Mi cuerpa es femenina

fotografía por Sandra Toledano Kolteniuk

fotografía por Sandra Toledano Kolteniuk

Oscar Jauregui

Nada en mi cuerpa es masculino. Mi barba, mis bellos, son un plumaje de pájara loca que decora, alegre, la redonda superficie de mi gordura maricona. Mi cuerpa es femenina, es una oda carnal a los requiebres, a la suavidad, es una ola de grasa y piel que es coqueta, que es danzarina. Cuando me miro desnuda al espejo no contemplo más que a una Diosa, en mi contundencia cetácea soy Deméter belluda, soy Coatlicoe con pelos, soy Hator con las ubres repletas. Soy belluda porque soy bella, no velluda, porque no soy viril. Cuando me contemplo desnuda, en mi cuerpa nada es masculino, mi cuerpa no es el de un hombre. Me arrobo, asombrada, como quien mira un paisaje, y en el fértil bosque de mi feminidad no hay ningún sobresalto machuno, ninguna imperfección por la que se asome un girón de la pretendida dureza hombruna.

Y es que ni mis hombros anchos, ni mis caderas estrechas, ni mi pene ni mi voz son los de un hombre. En ese espejo que resplandece cuando mi cuerpa lo engalana, cundo mi cuerpa se sumerge en él y lo desborda, como hipopótama que se tira al estanque, cuando me embeleso con las esculturas adiposas de mi belluda feminidad, no hay ni rastro de un hombre, de ese hombre que dejé de buscar en estos ojos desde hace mucho, de ese hombre que nunca tuvo lugar en estas carnes morenas, generosas, mariconas.

Y es que soy una maravilla. Cuando bailo desnuda siento como si trajera en mi cabeza una corona de rosas, como si mis bellos fueron gardenias y tréboles que crecieran con alegría en los bastos montes de mis pechos, de mi vientre, de mis piernas y mis nalgas, plantitas que celebran, contoneándose, el placer de dar al mundo su feminidad. Y desnuda me vuelvo Diosa, Diosa que gira y hace gravitar a su al redor a muchas lunas, que arrastra con la fuerza volcánica de su núcleo a quienes se le atraviesan. Desnuda soy un huracán, una inevitable celebración maricona que arrasa con dolores y barricadas, que tras su paso deja en la playa una confusión de mariscos y bisutería.

Soy inabarcable, infinita, más antigua que el mundo. En mi desnudez belluda y gorda descifro el camino a mis poderes velados, a esa feminidad nutritiva y fértil que me estaba prohibida. Me acurruco en mi interior, a través de mis manos y de mi lengua, de mis ojos y de mis latidos voy entrando en mí, penetro en mi misma y descubro mi interior vibrante, volcánico y acogedor, descubro las semillas que dormitan en mi carne. Entre orgasmos y risas las hago florecer, empujo a la superficie de mi piel una cosecha sagrada. En mi cuerpa me encuentro y me sé Diosa.

12115504_1043517775679684_5804940353451092731_n-1Oscar Jauregui. (Ciudad de México, 1993). De formación historiadorx por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de corazón estuche de monerías. Estoy interesadx en investigar, en la práctica y la teoría, las corporalidades disidentes y las posibilidades de las relaciones afectivas. Ilustradxr de sueños y música tropical. Criatura marina de tiempo completo.

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