para saberlo y eso la consumía todavía más. Empujó la puerta del baño. Se sorprendió al ver a Rebeca llorando con las pantaletas en las rodillas y sosteniendo en la mano un extraño objeto. La escena le resultó genuinamente familiar.

-¡Cierra la puta puerta! ¡Salte!

– ¿Qué pasa allí? Gritó su madre desde la sala.

Andrea se quedó inmóvil en el umbral de la puerta sosteniendo una bolsa oscura.

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PUTO/ Poema de Patricio Ruiz Ríos

ilustración por Sergio Castellanos, Sok.
ilustración por Sergio Castellanos, Sok.

Soy puto
re puto
muy puto
increíblemente puto
no lo lamentes
no soy rosado
ni celestino
ni amarillo hepático
soy puto
bien puto
séptimo hijo
devenido en perra
gaucha gila
soy matriarca de mi selva
soy hombre suave de ciudad
tengo pelo en las tetas
y una vagina enorme
para penetrarte entera
pandilla
sin guerra
no lo lamentes
soy color tierra
soy la más leal
de las promiscuas
soy el que mariconea en tu vereda
la nena de bigotes
con pollera
goleador de primera
soy puto
re puto
muy puto
increíblemente puto
una bestia
la leche
en el ojo
la paja
ajena
el cacareo que te despierta
PUTO

¿O no te das cuenta
que en el tren no hacen falta más caballeros
sino más asientos?

Prostituta y maestra
soy madre de tus hijos
soy reina de tetera
cuatro de copas
pete de onda
soy puto

no lo lamentes
soy tu hermano
tu heladera
tu hijo

pa
SOY PUTO

¿O no te das cuenta
que preguntando por alguna novia
ponés un arma en mi cabeza?

Soy puto
NO
LO
LAMENTES.

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PatricioPatricio Ruiz. Director, dramaturgo, actor y poeta argentino. Ha dirigido en Uruguay, Argentina y México, siendo Potencialmente Haydée y Ceremonia sin flores, sus dramaturgias y direcciones más significativas. Entre sus libros de poesía y cuentos están Tyndall de relatos breves y el poemario Algo que crece.

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