BDSM y Amor

Ilustración Alex Xavier Aceves Bernal

Ilustración Alex Xavier Aceves Bernal

Por Jvana

Nuestra relación, desde su sexto año, ha mejorado a gran velocidad comparada con los años anteriores a una constante y hermosa velocidad. Se llenó de experiencias hermosas relacionadas con el amor y, desde luego, con el sexo. Él y yo habíamos jugado a varias cosas, siempre nos han gustado los personajes, los disfraces, la teatralidad. Descubrimos dentro de esos juegos que nos agradaba muchísimo pretender, en diferentes tiempos, que cada uno era el señor en la vida del otro, ordenarle, complacer nuestros deseos y mirar al mismo tiempo cómo los suyos se completaban. Cada uno por separado, pero casi al mismo tiempo descubrimos gracias a internet nuestro hoy tan querido mundo del BSDM. 

     En realidad no nos era completamente ajeno, y en mi caso, era familiar el hecho de que algunas personas fueran discriminadas debido a sus hábitos sexuales o sus gustos, pues desde muy temprana edad me vi también envuelta en ello, principalmente, en forma de homofobia. Leía cosas acerca de personas que gustaban de restringir al otro del movimiento, del placer, de la vista, personas que gustaban de la sensación de opresión, quienes querían ser castigados, castigar a los demás, premiarlos por sus buenas acciones y ser mimados y consentidos por una figura poderosa e imponente. Aunque nunca lo juzgué como malo, tampoco le di la importancia que cobró cuando después de jugar con mi muy amado, me di cuenta de que, sin saberlo, habíamos entrado a una habitación de bellezas y placeres con todo lo anterior. Supe que había mitos acerca de la salud mental de quienes tenían estas prácticas, que incluso dentro de aquellos que no estuvieran en la supuesta mayoría cisgénero y heterosexual, eran discriminados. Mi compañero y yo hemos tenido la suerte de procurarnos siempre un ambiente de respeto absoluto y comunicación abierta, así que fue cuestión de unos días hablarle de mis encuentros con el bondage/shibari. Me llamó la atención que tuviese raíces en un arte marcial, que procurara la serenidad y la paz de quienes lo practican, que aunque hubiera una evidente relación entre un dominante y un sumiso, ambos eran iguales, y no solo sus cuerpos, sino sus mentes cambiaban en cada sesión. Él había leído ya al respecto, así que pronto accedió a mis requerimientos: con escasísimos recursos y muchísimo entusiasmo cuidó de mí y me procuró toda la felicidad que pudo darme durante mi primer auto-amarre, hecho con un listón de 2cm. de grosor. No era una cuerda, no era sencillo, pero al menos, lo había intentado. Sentimos que nuestra relación había avanzado como nunca. Nos dio mucha fuerza el hecho de dejar nuestra seguridad y tranquilidad absolutamente en manos de otro. El bondage, así como el D/s, implican riesgos que no son necesariamente aquellos que se le asocian de primera instancia, del tipo de las muertes accidentales por un juego mal llevado a cabo. Aunque existe en efecto un riesgo, con la preparación apropiada y después de mucho estudio, el mayor peligro incide sobre todo en la salud mental: sentirse más vulnerable y solo que nunca es muy posible si la pareja no tiene el cuidado de mostrar siempre afecto y ternura; es posible hacer sentir al otro como el peor de los seres si estando inmovilizado, no se le presta la atención debida y no se le proporciona todo el amor de que se es capaz. Como en cualquier actividad que se realice en pareja, la confianza y la comunicación son obligatorias. Es importante no tratar el tema con pena, y documentarse apropiadamente al respecto, ser críticos con la información obtenida (especialmente del internet), y no intentar abarcar cosas demasiado difíciles sin haber experimentado primero las más sencillas.

     Después el sexo nos llevó de nuevo por bellas sendas, y unos meses después, le llamé por primera vez Amo. Pocas veces me he sentido tan unida a el, y tan feliz. Me mimó y procuré complacerlo tanto como pude, desobedecí y me castigó, y fui siempre su hermosa y pequeña princesa. Eventualmente, el control pasó también a mis manos ya que él había olvidado castigarme. Fui entonces su Ama y él mi precioso y dulce príncipe. Mi tamaño es, al menos, la mitad del suyo y dominarlo fue una experiencia muy intensa, ya que se volvió mucho más evidente que no se trata de un poder físico, sino mental. En ocasiones nos apoyábamos de las modestas cuerdas y los juguetes que construí con mis, también modestos, conocimientos. Un pequeño látigo hecho con materiales de manualidades, por decir algo.

    A veces no asumimos ningún rol y simplemente jugamos con ellos y apreciamos el bienestar que las cuerdas nos dan, semejante a la D/s, pero mucho más sutil y delicada. Es importante señalar que no siempre jugamos a esto ni es una parte de nuestras vidas que tome el control de todas las demás. Esta práctica, de hecho, es tan simple como decir que uno prefiere tener sexo en una posición o en otra, no es una cuestión que se deba hacer obligatoriamente y depende de cuestiones variables como el ánimo. Si la pareja o uno mismo no está teniendo el mejor día, quizá, entrar en una dinámica D/s presente aun más dificultades de las que ya se tenían, y entonces el estado de ánimo en lugar de mejorar empeora, y todo aquí se trata de sentirse bien y felices, por separado y en la pareja. Las personas de fuera se extrañan de todo esto y consideran que el bondage, la D/s, y en general, el BDSM, se asocian con la violencia y el abuso. Para nosotros, ha sido la forma más completa y valiosa de demostrar amor, una forma que en nosotros ha tomado formas incluso cursis, embelesadas y preciosistas. No se trata de fuerza, de placeres ni de sensaciones, se trata de amor.

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